Germinal 3ª época,
Volumen III, Tomo I
(enero-
marzo 2005)
VENEZUELA:
¿’REVOLUCIÓN BOLIVARIANA’
O GESTIÓN BONAPARTISTA DE LA CRISIS SOCIAL?
El
fenómeno Chávez hunde sus raíces en la crisis del 'caracazo' de 1989
El 27 de febrero de 1989, bajo el
gobierno de Carlos Andrés Pérez de AD[1],
en aquél momento presidente de la Segunda Internacional, el anuncio de un
paquete de medidas que contemplaban la liberación de las tasas de interés,
privatización de las empresas del Estado, aumento de las tarifas de los
servicios, el gasoil y el transporte popular, provocó una revuelta espontánea
de multitudes hambrientas, que duró cuatro días y dominó Caracas y algunas de
las más importantes ciudades del país. Las masas saquearon y destruyeron todo a
su paso. El gobierno de CAP suspendió las garantías constitucionales,
estableció el estado de sitio y encargó al ejército el aplastamiento del motín
de hambre. Tras la sangrienta represión (nunca se supo con seguridad pero
diversos organismos calcularon unos tres mil muertos) todas las instituciones
estatales y paraestatales del país, incluidos los partidos, las centrales
sindicales y la Iglesia católica, entraron en una crisis de la que no se han
recuperado.
En medio de movilizaciones obreras
y populares crecientes, del deterioro imparable de las condiciones de vida de
la mayor parte de la población, Chávez, a la cabeza de un grupo de jóvenes
oficiales, protagonizó en febrero de 1992 un golpe militar nacionalista.
Fracasó y fue encarcelado, pero su prestigio empezó a extenderse entre las
capas más desfavorecidas porque se presentaba como el azote y futuro liquidador
del viejo orden corrupto y degradado hasta la médula de los huesos.
Finalmente, en mayo de 1993, la
burguesía decide canalizar la crisis política, que viene acompañada de la caída
sostenida de los ingresos petroleros, el peso insufrible de la deuda externa,
la fuga de divisas y el rechazo generalizado al gobierno, con el juicio
político (el primero en la historia moderna de Venezuela a un presidente en
ejercicio) y posterior encarcelamiento de Carlos Andrés Pérez, acusado de
corrupción. En 1994, y en un intento de cerrar la crisis, asume la presidencia
Rafael Caldera, veterano dirigente de la burguesía, quien se
"autoexcluyó" de su tradicional partido, el desprestigiado COPEI
(social-cristiano), y con su propio agrupamiento, ganó las elecciones apoyado por los ex guerrilleros ex
estalinistas del MAS y el PCV. Caldera, que no había condenado el intento de
golpe, indultó a Chávez -ganando con ello algo de popularidad- y se puso a lo
suyo: gobernar como siempre un país que se hundía en la inflación, la crisis
bancaria, la deuda y la miseria creciente.
Al dictado del FMI, Caldera
organiza en 1996 la 'Agenda Venezuela', un paquete de medidas económicas que
incluía la eliminación de los controles sobre los precios y la liberalización
del mercado cambiario, junto con el aumento de los ingresos y el recorte de
gastos del Estado, con el fin de reducir el déficit fiscal. Y sobre todo, contemplaba la privatización
acelerada de las empresas todavía públicas. Así, inicia la "apertura
petrolera", con la participación de las compañías Conoco, Total, Texaco,
Shell y Mobil, entre otras, en la explotación del crudo y el carbón. La
compañía telefónica, y la línea aérea Aeropostal Venezolana son privatizadas y
vendidas a precio de saldo.
Los efectos de la 'Agenda
Venezuela' fueron inmediatos: El paro aumentó, la inflación sobrepasó el 100%,
el precio de la electricidad subió un 70 % en seis meses, el de la gasolina se
multiplicó por 5. El hambre campeó sobre la inmensa mayoría de la población:
los propios datos del Estado reportaron un descenso del 40 % del consumo de
alimentos...
El 'huracán Chávez', con su
victoria del 56,2 % de los votos en las elecciones presidenciales, el mayor
porcentaje alcanzado por un candidato democrático en Venezuela, es el producto
directo de estos diez años de pauperización generalizada de la clase obrera, el
campesinado y las clases medias urbanas, de la crisis política y desprestigio
sin retorno de los dos viejos partidos burgueses (AD y COPEI)[2],
de la fractura de las Fuerzas Armadas ante todo ello. Se acabó la vieja Venezuela 'saudita', clientelista, que se
alimentada con las fabulosas rentas de un mercado de petróleo con altos
precios. Y con ella se agotó el régimen del “Pacto de Punto Fijo”[3],
el sistema político de dominación burguesa que contó con el apuntalamiento fiel
del PCV, su hijo putativo, el MAS[4],
y con la estrechísima colaboración de la burocracia sindical 'adeca' de la CTV.
En ausencia de un partido que organice a la clase obrera, la dote de una
política independiente de la de la burguesía
y la postule para el poder, la rabia social, siempre al borde del
estallido, se entusiasma ante el discurso de tinte antiimperialista de Chávez,
que prometía arrasar con toda la casta de políticos corruptos, el no pago de la
deuda externa, la revisión de las privatizaciones, la protección y desarrollo
de la industria nacional, la creación de empleos y aumentos salariales, el
reparto de tierras. (Y no olvidemos que el MAS y el PCV dieron su aval 'de
izquierdas' a Chávez[5]
hasta el punto de formar parte de la coalición “Polo Patriótico”, con la que
ganó estas elecciones de 1998).
Chávez es un gerente muy
desagradable para la burguesía venezolana. Es mestizo. Poco fino, inculto,
militar. Habla una y otra vez de comerse vivo al imperialismo, de grandes
proyectos para cambiar el destino de la población más miserable. Su vocación bonapartista -gracias a la cual
el Estado burgués venezolano está reorganizándose tras la zozobra de los '90-
entierra los viejos mecanismos de dirección y control del aparato del Estado:
la casta política caduca se vuelve innecesaria y pierde sus privilegios
personales y económicos, tras décadas de estar amorrada a la renta petrolera.
La nueva casta de políticos y gestores de carácter castrense que la sustituye
ha de 'maniobrar con el proletariado' para mantenerse, dejar que las masas se
desfoguen en las reuniones de la 'democracia participativa' y en las calles,
llamar a los desheredados de los cerros en su apoyo cuando lo necesite,
hacerles concesiones. Es un juego muy
peligroso. Tal vez, piensa la burguesía, sea peor el remedio que la enfermedad.
"En los países
industrialmente atrasados el capital extranjero juega un rol decisivo. De ahí
la relativa debilidad de la burguesía nacional en relación al proletariado
nacional. Esto crea condiciones especiales de poder estatal. El gobierno oscila
entre el capital extranjero y el nacional, entre la relativamente débil
burguesía nacional y el relativamente poderoso proletariado. Esto le da al
gobierno un carácter bonapartista sui generis de índole particular. Se eleva
por así decirlo, por encima de las clases. En realidad, puede gobernar
convirtiéndose en instrumento del capitalismo extranjero y sometiendo al
proletariado con las cadenas de una dictadura policial, o bien maniobrando con
el proletariado, llegando incluso hacerle concesiones, ganando de este modo la
posibilidad de disponer de cierta libertad en relación a los capitalistas
extranjeros". (L. Trotsky, La industria nacionalizada y la administración
obrera, 12 de mayo de 1939 - Publicado en Fourth International, agosto de
1946. Sin firma. Escritos, Tomo X, pág. 482, Editorial Pluma.)
La Administración Bush convirtió a
Chávez desde el principio en uno de sus objetivos prioritarios. La nacionalización de las industrias del
hierro y del petróleo, en manos de compañías norteamericanas, en 1974-76, por
Carlos Andrés Pérez (de AD, el mismo de la carnicería del 'caracazo'), no
mereció, ni mucho menos, tanta dedicación y esfuerzos del gobierno yanki:
intentonas de golpe de Estado, cierres patronales generales de dos meses,
sabotajes petroleros, presión nacional e internacional, presión militar desde
Colombia, amenaza de embargo internacional, el arsenal de los instrumentos del imperialismo
es grande y variado.
Y sin embargo,
¿cuál
es la realidad
de
la ‘revolución bolivariana'?
Un repaso de las reformas
verdaderamente ejecutadas por el chavismo nos hace encontrar en el terreno social
las bases para el fervor popular que despierta: ha duplicado el presupuesto en
salud, creando una gran red de asistencia sanitaria primaria con el programa
Misión Barrio Adentro, dirigida a la población excluida hasta ahora, que ha
incorporado a unos 10.000 médicos cubanos y unos 30 venezolanos[6]. También ha incrementado en un 100 % el
presupuesto de educación, con programas masivos de alfabetización de adultos
(Plan Robinson), implantación de la gratuidad y apertura de nuevas escuelas
primarias, puesta en marcha de programas nutricionales escolares, becas para la
Universidad, etc.
Por otro lado, desde 2003, ha
establecido el control de precios sobre
151 productos básicos de la canasta familiar y creado una red de distribución
estatal (Misión Mercal) de esos productos a precios bajos, dirigida a la
fracción más pobre de la población [7]
Ha multiplicado la construcción de
viviendas sociales, de infraestructuras sociales, creado el Banco del Pueblo,
el Banco de la Mujer, Créditos a Microempresarios. Tiene toda una política de
incentivación y protección de las cooperativas, en la línea de estímulo de la
libre empresa y la producción nacional.
En cuanto a las reformas
institucionales, su Constitución 'bolivariana' (parece ser que con muchas
semejanzas con la de la V República francesa, claramente presidencialista) ha
obtenido el visto bueno[8]
de todo tipo de expertos en constitucionalismo burgués. De hecho, incluso los más entregados
chavistas sólo resaltan de ella, además de la palabrería sobre derechos y
democracia participativa, etc., la declaración de Petróleos de Venezuela, S.A.
(PDVSA) como propiedad absoluta del Estado, pero incluso eso viene matizado con
la posibilidad de existencia de filiales con capital mixto y realización de
'asociaciones estratégicas'.
La
“Revolución bolivariana”
y
la cuestión agraria:
Bolívar
tampoco repartió la tierra
La cuestión agraria merece un
punto a parte. En Venezuela nunca ha habido una auténtica reforma agraria. Las guerras independentistas de Bolívar se
basaron, como en toda Latinoamérica (a excepción, parece ser, del caso de
Uruguay con Artigas), en la oligarquía criolla terrateniente, con lo que la
estructura de propiedad no cambió. Las haciendas de los realistas simplemente
pasaron de propiedad del señor duque de algo al señor general tal, en pago por
los servicios prestados[9].
En 1960 se promulgó una ley de “Reforma Agraria” y se creó el Instituto Agrario
Nacional, organismo encargado de ejecutarla.
En realidad, la supuesta reforma consistió en una lentísima
regularización de las titularidades de propiedad de las tierras, que en gran
parte no estaban catastradas ni escrituradas, existiendo numerosas formas de
ocupación irregular de tierras públicas (provenientes en gran parte de la
deforestación ilegal). En estos últimos casos, ese proceso de “regulación de la
tenencia”, lo que hizo fue dar 'títulos' de usufructo, pero no de propiedad,
que continúa en manos públicas. El
beneficiario no la puede vender, sólo traspasar sus derechos previa
autorización. Todavía hoy el conjunto de las tierras públicas se calibra en más
del 50 % de la superficie agrícola total.
Tras cuarenta años de aplicación
de esa 'reforma agraria', un informe publicado por el Banco Mundial en 1998 y
titulado "La Larga Marcha", afirmaba que Venezuela es el segundo país
con mayor concentración de tierras en pocas manos del mundo. Si nos atenemos al
censo agrícola del 1999, el 5 % de los propietarios acaparan el 75 % de la
tierra, mientras que el 75 % de los campesinos sólo poseen el 6 %.
Por otro lado, en la actualidad,
Venezuela tiene el segundo porcentaje más bajo de población dedicada a tareas
agrícolas de toda Latinoamérica, después de Uruguay. Esto en un país
industrializado sería consecuencia de la industrialización del campo y su gran
productividad, pero en Venezuela es todo lo contrario. El aproximadamente 10 %
de población no alcanza a producir el 30% de las necesidades alimenticias del
país. La productividad, tanto de la agricultura como de la ganadería, es
bajísima y los estudios muestran que descendió en la década de los 90, debido a
la ausencia de inversión y al absentismo de los grandes propietarios. Como
consecuencia, se debe importar productos de consumo básico popular como maíz,
azúcar, caraotas (una especie de alubias), frutos y hortalizas, perfectamente
producibles por el país.
La decadencia de la agricultura
viene de largo. Antes del descubrimiento del petróleo a primeros del siglo XX,
los monocultivos de café y cacao ya habían destruido la producción tradicional.
Pero el boom petrolero provocó una corriente migratoria imparable del campo a
la ciudad, donde los campesinos – a pesar de engrosar los voluminosos
cinturones de las villas miseria – encontraban más futuro que en el campo.
Esta es la situación de partida
del gobierno de Chávez. Su programa se ha concretado en la 'Ley de tierras y
desarrollo agrario', de diciembre de 2001, probablemente la que más histeria ha
causado en la oposición burguesa y aparentemente desencadenadora del proceso
golpista de abril de 2002. Hasta ahora, la aplicación de esta ley ha servido
para continuar con el proceso de 'regularización de la tenencia' y, tal vez,
pero no es posible saberlo en el marasmo autopublicitario del chavismo, para
entregar ex novo tierra siempre pública a unos miles de campesinos[10].
En cualquier caso, ha tenido tan poca relevancia a nivel nacional que el 29 de
agosto de 2004, Hugo Chávez anuncia en su alocución semanal de radio y
televisión: "Llegó la hora de democratizar la tierra en Venezuela, ya es
hora, ya es tiempo, quiero ver resultados y pronto, tierra para los campesinos,
tierra para el que trabaja, tierra para el pueblo, para trabajar... para
producir". Típica demagogia del
personaje, que acabará diciendo al poco rato: “No somos enemigos de los
latifundistas, ni los vamos a quemar, ni les vamos a invadir las propiedades”
(Reuters, 29 de agosto de 2004).
En realidad, la 'tierra para el
pueblo' que propugna su ley consiste en definir como latifundio a la propiedad
que tenga más de 5.000 ha. El
propietario que no explote esas tierras para la producción de alimentos puede
ser penalizado con una multa, cuya cantidad variará dependiendo del número de
hectáreas improductivas. Si después de
la multa el propietario continúa sin cultivar, el Gobierno pasaría a la
expropiación del terreno y pagaría una indemnización por ello al latifundista.
De hecho, esta segunda fase ya ni se contempla por parte del gobierno, puesto
que acaba de anunciar un “nuevo impuesto que se cobrará a partir de enero de
2006 a los propietarios de tierras ociosas e improductivas del país” (El
Universal, Caracas, 9 de diciembre de 2004).
Una de las grandes bestias negras
del bonapartista venezolano ha sido y sigue siendo las centrales sindicales, muy
especialmente la mayoritaria, la CTV.
Esta central, burocratizada y muy
estatalizada está dirigida desde hace cuatro décadas por un aparato
extremadamente corrupto y políticamente ligado a AD. Chávez tuvo muy claro
desde el principio que para él y su régimen era básico impedir la utilización
de las organizaciones de la clase obrera por sus enemigos políticos, pero
también y no menos importante, tuvo clara la importancia de impedir todo tipo
de organización obrera clasista que pudiera actuar con política independiente[11].
Entre la segunda mitad del 1999 y principios del 2000 intentó en tres ocasiones
que la Asamblea Nacional Constituyente aprobara un decreto de ”Emergencia
Sindical” que disolvía las cuatro centrales sindicales, incautaba su
patrimonio, decretaba la unificación y establecía el mecanismo de la 'elección
democrática' de la dirección del organismo resultante[12].
Fracasada esta vía, por las grandes resistencias no sólo de los aparatos
sindicales, sino también de sectores importantes de la clase obrera organizada,
entre las que cabe señalar las propias bases del MAS, se decidió a plebiscitar
por referéndum popular, el 3 de diciembre de 2000[13],
la intervención estatal completa de las organizaciones sindicales. La
abstención fue tan aplastante, el 76,57%, que los chavistas se consideraron
derrotados. Pero la derrota es sólo parcial. Si bien de momento no se ha
conseguido disolver las centrales obreras ni implantar el sindicato único como
un organismo más del Estado de la 'democracia participativa', la Constitución
bolivariana ha dejado asentado el principio de intervención estatal en el
movimiento obrero y declara, entre otras cosas, que la facultad para organizar
las elecciones internas de todas las organizaciones sindicales pertenece la
Consejo Nacional Electoral.
Aceptando este marco, la
burocracia de la CTV contraatacó y salió muy reforzada en las elecciones para
la renovación de su ejecutiva federal en 2001: la lista de la coalición
AD+COPEI del futuro golpista Carlos Ortega alcanzó el 57,41 % de los votos,
mientras que la apoyada por Chávez se quedó en un miserable 15, 41 %. Por último, cabe añadir que en abril de 2003
se ha constituido la UNT, nueva central sindical adicta a la 'revolución
bolivariana', creada a partir de la FBT (Fuerza Bolivariana de Trabajadores),
la organización fundada por Chávez con el cometido de 'demoler' la CVT.
La
política económica
El gobierno 'bolivariano' ha sido
conservador en el terreno económico.
Palabrerías aparte, ha sido puntual como nadie en sus pagos de deuda
externa. En ningún momento ha puesto en cuestión las privatizaciones de los
gobiernos anteriores y ha continuado la política de entrada de los oligopolios
mundiales del petróleo, fundamentalmente en la prospección y explotación del
gas. No ha promulgado ni una sola ley
irrespetuosa con la propiedad privada y, pese a la histeria de la burguesía
caraqueña, no ha tocado en ningún sector ningún interés de importancia para el
capital local o internacional.
Sus políticas sociales se han
basado fiscalmente en la depuración de las cuentas (y necesariamente, de la
cúpula gestora) de PDVSA y en la circunstancia de los incrementos de los
precios excepcionales del petróleo a raíz de la guerra y ocupación imperialista
de Irak. De hecho, los ingresos del Estado procedentes del petróleo, que habían
caído desde el 70 % del total del Presupuesto en 1976 al 20 % en 1989, se han
recuperado hasta suponer el 50 % de los ingresos fiscales de 2004[14].
Por otra parte, en enero de 2003,
obligado por la huelga patronal y la fuga masiva de capitales, reestableció el
control estatal de cambios fijo. Y,
como casi todos sus predecesores, cuando ha tenido necesidad de cubrir déficits
públicos, ha acudido a la devaluación de la moneda respecto al dólar[15],
lo que hace incrementar los ingresos por petróleo en bolívares, y le sirve para
cubrir momentáneamente los agujeros de su política presupuestaria
ultraexpansiva[16]. A cambio,
claro está, de provocar inflación interior: suben de manera inmediata los
precios en bolívares de los productos importados, pero también los nacionales
en respuesta al crecimiento de la masa monetaria. Keynesianismo de lo más
tradicional.
En resumidas cuentas, el ejercicio
2004 lo acabó con una tasa de inflación del 20 %, un porcentaje de paro del
15,5 % (al que hay que añadir el saco negro de los 'empleos informales') y una
disminución del salario real industrial medio del 6,5 %[17]. Esto, para la clase obrera, es mucho más
significativo que el exuberante incremento del 18 % del PIB que ventilan los
exégetas, puesto que es hijo de la escalada de los precios internacionales de
los hidrocarburos, y no de la recuperación del
vertiginoso descenso del 23 % de la producción de bienes no petroleros
durante los años 2002 y 2003.
Nada de lo que hemos relatado
hasta ahora sobresale de los límites más respetuosos del orden económico
capitalista, ni de las políticas que en un país u otro -incluida la propia
Venezuela- en algún momento, haya
aplicado un gobierno burgués.
Sin embargo, en el contexto
internacional actual de ofensiva imperialista, el chavismo ha merecido ataques
permanentes de los gobiernos de los EEUU en todos los terrenos y por casi todos
los medios. En su estreno como
secretaria de Estado, Condoleeza Rice afirmó que el presidente venezolano
"ejerce una influencia desestabilizadora en Latinoamérica". Hace
pocos días, esta declaración fue completada por el anuncio del consejero de
asuntos políticos Marc Groosman, quien calificó a Chávez como un elemento
"negativo y desestabilizador" y afirmó que Washington seguirá de
cerca la presunta compra de armas a Rusia, por parte del gobierno venezolano.
Más claro ha sido el nuevo director de la CIA, Porter Goss, quien señala que,
para este año, Venezuela seguramente integrará la lista de posibles
"fuentes de conflictos" para el reelecto gobierno de Bush.[18].
El crimen de Chávez es intentar
recomponer un Estado burgués 'viable' en su país, cuando ya los viejos modos de
dominación eran insostenibles. Actuando
para la estabilidad del modo de producción capitalista en Venezuela, se ha
visto obligado a situarse por encima de la burguesía local, ligada sin tapujos
al saqueo imperialista de los recursos del país. Y, con eso mismo, debe
presentar, si quiere mantenerse, una cierta resistencia ante el imperialismo. Escasa, pero cierta. La gran petrolera PDVSA, proveedora del 15 %
de las necesidades de los EEUU, sigue siendo propiedad del Estado[19].
A Cuba se le declara país amigo. Se buscan alianzas con un Irán declarado como
integrante del 'eje del mal'...
Pero para conseguir su objetivo y
mantener esta limitada posición, Chávez ha necesitado desde el primer momento
apoyarse -movilizándolas de manera controlada- en las masas empobrecidas de su
país. Es la vieja historia del viejo
nacionalismo burgués populista. La
'democracia participativa bolivariana', con sus 'círculos'[20]
y sus 'asambleas populares', la creación de su propia central sindical UNT, son
la respuesta a la necesidad de asegurarse el encauzamiento de las fuerzas de la
clase obrera y los sectores populares pauperizados alrededor de su proyecto de
'cohesión nacional'. El aprendiz de
brujo no puede atreverse a dejarlas desatadas sin más. Que de lo profundo de las villas miseria
haya nacido un colosal entusiasmo chavista que caldea y masifica aquellos
organismos paraestatales, no los convierte en nada diferente de lo que son y
para lo que han sido creados. Desde el
Palacio de Miraflores no se han creado ni se dirigen embriones de doble poder o
del futuro Estado 'socialista'.
Los hechos son simples y tozudos:
no existe ningún tipo de control obrero de la producción petrolera (el 25 % de
la producción del país) o del sistema financiero, la electricidad o las
telecomunicaciones, mayoritariamente en manos extranjeras. Cuando la clase
obrera toma la iniciativa y ocupa -como en Argentina – fábricas en quiebra
abandonadas por su propietario, la 'revolución bolivariana' en pleno 'salto
adelante' y a pesar de las lágrimas de Alan Woods, se niega a expropiarlas[21].
Ni siquiera eso.
A su vez, en el campo se suceden,
como en Brasil, los asesinatos de militantes sindicales que dirigen las tomas
de tierras, pero el gobierno 'revolucionario' sólo amenaza con alguna seriedad
a algunos latifundios improductivos asentados ilegalmente en tierras públicas[22]....
La
acción independiente
de
la clase obrera venezolana
La cuestión de las cuestiones para
el futuro de Venezuela es precisamente ésta.
En la década entre el 'caracazo' y el 'irresistible ascenso' de Chávez,
el movimiento obrero de Venezuela busca recomponerse lentamente.
Del calentamiento de la caldera da
pruebas el que tres meses después del aplastamiento de los jóvenes hambrientos
de Caracas, el 18 de mayo de 1989, la CTV convocó su primera huelga general
después de 31 años. Manifestaciones y
huelgas se suceden y convierten en habituales los enfrentamientos callejeros
con la policía. Según las estadísticas
del Ministerio del Interior, sólo entre 1989 y 1991 hubo más de 5.000 acciones
de masas. En el último trimestre de 1991 se registraron 400 movilizaciones y
levantamientos, terminando el 40% en enfrentamientos con las fuerzas
represivas. En este ambiente, es cuando
Chávez, el 4 de febrero de 1992, intenta su primer golpe.
Es el momento en que en numerosos
sindicatos surgen listas clasistas y corrientes organizadas que se presentan
contra el control de la burocracia dirigente de la CTV, identificada
políticamente con el partido burgués AD.
Y algunas de ellas – muy a menudo ligadas al MAS – alcanzan la dirección
de importantes empresas siderúrgicas, petroquímicas, telefónicas y textiles.
Sin embargo, este proceso queda
duramente taponado a partir de 1998, ya que todas las corrientes políticas
importantes en el seno de la clase obrera venezolana pasaron a apoyar a Chávez
y a desistir total y definitivamente de cualquier veleidad de organización de
clase independiente del nacionalismo burgués del militar populista. Y se dedican con cuerpo y alma, a desviar
hacia el ‘bolivarianismo’ la tendencia espontánea del proletariado a
organizarse como tal.
Que la “revolución bolivariana” haya
taponado por el momento la acción independiente de la clase obrera no significa
que ésta esté paralizada. El bonapartismo no liquida la lucha de clases (aunque
sueña con ello). El intento de golpe de Estado de abril de 2002 y la huelga
patronal de diciembre de 2002-enero de 2003, los grandes envites del
imperialismo yanqui y la burguesía gorila encabezada por Gustavo Cisneros[23]
y el dirigente adeco de la CTV Carlos Ortega, sólo pudieron fracasar por una
inmensa y espontánea movilización de masas que usaban sus propios medios en su
propio terreno. Sitiando el palacio
presidencial y los cuarteles, ocupando las industrias para hacerlas funcionar,
tomando el control de la producción petrolera, el proletariado ha ido abortando
los sucesivos intentos de derribo golpistas... para ser enviado inmediatamente
a casa por Chávez. Éste, tras cada
victoria, sin detener siquiera a los militares implicados, hacía nuevas
concesiones a los derrotados: convocatoria del referéndum revocatorio de agosto
de 2004, a pesar de que los promotores no habían alcanzado el número de firmas
necesarias; reposición de antiguos gestores de PDVSA, ampliación de contratos
con las petroleras yanquis...
La emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos
De este taponamiento de la acción
y organización independiente de la clase obrera, también participan, cada una
con sus matices y salvedades, las organizaciones que fraudulentamente se
reclaman del trotskismo, como el SU de la IV Internacional, el Militante o los
grupos morenistas. Repasando sus posciciones, vemos cómo lo que les caracteriza
es su adaptación 'crítica' a esta nueva versión del nacionalismo burgués
latinoamericano, sus falsas ilusiones de que el ex comandante de paracaidistas
sustituye al proletariado
·
en la lucha por la liquidación de la
burocracia reaccionaria en los sindicatos. Cuando, en realidad, ha pretendido
disolverlos, expropiar su patrimonio y crear un sindicato único dependiente del
Estado. Y fracasado parcialmente este proyecto, lo que ha hecho es crear una
nueva central sindical con aparato adicto 'bolivariano', instaurar el control
férreo del Estado burgués sobre la vida interna de los sindicatos y, por
reacción, fortalecer la burocracia adeca de la CTV, que continúa siendo el
sindicato mayoritario.
·
organizándole
desde el Palacio de Miraflores 'soviets bolivarianos' .... pero no para tomar
el poder, sino para canalizar los problemas de la comunidad “a través del
organismo competente” (ver nota 18)
·
volviendo
innecesarias las milicias obreras y el armamento del proletariado, con su
proyecto de 'civilización revolucionaria' del ejército. Cuando la realidad es que ha multiplicado la
intervención social directa del aparato militar, creado una casta adicional de
'gestores' militares en la administración del Estado y las empresas públicas,
fortalecido en definitiva el ejército burgués, instrumento central para el
mantenimiento de la dominación del capital.
·
en la organización de la sanidad, la
enseñanza, un sistema de protección social que dé cobertura a la totalidad de
las clases trabajadoras y de las masas pauperizadas. Cuando las mejoras implantadas, bien limitadas, ha sido posibles
por una coyuntura excepcionalmente propicia de precios internacionales de los
hidrocarburos y su mantenimiento depende en gran parte de 'voluntarios' o
'becarios' o de los salarios miserables pagados a los médicos cubanos, a los
que se obliga a vivir alojados en familias voluntarias en las villas miseria.
·
en
la defensa de Venezuela, de su soberanía y de sus recursos contra el expolio y
los ataques del imperialismo. Cuando la
resistencia real de Chávez es cada vez más limitada y sus concesiones mayores,
a pesar de la gran disposición de las masas a apoyarlo en la dirección
contraria.
·
Creen,
en resumen, que Chávez sustituye al proletariado en el combate por la mejora de
sus propias condiciones de vida y la del resto de las clases trabajadoras, en
la lucha contra el hambre y por la tierra. Y que organizará el socialismo en
Venezuela, en cuanto haga caso de sus consejeros 'trotskistas' y se deje
presionar un poco más por las masas.
Nada más criminal y sin salida que
estas falsas ilusiones que cierran el camino a la constitución de la clase
obrera en clase independiente, condición previa para defender sus propios
intereses, para ponerse a la cabeza de la lucha emancipadora de todo el 'pueblo
pobre' contra el imperialismo, para discutirle el poder a la burguesía. Y para enlazar con las luchas de todos los
proletariados, con quienes comparte explotación y, en términos históricos,
destino.
Por eso, la primera tarea que
deben plantear los revolucionarios a la clase obrera venezolana es la necesidad
de romper todos lo lazos de dependencia, colaboración o subordinación de sus
organizaciones ya existentes respecto al Estado (y su ejército) y la burguesía,
incluyendo en ésta tanto a los partidos burgueses tradicionales como a las
organizaciones políticas chavistas. Y la creación de nuevas organizaciones de
masas de carácter auténticamente consejista, que autoorganicen las capas más
profundas de las masas y les permitan actuar con sus propios métodos y
establecer sus propios objetivos.
Sólo así será posible luchar con
éxito por el trabajo y la mejora de sus condiciones, la defensa y mejora del
poder de compra de los salarios, la mejora de las condiciones de vida, de
vivienda, de salud o de educación. Sólo así podrá postularse como clase
política dominante, la única capaz de levantar y defender hasta sus últimas
consecuencias la bandera de la emancipación nacional y de la reforma agraria,
con la expropiación inmediata de todos los latifundios, productivos o no, sobre
suelo público o privado, para su entrega a los braceros y campesinos
pobres.
Del desarrollo de la constitución
del proletariado venezolano como clase consciente forma parte inseparable la
construcción de un partido obrero revolucionario, sección de una internacional
obrera revolucionaria, capaz de establecer la estrategia y las tácticas que
permitan finalmente la toma del poder político, la expropiación de la burguesía
nacional y del capital imperialista, la destrucción del Estado burgués, el
establecimiento de una República Obrera que combata por la revolución
proletaria mundial.
16 de marzo de 2005
[1]Acción Democrática, partido burgués nacionalista creado en
1941. Es el viejo partido de Rómulo Betancourt. Su recorrido histórico en la
gerencia del Estado venezolano se inició con el trienio que transcurrió entre el 18 de octubre de 1945 y el 24 de noviembre de 1948.
Invitada al poder por un cuerpo de jóvenes oficiales de la UPM que
protagonizaron un golpe de estado tradicional, Acción Democrática obtuvo para
su líder Rómulo Betancourt la presidencia de la 'Junta Revolucionaria de
Gobierno'. En este proceso, se eligió
una Asamblea Nacional Constituyente y se aprobó una nueva Constitución. El 'Trienio Adeco' incorporó el entusiasmo de las grandes masas
con una política fiscal que gravaba al 50 % los beneficios de las empresas
petroleras y que permitió el desarrollo de proyectos de obras públicas y
sociales. Por otra parte, este fue el
inicio de la casi identificación entre AD y la dirigencia de la mayor central
sindical del país, la CTV, inicialmente en manos del Partido Comunista de
Venezuela.
[2] Los resultados electorales de estos
partidos han seguido la siguiente evolución: Presidenciales de 1988: AD, 52,9
%; COPEI 40,3 %; abstención, 18,8%. Presidenciales de 1993, tras el 'caracazo':
AD, 23,6 %; COPEI, 22,73%; abstención, 39,84 %. Presidenciales de 1998: AD, 9,05 %; COPEI, 2,15 %; abstención,
35,55%)
[3] Durante cuatro décadas Acción Democrática
y el COPEI se alternaron en los puestos gubernamentales conforme con el “Pacto
de Punto Fijo” sellado bajo la tutela del imperialismo norteamericano tras la
caída de la dictadura de Pérez Jiménez, en 1958.
[4] En los comicios de los últimos años,
estos dos partidos obreros-burgueses han estado obteniendo resultado del orden
del 1% de los votos, el PCV, y del 9 %, el M.A.S.
[5] Pero no sólo ellos. La sección simpatizante
de la LIT-CI morenista, el PST editor de La Chispa, formó parte también de la
coalición pro Chávez. Es de suponer (aunque ignoramos su forma) que también los
grupos relacionados con el SU y El Militante de T. Grant y Alan Woods, visto el
entusiasmo que desplegan como consejeros rojos del Presidente.
[6] Los médicos cubanos han sido enviados por
La Habana por un Convenio de octubre de 2.000, como parte del pago por los
53.000 barriles diarios que recibe de Venezuela (Síntesis del Plan Barrio
Adentro actualizada a agosto de 2003, Defensoría del Pueblo de Venezuela).
[7] En la
Web del Ministerio de la Producción y el Comercio, rubricado como “Prensa MPC/ Nancy Carrero/ 12-11-04”,
Chávez afirma “que actualmente existen 30 Supermercales en todo el país,
208 Mercales tipo I, 703 Mercales tipo II, 10 mil 440 Mercalitos y bodegas de
Barrio Adentro, asimismo 2 mil 600 casas de alimentación que suministran comida
a 260.000 personas, especialmente niños de la calle, ancianos y mujeres
embarazadas.”
[8] Como curiosidad: la Asamblea
Nacional Constituyente encargó al Centro de Estudios Políticos y Sociales de
Valencia (España), formado por catedráticos de Derecho de diversas
universidades españolas, la emisión del dictamen jurídico del nuevo texto
constitucional, inmediatamente antes de su aprobación definitiva. A nuestros
paisanos juristas burgueses les pareció muy bien.
[9] No sólo eso. La esclavitud no fue
abolida. Bolívar proclamó la libertad de los esclavos (y liberó a los de su
propiedad personal), pero lo cierto es que en las haciendas continuaron
trabajando hasta pasado 1850, cuando el Parlamento promulgó la ley que abolió
definitivamente la esclavitud, previa indemnización a los propietarios.
[10] Unas 100.000 familias habrían recibido
'títulos' de tenencia de tierras en estos tres años de aplicación, según el
organismo encargado de ello, el INTI
[11] En una entrevista concedida a Agustín
Blanco Muñoz el 24 de junio de 1998, seis meses antes de resultar elegido,
publicada en el libro”Habla el Comandante”, declaraba: “Si no logramos la
gobernabilidad, si no logramos transformar la estructura y el cuadro de fuerzas
en el Congreso y en el Poder judicial y los factores reales, la CTV por
ejemplo, que hay que demolerla, no habremos hecho nada”.
[12] Lo que, como en Portugal del 74-75, tuvo
muy buena acogida entre las direcciones de 'ultraizquierda'.
[13] La primera versión de la pregunta se
estableció mediante Acuerdo de 10 de octubre de 2000, de la Asamblea nacional,
y decía: “¿Está Ud. de acuerdo con la convocatoria y elección de una Asamblea
constituyente de los Trabajadores, bajo estatuto electoral especial aprobado
por el Poder Judicial, previa consulta y oídos de los distintos
movimientos organizados de los
trabajadores, cuyo fin sea refundar el movimiento sindical venezolano en el
marco del art. 95 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela?.
Tras una auténtica batalla política y judicial, al conjunto de la 'ciudadanía'
venezolana se le preguntó: “¿Está usted de acuerdo con la renovación de la
dirigencia sindical, en un plazo de 180 días, y bajo estatuto electoral,
conforme con los principios de alternabilidad, elección universal directa y
secreta, consagrados en el artículo 95 de la Constitución y que suspendan en
sus atribuciones a los directivos de las centrales, federaciones y
confederaciones sindicales establecidas en el país?”
[14] http://www.bancomundial.org.ve
[15] Cambio 1$: año 1999: 607 bolívares; año 2003: 1600 bs; marzo de 2005: 2150
bs
[16] En 2004, hubo un incremento del gasto
público del orden del 60 % nominal en
bolívares corrientes, acompañado de la reducción de un 1 % en el IVA y la
eliminación del impuesto sobre activos empresariales
[17] Panorama laboral 2004 de la OIT:
“[Durante 2004] El salario industrial real aumentó en Argentina (8.6%), Brasil
(9.1%), Chile (2.1%), Colombia (1.2%), Ecuador (7.2%), y México (2.3%), pero se
contrajo en Paraguay (-2.5%), Uruguay (-1.4%) y Venezuela (-6.5%)”.
[18]
La lista la completan Colombia, Haití, Cuba y México. Agencia EFE, 25 de
febrero de 2005.
[19] En 1998, Luis Giusti, entonces presidente de PDVSA, luchó
vehementemente por privatizar la empresa.
Hoy día es asesor energético del presidente George W. Bush;
[20] http://www.circulosbolivarianos.org/:
Círculos Bolivarianos: “Creación. El Presidente Hugo Chávez crea
oficialmente el 11 de junio de 2001 los Círculos Bolivarianos (...) Concepto.
Los Círculos Bolivarianos, son grupos organizados, conformados por el pueblo en
un número variable que puede oscilar entre siete (07) a once (11) personas, las
cuales se reúnen para discutir los problemas de su comunidad y canalizarlos a
través del organismo competente, para buscar su pronta solución, basándose en
lo consagrado en la Constitución Nacional de la República Bolivariana de
Venezuela. (...)El máximo dirigente de los Círculos Bolivarianos será el
Presidente de la República Bolivariana de Venezuela. La sede a nivel nacional e
internacional en donde se llevarán los registros en lo que respecta a los Círculos Bolivarianos será el Palacio
de Miraflores.
[21] A pesar de que nos ha explicado sin
reírse que “en realidad, el Estado de Venezuela ya no está controlado por la
burguesía”. (Los marxistas y la revolución venezolana. Allan Woods .El Militante. 10 de mayo de
2004).
[22] Caso de El Charcote, en manos del
productor ganadero británico Vestey Group, y de Hato Piñero, Borges y Sanz,
intervenidos en marzo de 2005.
[23] El famoso beneficiario del pelotazo de
Galerías Preciados, con el gobierno de F. González