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TESIS SOBRE LA ARISTOCRACIA OBRERA

 

 

 

 

1.- Desde su mismo nacimiento como tal, la clase obrera está atravesada, al igual que el resto de clases sociales bajo el capitalismo, por divisiones establecidas en función de las diversas ramas económicas, categorías profesionales, zonas geográficas dentro de cada estado burgués y según país. A estas divisiones de base directamente económica se les añaden las causas por la diversidad cultural.

 

2.- El imperialismo,  fase superior del capitalismo, añadió una nueva división en el interior de las diversas clases obreras. Está división se basó en las superganancias que la explotación de los países coloniales y semicoloniales brindó a la burguesía imperialista. Estas superganancias facilitaron a la burguesía la posibilidad de pagar sueldos superiores a la media a determinados sectores de la clase obrera así como, también, dedicar parte de la plusvalía global extraída a la clase a mantener a una fracción de los miembros de las organizaciones obreras a costa del presupuesto público.  Además, las mayores remuneraciones del sector de la clase obrera mejor pagada le permitió a éste mantener organizaciones propias dotadas de una burocracia significativa.

 

3.- Desde la publicación de la obra de Lenin El imperialismo, fase superior del capitalismo, los marxistas hemos usado el término aristocracia obrera para referirnos a la capa minoritaria de la clase obrera pagada por encima de la media a costa de las superganancias del  propio imperialismo. Esta capa minoritaria de la fracción mejor pagada de la clase obrera se ha visto ampliada temporalmente a dimensiones considerables en determinados momentos de la evolución de su propio imperialismo. Al mismo tiempo también comenzamos a denominar con el término burocracia obrera a los miembros remunerados por las organizaciones obreras. Sobre la base de esta diferenciación económica y social (sueldos por encima de la media y modo de vida alejado del trabajo en el proceso productivo) se desarrolló en el seno de la clase obrera una capa social que añadía a la supeditación ideológica a la ideología dominante burguesa la asunción de un modus vivendi pequeño burgués y, por tanto, una mentalidad pequeño burguesa.

 

4.- Esta diferenciación económica, social y mental en el seno de la clase obrera reforzó la base social del oportunismo político.

 

5.- La primera revolución proletaria triunfante en 1917 en Rusia dejó al desnudo está realidad cuando los mencheviques, brazo político del oportunismo, se convirtieron en aliados militares de la burguesía contra la revolución proletaria y el poder obrero instaurado en Rusia. Está situación no hacía más que concretar la evolución del oportunismo obrero ya denunciada por Marx y Engels en su crítica a los congresos de Gotha y Erfurt de la socialdemocracia alemana.

 

6.- El aislamiento de la revolución y poder obreros en Rusia gracias al fracaso de la revolución alemana, debido a la traición de la socialdemocracia y del estalinismo, abortó el proceso de revolución permanente abierto por la revolución rusa de 1917. A consecuencia de ello, la burocracia estatal del primer estado obrero se desarrolló bajo el régimen bonapartista de Stalin hasta el punto de convertirse sus miembros en agentes directos del imperialismo en el seno de dicho estado. Esta burocracia, apoyándose en las divisiones internas de la clase fruto de las dificultades del periodo de transición socialista en un país atrasado y aislado, propició la constitución de una aristocracia soviética en el seno de la clase obrera rusa.

 

7.- La aristocracia obrera, sin embargo, no escapa al movimiento dialéctico de la sociedad y concreta como realidad social su propia afirmación y negación. Lenin ya demostró en ¿Qué hacer? el carácter espontáneamente 'economicista' de la clase obrera en su conjunto. La vanguardia revolucionaria de la clase obrera se separa, en determinada medida, del resto de la clase en cuanto que adquiere un nivel de conciencia política superior. Por otra parte, como bajo el  régimen burgués es la burguesía la clase social que contiene elementos que pueden vivir dedicados exclusivamente al trabajo intelectual (es decir, ‘liberados’ de la necesidad de ganarse la vida), desde las filas de la burguesía y de la pequeña burguesía se desgajan individuos que aportan la posibilidad del desarrollo de la teoría revolucionaria. Marx, Engels, Lenín, Trotsky,  numerosos revolucionarios dirigentes de la revolución proletaria triunfante en Rusia, revolucionarios dirigentes en España, Francia, Alemania etc.,  dieron vida a esta realidad.  Mientras que desde el seno de la misma clase obrera se desarrollaba una capa social aburguesada con mentalidad pequeño burguesa, desde el seno de la burguesía y de la pequeña burguesía se desgajaban elementos desclasados que pasaban a formar parte de las filas revolucionarias proletarias.

 

8.- El desarrollo del imperialismo desde la posguerra de la segunda guerra mundial imperialista ha supuesto una acumulación de sus rasgos parasitarios concretados en la economía de armamentos, el aumento de los gastos en mantenimiento del orden (policías, guardias de seguridad...), la profundización de las tendencias a la financiarización del capital (concretadas en la enorme masa de capital ficticio existente en la actualidad), los gastos añadidos necesarios para la realización del valor (publicidad, corrupción...). El reparto de los mercados, tanto de capitales como de mercancías, se encuentra en un callejón sin salida. Por otra parte esta exacerbación de los rasgos del imperialismo ha ejercido tal presión sobre su agente directo en el estado obrero degenerado soviético que ha motivado el 'suicidio' social de la burocracia termidoriana estalinista como tal y ha abierto el proceso de conversión de parte de ella en burguesía compradora.

Estos desarrollos han resultado en la desaparición de la burocracia soviética y en la disolución de la aristocracia obrera soviética. Con ello  el estalinismo ha perdido su papel específico dentro del oportunismo político y debe, ahora, enfrentar un proceso de reconversión política (concretado, por el momento,  en un centrismo de derechas que expresa de forma ejemplar el movimiento de los Foros Sociales).

 

9.- Con su exportación de capitales y la implantación de procesos productivos y de extracción de materias primas en los países dominados, el imperialismo creó a partir de los años 30 una  minoritaria aristocracia obrera nativa en estos países. La fuerza numérica de esta aristocracia es débil pero su influencia política fuerte en cada uno de los países. Esta burocracia obrera nativa ha sido la base social sobre la que los diversos estados dominados dirigidos por burguesías 'nacionalistas' han podido construir organizaciones sindicales y, también, políticas cuyos estratos dirigentes han estado, y están, totalmente integrados en las estructuras estatales y, por tanto, se han convertido en dependientes, hasta el extremo, de sus propias burguesías. A través de esta dependencia se ha producido en dichos estratos dirigentes sindicales una relación de dependencia del imperialismo en la misma medida en que sus propias burguesías nacionales lo son de él.

 

10.- En los países imperialistas la aristocracia obrera se ha visto sometida a un proceso de reconversión social producto de las conquistas obreras en los terrenos de la educación y cualificación profesional. Buena parte de los antiguos obreros cualificados a través de la experiencia laboral han sido reemplazados por 'técnicos' cualificados a través de las enseñanzas universitaria y profesional. De este modo el aburguesamiento de la aristocracia obrera, señalado por Lenin en 1920,  se ha profundizado hasta el punto de haberse convertido buena parte de ella en directamente clases medias. Este movimiento ha confluido con la tendencia a la proletarización de las clases medias. Este fenómeno ha supuesto la consolidación de una capa de asalariados aburguesados, denominada vulgarmente ‘de cuello blanco’, fuertemente impregnada por una mentalidad pequeño burguesa producto directo de su remuneración relativa y forma de vida.  Este proceso se ve reflejado en las organizaciones obrero-burguesas, en concreto en la socialdemocracia, en la pérdida del referente obrero de las mismas y en una composición social de la afiliación mayoritariamente de clases medias.

 

11.- Ni la existencia de una capa minoritaria de aristocracia obrera en los países imperialistas ni, tampoco, la existencia de una capa, aún más minoritaria, de aristocracia obrera nativa en los países semicoloniales y dominados desdibujan la estructura de clases sociales en ambos. La lucha de clases continúa estando presente, y exacerbándose, tanto en el interior de los países imperialistas como en el de los semicoloniales y dominados. Todo intento de presentar las movilizaciones de los proletarios y campesinos pobres, de los países semicoloniales y dominados, como un enfrentamiento entre la revolución y la contrarrevolución siendo encarnada ésta en parte por los proletariados de los países imperialistas no es más que un plegamiento político a las burguesías nacionales de estos países y, por tanto, a las burguesías imperialistas.

 

12.- El desarrollo de la lucha de clases hasta la fecha demuestra que ésta es mundial y que, por  tanto, todos los procesos, 'nacionales' o 'sectoriales', de aquella forman una unidad mundial. La degeneración del estado obrero ruso tras la derrota del proletariado alemán fue una trágica pero incuestionable demostración de esta ley general de la historia de la humanidad.

 

13.- Europa es la cuna del modo de producción capitalista, del imperialismo y de la lucha de clases entre burgueses y proletarios. Pero los antagonismo entre los imperialismo europeos, que éstos tratan de desarrollar hasta su solución en el interior de la Unión Europea a fin de superar su creciente debilidad ante la acrecentada pujanza económica y militar  del imperialismo estadounidense, convierten a este último en el pilar fundamental del imperialismo mundial. En última instancia, pues, la suerte de la humanidad se decidirá en los Estados Unidos en función de que o bien el proletariado estadounidense sea o no capaz de abatir al propio imperialismo y tomar, así, el poder o bien el imperialismo estadounidense sea capaz de sobrevivir.

 

14.- Las leyes de la historia, las contradicciones mortales del capitalismo, son más fuertes que las necesidades políticas inmediatas de las burguesías imperialistas en mantener a una capa minoritaria de aristocracia obrera. Estas leyes pondrán al grueso de esta aristocracia obrera al servicio de la revolución si quiere defender su posición socioeconómica en conjunto pues ello le obliga a defender las conquistas obreras en general. En el momento actual del desenvolvimiento del imperialismo de sus tendencias parasitarias, concretadas en la exacerbación de la tendencia a la destrucción del componente más importante de las fuerzas productivas que es el trabajo vivo, aquellas contradicciones se plasman en ataques generalizados a los propios proletariados. Estos ataques tienen un frente específico en la progresiva disolución de las segmentos de la clase obrera que supuran la capa minoritaria de aristocracia obrera.

 

15.- La burocracia obrera supurada por la aristocracia obrera se ha convertido, y se convertirá, en enemiga militar de la revolución en todos los procesos revolucionarios desencadenados hasta la fecha. La aristocracia obrera, sin embargo, no ha sido base militar de la burguesía sino sólo base social de la influencia de ésta en el seno del movimiento obrero.

 

16.- La posición de los revolucionarios ante la burocracia obrera contrarrevolucionaria y la aristocracia obrera, tanto en su vertiente ‘imperialista’ como en la ‘nativa’, debe guiarse por los principios de:

 

16.1.- Lucha política encarnizada contra la burocracia supurada por la aristocracia.

 

16.2.- Previsión de futuro enfrentamiento militar contra esta burocracia.

 

16.3.- Trabajo político práctico incesante sobre la aristocracia en las organizaciones obrero-burguesas (lo que requiere adecuadas tácticas de frente único de cara a las organizaciones oportunistas y centristas).

 

16.4.- El eje de todo este trabajo no puede ser más que hacer girar una paciente y continua intervención en el seno de los sindicatos, tanto en los países imperialistas como en los semicoloniales,  sobre el objetivo político de la necesidad de la independencia sindical del estado burgués y de las organizaciones patronales.

 

16.5.- Sólo la conquista de la dirección de los sindicatos por los partidos revolucionarios será capaz de lograr y asegurar esta independencia sindical del estado burgués y de las organizaciones patronales.

 

16.6.- Cualquier intento de construir o mantener pequeños sindicatos ‘revolucionarios’ significa en realidad la renuncia al combate por la dirección de la clase obrera. El autoaislamiento fuera de los sindicatos de masas equivale, por tanto, a la traición a la revolución. Por otra parte, el fetichismo sindical también es una forma de autoaislamiento de las masas, lo que exige de los revolucionarios una decidida actitud para aprovechar los momentos de exacerbación de la lucha de clases, y la consiguiente entrada en el movimiento de la mayoría de la clase obrera,  para incentivar y consolidar las organizaciones autónomas de combate generadas por la necesidad de autoorganización de esta mayoría de la clase obrera.

      

20 de marzo de 2004

 

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