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Germinal 3ª época, Volumen III, Tomo I
(enero- marzo 2005)
EL
REFERENDUM
DESTINADO
A PERPETUAR LA EUROPA DE LA EXPLOTACION Y LA OPRESION
Los jefes de Estado y ministros de
exterior firmaron en Roma, el pasado 29 de octubre, el Tratado de Constitución
para Europa. Representaban a 25 estados que tendrán que ‘ratificar’ este
Tratado. Las Cortes del Reino de España
aprobaron permitir al presidente del gobierno la firma del Tratado, el
Tribunal Constitucional dictaminó también que no había nada que objetar a tal
firma y que, para ello, no era necesario ningún cambio en la Constitución del
Reino de España.
El 14 de noviembre, en unas
jornadas del PSOE sobre la Constitución para Europa, Zapatero declaraba. “Todos
los partidos estuvimos juntos a favor de la Constitución de 1978 y ahora vamos
a estar juntos en la Constitución
europea; es el mejor reconocimiento al triunfo de la democracia en España”.
En las mismas jornadas Zapatero agradeció al PP su pronunciamiento a favor del
sí a la Constitución para Europa. El 26
de noviembre se realizaba en Madrid un encuentro de líderes socialistas del
Partido Socialista Europeo, todos se pronunciaban por apoyar la ‘Constitución
europea’; Zapatero se dirigía a sus colegas con estas palabras: “Los
socialistas tienen que ser la voz más poderosa en defensa de la Constitución
Europea.” A principios de enero la dirección del PSOE prohibía realizar
críticas al PP en la campaña del referéndum europeo. Los principales
partidos representantes de la
burguesía española, el uno directamente y el otro indirectamente, conformaban
un frente unido en defensa del mantenimiento y perpetuación de la dominación de
la burguesía y de los imperialismos europeos; en la defensa de votar sí en el
referéndum del pasado día 20 de febrero. A este frente se unieron CiU, PNV y
Coalición Canaria. Por su parte, CCOO y UGT también se unieron al frente del sí
al Tratado de Constitución para Europa.
IU se pronunció por votar no en el referéndum, no
sin dejar claro que “los sectores de la derecha que piden el no son
irrelevantes” y que “la izquierda tiene que plantarse” porque “se habla 78
veces de la necesidad de la competitividad del mercado, 28 de la estabilidad de
precios y se cuentan con los dedos de una mano los aspectos sociales.” , según
palabras de Llamazares. Por su parte, Esquerra Republicana de Catalunya también
se pronunciaba por participar en el referéndum y llamaba a votar no porque, en
boca de su Secretario General Joan Puig, “No existe Europa, no hay voluntad
unificada de los Estados. Nosotros queremos más Europa y para eso hay que dar
un toque de atención.”
Los mensajes del PSOE para
participar y votar sí en el referéndum se resumían en su eslogan: “Se trata de
Europa”; los de IU y acólitos en “otra Europa es posible”.
¿De qué Europa se trata?
Con razón Zapatero podía afirmar
el 11 de febrero en Barcelona, acompañado por el líder burgués francés Chirac,
que el acto al que estaban convocados los simpatizantes del PSOE era “un acto
que no es de partido, porque la decisión que tenemos que tomar no es una
decisión de partido sino de país”. Pero en este ‘país’ están incluidos los
explotados y los explotadores, la burguesía. Y la Constitución se hace para
perpetuar la dominación de ésta, para asegurar el mantenimiento de la
explotación.
Cándido Méndez, Secretario General
de UGT, defendía el sí a la Constitución, entre otras cosas, porque “define el
modelo económico como economía social de mercado”, ya hemos visto que, para ser
más exactos, la Constitución continúa aclarando ‘altamente competitiva’,
cuestión que Méndez olvidaba citar. Otro argumento que usó fue que “se está
mejorando nuestra correlación como trabajadores y sindicatos frente a la estrategia
de las multinacionales” pasando a recalcar que existen 640 comités de empresa
europeos, sólo con facultades de información y consulta, para responderse a sí
mismo a su misma pregunta: “¿Significa eso que de la noche a la mañana vaya a
existir un convenio europeo en una empresa? No, pero
es la base necesaria para poder plantearlo”. De la noche a la mañana no será posible lo que
desearía Cándido pero en octubre pasado ya fue posible la creación de empresas
bajo el paraguas legal de Sociedad Europea, empresas que tendrán garantizada
por la normativa europea, aprobada el pasado 8 de octubre, la división de sus trabajadores estado por
estado y la posibilidad de cambiar sus sede social de estado a estado sin
cortapisas y unificar su gestión y publicación de información financiera
acabando con la división en filiales por países si así le interesa al gran
capital.
Otra
Europa es posible, sí..
pero
¿cuál y cómo?
Los partidarios de participar en el
referéndum votando no a este Tratado, porque ‘otra Europa es posible’,
desarrollaron una campaña de bajo perfil con el obvio objetivo de no aumentar
la abrumadora abstención de las últimas elecciones europeas y porque están
apresados en su apoyo a esta Europa; a la Europa del gran capital y de
los imperialismos. Por eso debían acabar excusándose, por su llamamiento a
votar no, con palabras como las citadas más arriba: “hay que dar un toque de
atención”, “la izquierda debe plantarse”. Y ello porque sus propuestas
políticas se enmarcan dentro del respeto a la ‘construcción europea’ bajo la
batuta de la clase social que llevó y lleva la destrucción al continente, bajo
la dominación de la burguesía. Gaspar Llamazares lo dejó muy claro cuando
afirmó el 10 de febrero que no pretendía “una Constitución a la carta de la
izquierda” sino avivar un debate “en lo que es la identidad europea”.
Bajo el dictado del capitalismo,
la Europa que se avecina es la Europa de las guerras fraticidas en los
Balcanes, de las intervenciones imperialistas en la misma Europa (Yugoslavia) o
en el resto del mundo (Irak, Haití, Costa de Marfil..), de las fronteras
nacionales que encarcelan a trabajadores y naciones oprimidas, de la
destrucción de puestos de trabajo, de la ruina para los pequeños agricultores y
el engrandecimiento de los terratenientes y grandes empresas agrarias, del
aumento de la explotación en aras de defender la ‘competitividad’, de la
pérdida de conquistas sociales gracias a la prosecución de la destrucción de la
sanidad y educación públicas y gratuitas; del avance del oscurantismo religioso
so capa del respeto a la ‘diversidad’. Porque todos los ‘avances’ que se han
realizado en la ‘construcción europea’ lo han sido hacia la protección del
mercado (tanto interior como exterior), hacia el aumento del grado de
explotación de la clase obrera asegurando la bajada de los salarios tanto los
directos como los ‘diferidos’ (sanidad y jubilaciones); porque los ‘avances’
para asegurar la paz lo han sido o bien para plegarse a la paz militar de EEUU
o bien para imponer la ‘paz’ de las armas, de los bombardeos y la ocupación
imperialista. Puede que Zapatero tuviera un lapsus cuando afirmó, el 15 de
febrero, que el Tratado para la Constitución europea es “el camino más sólido
que ha conocido la historia hacia el ideal de la paz perpetua”, la paz perpetua
tiene en castellano connotaciones de cementerio. Y es que no puede ser de otra
forma pues lo único que unifica a las diversas burguesías europeas son los
ataques contra la clase obrera y la pequeña burguesía (especialmente los
pequeños agricultores) y las componendas para mantener sus precarias posiciones
imperialistas. Si ‘otra Europa es posible’ tendrá que ser rompiendo la
dominación de la clase burguesa, dominación que se ejerce política, policial y
militarmente a través de los estados actuales y que éstos coordinan a nivel
europeo en la Comisión Europea, y que ésta impone al supuesto ‘Parlamento
Europeo’.
¿Cómo la España de la explotación capitalista?
Por más interés que los dos partidos del ‘frente
constitucionalista’ (PSOE y PP), más el de los partidos burgueses nacionalistas
catalanes, vascos y canarios, le pusieron a la campaña a favor de votar sí al
Tratado para la Constitución europea la abstención fue histórica. Más de veinte millones de los posibles
votantes no acudieron a las urnas. La votación del referéndum arrojó la más
alta abstención de toda la historia de las elecciones realizadas en el marco de
la Constitución monárquica de 1978. Y ello comparando con las elecciones
generales, con los diversos referéndum (de 1976, sobre el proyecto de reforma
política; de 1978, Constitución monárquica; 1979, sobre estatutos de autonomía
de Catalunya y País Vasco; y el de 1986, sobre continuidad en la OTAN) e,
incluso, con las diversas convocatorias electorales europeas (en el referéndum
la abstención alcanzó el 57,6% frente al 54,8%, por ejemplo, de las últimas
elecciones europeas). Se le han dado muchas interpretaciones que todas,
básicamente, acaban con la conclusión de que en las elecciones europeas la
abstención es alta porque eso es lo que ocurre en la media europea, conclusión
que trata de alejar la interpretación política suplantándola por una especie de
interpretación híbrida entre ‘lo cultural’ (¡moderno, como no, por europeo!) y
pedagógico (las masas españolas necesitarían más práctica o didáctica de la
importancia de lo europeo, bueno, sí... también las francesas, alemanas, etc.).
La conclusión política, sin embargo, es tan evidente que ni toneladas de
sesudos análisis de ‘expertos’ pueden obviarla: esta construcción de Europa, la
de los estados y los imperialismos conchabados bajo la manta de la UE, se hace
a espaldas de los electores y, por tanto, contra la democracia; resultado:
abstención... por ahora.
El no y la abstención fueron superiores a la media
en Catalunya (no: 28%; abstención: 59%) y País Vasco (no 33,6%; abstención
61%). También en Navarra y Madrid, aunque en menor medida. La prensa trata de
consolar a las elites burguesas con la justificación de que en estas dos
‘comunidades’ los partidos que propugnaban el no tienen más implantación que en
el resto de España; evidente. Pero en España, tomada en su conjunto, resulta
que el resultado del sí no se correlaciona con el resultado, en las anteriores
elecciones, de los partidos que apoyan esta opción. Un ejemplo: el PP y el PSOE
lograron el 84,6% de los votos en las pasadas elecciones europeas frente
al 76,6% logrado por el sí en este referéndum europeo; el dato cobra mayor
significación si se tiene en cuenta que el sí también ha sido apoyado por el
PNV, CiU y CC, y, por otra parte, no pierde significación sino que, por el
contrario, gana más si se tiene en cuenta que en algunos distritos electorales
que son feudos tradicionales del PP (y no de IU) el no alcanzó un resultado por
encima de la media. ¿Qué los dirigentes del PP, partido que representa directamente
a la burguesía española, han lanzado un mensaje contradictorio que se ha
traducido en que algunos de sus votantes hayan optado por el no para ‘castigar
a Zapatero? Esto sólo demuestra la poca credibilidad que la burguesía le da a
la ‘construcción europea’ sobre la base de la democracia: sabe de sobras que
esta construcción se basa en la imposición y que, sea cual sea el resultado de
los referéndum, si no se impone la ‘construcción europea’ sobre la base de los
estados capitalistas, de la explotación del hombre por el hombre y de la rapiña
imperialista lo que se terciara imponer será la destrucción europea como en otras
ocasiones ya se ha hecho.
RESULTADO REFERÉNDUM
SOBRE EL TRATADO PARA UNA CONSTITUCIÓN PARA EUROPA (20
febrero 2005)
|
CENSO 34.687.888 |
VOTOS SÍ |
VOTOS NO |
VOTOS EN BLANCO |
ABSTENCIÓN 20.737.796 |
|
Votos emitidos (13.949.092) |
10.694.381 |
2.412.151 |
842.560 |
|
|
Porcentaje sobre total votantes |
76,6% |
17,2% |
6% |
|
|
Porcentaje sobre censo |
30% |
6,9% |
2,4% |
57,6% |
Tanto el PP como el PSOE se autofelicitaron
por el triunfo del sí. El PP, en la oposición, tachó el resultado como
decepcionante por la abstención achacándola al PSOE y asegurando que, con Rajoy
en el Gobierno, la participación hubiera sido mucho mayor. La dirección del
PSOE hizo de tripas corazón y presentó buena cara a un exiguo 30% del censo en
apoyo al sí al Tratado: sólo 3 de cada diez españoles en edad de votar apoyan
el Tratado firmado, ya antes de la votación, por Zapatero. Si éste había
comparado la votación del día 20 con la del 6 de diciembre de 1978, no se
explica como puede ratificar la firma del Tratado y seguir reivindicándose
demócrata: aquel referéndum tuvo una abstención del 33% frente a al abrumador
57,6% de este.
Los representantes de los
imperialismos más importantes de la UE no tardaron, el mismo día 21, en
felicitar a España por tan ‘masivo’ sí. Schröder señaló que este resultado era
“un buen ejemplo” llegando a afirmar que “España se ha pronunciado de forma
inequívoca por una Europa moderna, pacífica y social”; parece que el
socialdemócrata Schröder o no sabe hacer bien las cuentas o cree que los
trabajadores alemanes no las saben hacer. ¿‘España’ sólo son 3 de cada 10
‘ciudadanos’? Por su parte, Chirac, de tan atrevido que fue, rozó la
imprudencia cuando señaló el resultado como “un símbolo fuerte” que “muestra el
camino a los otros países de la UE”. Este compendio de cuentas mal hechas,
distorsiones, mixtificaciones y mentiras lo resumió muy bien el
ministro español de Exteriores,
Moratinos, afirmando. “las ciudadanas y los ciudadanos españoles han dado un sí
rotundo a Europa y a la Constitución europea, un sí, rotundo a los
valores europeos, a la Europa del siglo XXI”. ¿Desde cuando la rotundidad en
una votación es que una ciudadana y media de cada diez posibles votantes voten
a favor, o, visto de otra manera y siguiendo a Moratinos, que un ciudadano y
medio de cada diez posibles votantes voten a favor?
Las reivindicaciones del
sí y las de no:
expresión de la
reacción
Gaspar Llamazares reivindicó para
IU el día 20 el resultado del no de la siguiente forma: “nosotros somos los
responsables de la gestión del no, que en España es todo progresista, de
izquierdas y europeísta crítico. Nadie puede reclamar el no más allá de quienes
lo hemos propuesto”. Esta afirmación se compadece mal con el análisis del
resultado electoral, es evidente que parte de la ‘derecha’, de los ‘no
progresistas’ pusieron su granito de arena
en el porcentaje del no; Llamazares consigue, de nuevo como en
otras ocasiones, alzarse por encima del cotidiano quehacer político reformista
en el marco de la Constitución monárquica para alcanzar las cumbres de la
utopía... reaccionaria.
Por su parte, Carod, por ERC,
afirmaba el mismo día cosas como que el no en Catalunya era la expresión
de una “disconformidad con la Europa de los Estados que ignora Cataluña” y
analizaba el 28% de votos negativos en Catalunya como un “avance” de la
“izquierda nacional” y achacaba el flojo resultado del sí a un
“retroceso” de los “partidos tradicionales”. De nuevo estamos ante un cielo de
utopía reaccionaria (única explicación al concepto ‘izquierda nacional’ ya que
estos señores olvidan que para llenar de algún contenido el término ‘izquierda’
éste debe ser el internacionalismo) y, además, ante alguna incongruencia
cognitiva ya que, que se sepa, CiU, por ejemplo, es un partido con mucha menos
‘tradición’ que la propia ERC a la que él representa.
Imaz, presidente del PNV, trataba
de hacer valer el esfuerzo realizado por este partido tradicional, este sí, de
la burguesía vasca en aras del triunfo del sí. Aprovechaba para hacer pasar agua por su molino y señalaba que el
alto porcentaje del no en el País Vasco exigía a la Unión Europea un
esfuerzo para “acercarse a las realidades naturales que están por debajo de los
Estados”. Ciertamente es difícil calibrar
qué realidad natural está
por debajo de un Estado que es una realidad política. A la espera de que
Jon Imaz explique mejor esta cuestión, tenemos derecho a pensar que él se refiere
al País Vasco (bajo su responsabilidad queda el que esta realidad esté ‘por
debajo’ del Estado). Pero al definir al País Vasco como una ‘realidad natural’
deja muy claro su concepto de nación, logrando superar a sus reaccionarios
antecesores etnicistas y situándose en primera fila de la reacción medieval.
Lo que destaca en la
reivindicación del sí por parte del PSOE y del PP es su intento de
‘normalizar’ la abstención (recurso al que, al fin de cuentas, han tenido que
llegar también los dirigentes del PP). Ello era necesario para barnizar de
democracia el valor del sí y, por tanto, la antidemocrática
‘construcción europea’. Aceptemos esta línea de razonamiento ya que, al fin y
al cabo, el país con mayor índice de abstención en los procesos electorales es
el paradigma burgués de la democracia: los EEUU.
Pero este mismo tipo de
justificaciones y mistificaciones no hace más que dejar aún más claro qué
significa el imperialismo en el plano político: el triunfo de la reacción en
toda la línea.
Sí, es
preciso construir ‘otra Europa’
pero ello
sólo es posible a través del socialismo, a través de la expropiación del
capital
Nos serán ni los partidos ‘socialistas’ o
socialdemócratas ni los partidos provenientes del estalinismo quienes
asegurarán a la clase obrera y a la juventud la construcción de la Europa de la
paz y la prosperidad pues llevan ya muchos años colaborando en la
‘construcción’ de la Europa de la explotación y la opresión. Para enfrentar la
tarea de unificar Europa, los trabajadores y la juventud cuentan ya con las
organizaciones políticas y sindicales que hace tiempo construyeron pero que
están dirigidas por agentes de la burguesía, que realizan políticas
proburguesas; sería suficiente con que estas organizaciones articularan un
Frente Único Obrero europeo contra la burguesía para reanudar el camino
emprendido por la revolución proletaria de 1917, único camino que llevaba
realmente hacia la unificación europea; este Frente sí que abriría esperanzas
en la clase obrera y provocaría una participación masiva en la lucha por una
Europa Unificada.
Ante la constante negación a
dirigir la lucha contra el capital y la explotación, contra la rapiña
imperialista, por parte de estas organizaciones, cada día que pasa se le hace más
perentorio a la clase obrera y la juventud europeas la construcción de nuevas
organizaciones, limpias de la corrupción burguesa, realmente internacionalistas
y volcadas por completo en la lucha por acabar con la opresión y la explotación
porque, mientras el poder del Estado siga en manos de los representantes de la
burguesía, mientras los medios de producción y de distribución sigan siendo
monopolio de unos pocos, será imposible construir una Europa unificada y libre
de la explotación y opresión, tanto de sus propios ‘ciudadanos’ como de los
países semicolonizados.
11 de
marzo de 2005