Révolution Socialiste  

Home

Liens

Révolution Permanente

Lucha Marxista

Grupo Germinal

Posicionamiento de la Tendencia Cuarta Internacionalista (TCI)

 

Posicionamiento de la Tendencia Cuarta Internacionalista (TCI) ante la "Convocatoria a una Conferencia Internacional de los trotskystas principistas y las organizaciones obreras revolucionarias internacionalistas"

 

Este "colectivo" está integrado por Lucha Marxista (Perú), Grupo Bolchevique (Francia), Grupo Comunista Obrero (Nueva Zelanda), Grupo Obrero Internacionalista (Chile) y la Liga Obrera Internacionalista (Argentina). Ultimamente se estarían sumando otros grupos, entre los que destaca Poder Obrero de Bolivia.

El documento convocante a dicha Conferencia (que data de agosto de 2003), tiene dos partes:

a) una introducción que encuadra la convocatoria en el contexto de la situación internacional actual.

b) un texto de 21 puntos de acuerdos programáticos.

Nuestra TCI participó de una reunión especial (mediados de diciembre de2003) con dicho Colectivo, representada por dos camaradas de la dirección de la sección argentina.

Se produjo un frondoso intercambio de materiales, se hizo un fraternal debate, y se conformó un Comité Coordinador, el que además de instrumentar actividades comunes en concreto, organice la discusión escrita sobre la base de lo ya entregado por cada organización.

Para cumplir con este objetivo prioritario, hemos de usar un método polémico riguroso: tomaremos como base para nuestra crítica el documento convocante para la Conferencia, bien que nos parece enriquecedor recurrir a los diversos materiales y cartas contenidos en la citada bibliografía, como recurso clarificador adicional de nuestros planteamientos.

Desde ya, nos parece que estamos en los umbrales de un debate con altura, que permita elevar políticamente la comprensión y la conciencia de aquélla vanguardia que se interese por el mismo.

Asímismo, ya acordamos con los camaradas del "Colectivo" que se trata de avanzar en la discusión clarificadora, pero también en el terreno de la acción política común ante cada hecho concreto de la lucha de clases. Debate y acción no están divorciados, y es por esto que nos parece fundamental exponer con toda claridad nuestros puntos de vista.

 

I- Cuarta, Quinta o algebraica ¿qué internacional hay que poner en pie?

 

La "numeración de la internacional" no puede referirse tan sólo a que "...su teoría y programa mantienen total vigencia y actualidad y han pasado la prueba de la historia" (refiriéndonos a la Cuarta Internacional), sino a que incluso aquéllos que han desandado y revisado sus principios (el centrismo), no han jugado un papel decisivo en la lucha de clases que permita equipararlos al papel de la socialdemocracia en la 1ª Guerra Mundial, o del stalinismo en la década del 30 respecto a la IIIª Internacional.

El carácter contrarrevolucionario de la IIª y de la IIIª a partir de esas pruebas concretas de la lucha de clases devinieron de su papel dirigente de poderosas organizaciones de masas, y como partidos, como "centros internacionales" operaban de un modo decisivo en el curso de la historia.

Por eso, inclusive, tuvieron que traicionar concretamente a un ritmo mucho más veloz del que recorrieron luego cambiando el programa, acuñando teorías que justificaran sus conductas políticas de derrota ante el Imperialismo mundial.

En nombre de la IIª se apoyó la guerra imperialista.

En nombre de la IIIª se entregó al proletariado alemán al fascismo, con el pacto Hitler-Stalin.

El centrismo que se reivindica de la Cuarta no ha tenido aún oportunidad de consumar semejantes traiciones, simplemente porque jamás tuvo un rol dirigente de masas como para poder ejecutarlo. Es una cuestión de proporciones, que cuando se pierden, se navega sin brújula en el escenario mundial llamando "traidores" a tutti cuanti, renegando así de una lucha política correcta en el marco adecuado.

Tan es así, que las corrientes de origen trotskysta que más han degenerado (el SWP de EEUU o el PRT argentino, por ejemplo), han debido renegar de la Cuarta Internacional, y cortar toda amarra con ella, para involucionar a planteos ideológicos y políticos antimarxistas.

En los tiempos que corren, el Secretariado Unificado va por el mismo camino. El abandono explícito de la "dictadura del proletariado" de la Liga Comunista Revolucionaria de Francia forma parte del mismo proceso que ha integrado a la "sección brasileña" (Democracia Socialista) al Gobierno burgués de Lula. El Ministro de Desarrollo Agrario, Miguel Rosetto, es tan sólo una encarnación extrema de este recorrido de ruptura con el trotskysmo por parte del mandelismo.

Pero, al contrario de esta evolución francamente contrarrevolucionaria de corrientes que otrora podíamos catalogar como centristas, existe un amplísimo abanico de tendencias que, proclamándose herederas de Lenin y Trotsky, oscilan entre la revolución y la contrarrevolución.

El valor que tiene luchar por la reconstrucción de la IV Internacional , en el plano de la arena mundial y por supuesto, en cada país, es el de usar al centrismo revisionista como amplio teatro de operaciones, de modo de contraponer el programa que dicen reivindicar, con su práctica política de conciliación de clases. El desarrollo de tendencias y fracciones desde el seno del centrismo trotskyzante es un fenómeno altamente progresivo, porque constituye la cantera fundamental donde tienen su origen los cuadros para reorganizar la Cuarta Internacional. No casualmente, todas las fuerzas que estamos discutiendo tenemos nuestro origen en "el estallido del centrismo cuartainternacionalista".

En el diálogo con una fracción, tendencia o cuadro que proviene de un tronco autoproclamado trotskysta, tenemos despejados debates programáticos, que en todo caso, debemos profundizar en su aplicación, en cómo fueron deformados viejos conceptos. Pero no tenemos un obstáculo ideológico de la magnitud de los planteamientos de quienes vienen de la socialdemocracia, el stalinismo, el foquismo o el nacionalismo.

Justamente por no haber jugado un papel contrarrevolucionario decisivo desde su fundación, el problema central de los trotskystas es encontrar el camino de las masas: relacionar en términos dirigentes las conquistas programáticas, con los acontecimientos concretos de la historia.

Cuando para "dirigir" hay que renegar en la práctica del programa, pero ni aún así, pasar de un papel colateral respecto a las verdaderas direcciones del movimiento obrero (mundial y de cada país), el centrismo queda en evidencia en toda su impotencia, y se abre el curso para la evolución política de sus mejores cuadros.

Este ha sido nuestro recorrido, con el altamirismo primero, y con el lorismo después. No marcaron nuestra ruptura roles decisivos de estas corrientes en cuanto a ser dirección de las masas, sino más bien el fracaso y la impotencia ante el "no poder ser", con los consiguientes análisis y caracterizaciones antimarxistas, mentirosas, burdas.

La lógica stalinoide de estas sectas (que produjeron y producen cotidianamente expulsados y excomulgados), le viene prestada en términos caricaturescos, y producen en las masas un mayor rechazo, y en perspectiva, un mayor aislamiento.

Es tarea nuestra separar, en el plano de la teoría, de la elaboración programática y de la práctica política, la herencia que reivindicamos y la degeneración que combatimos. Es tarea nuestra en la lucha contra el centrismo defender el concepto que el programa de la Cuarta Internacional carece de las manchas de sangre de las traiciones. Y que las pequeñas máculas del centrismo desaparecerán de nuestras banderas con el crecimiento en influencia de masas del trotskysmo.

Esto no significa que la conducta de las cúpulas burocráticas de las sectas centristas no sea contrarrevolucionaria: lo que significa es que su rol histórico aún no dirigente de masas nos permite un amplio espacio de lucha política para derrotarlas en el trabajo preparatorio. Nos permite hacer "medicina preventiva" para impedir que el centrismo cristalice en contrarrevolucionario, y que como fenómeno por definición inestable y transitorio, puedan surgir de sus filas los cuadros de la Cuarta Internacional.

¿Esto significa que la construcción del partido mundial y sus secciones carecerá de militantes que provienen del stalinismo, el nacionalismo u otras tiendas políticas? De ninguna manera. Como veremos más adelante, en especial en la discusión sobre la táctica del Frente Unico, nosotros le damos una gran importancia a la construcción de la vanguardia a partir de su propia historia, y no de nuestros prejuicios. Pero en términos de construcción de un "centro mundial revolucionario" los que no reivindican la fundación de la Cuarta Internacional deberán procesar con nosotros un debate previo, insoslayable, que acredita que en el balance histórico, sólo el trotskysmo puede acreditar su papel concreto de lucha contra los enterradores de la revolución. Sólo el trotskysmo (con sus errores, su limitaciones y su centrismo), puede defender su derecho a ser la continuidad del marxismo-leninismo.

Tanto la posición pro "Quinta Internacional" como aquella que proclama la necesidad de luchar por una fórrmula algebraica "por la Internacional Obrera Revolucionaria", cometen el severo error de correr el riesgo de equiparar a los cuartainternacionalistas con la socialdemocracia y con el stalinismo en cuanto a lo programático y especialmente, en cuanto a su rol histórico contrarrevolucionario. Por eso creemos que es una concesión errónea de quienes se ubican en la "refundación de la Cuarta Internacional" considerar  que "...estas discusiones (...) las haremos en un Centro Internacional común".

Si las palabras tienen algún valor, la definición de un Centro Internacional significa una unidad ideológica, programática y política que permita, por ejemplo, un régimen centralista democrático internacional. ¿Puede considerarse esto como cercano cuando se expresa, a nuestro modo de ver, tan profunda divergencia de balance histórico de la Cuarta (¡de la cual provenimos todos!) que no se coincide en el número de Internacional?

Desde la TCI, entendemos que el proceso de reconstrucción de la Cuarta Internacional será mucho más trabajoso, más empedrado, con más obstáculos, y lo vemos distante en el tiempo en su concreción. Lo concebimos como el resultado de un paciente trabajo a mediano y largo plazo. No porque no sea necesario este instrumento, sino porque la dura realidad marca la pelea contra la corriente que debemos dar. En esa lucha, es posible obtener distintas victorias parciales, que permitan madurar posiciones, crecer políticamente, coordinar acciones comunes, etc. Pero poner por escrito que "...conquistar un agrupamiento revolucionario con lecciones y un programa revolucionario para preparar los próximos combates, ya es una tarea cotra reloj", coloca a nuestros pequeños grupos (que según Silvia Novak, "...a duras penas podemos juntar nuestros huesos en los países donde estamos"), ante un ultimátum por encima de las posibilidades reales de nuestro desarrollo.

Al conformar la TCI, nos orientamos a un trabajo de apertura internacionalista, que a nuestro modo de ver debe rechazar toda autoproclamación sectaria, explorando con mucha rigurosidad los acuerdos y divergecias que se plantean con las múltiples astillas de los principales troncos del revisionismo en el trotskysmo. En esta exploración, es muy importante la reivindicación de las conquistas adquiridas. Para nosotros, la Cuarta Internacional es una de ellas, entendida como una continuidad programática del Manifiesto Comunista y de los cuatro primeros congresos de la III Internacional.

 

 

II- Acerca de la caracterización y de la correlación de fuerzas entre las clases y su relación con las tareas para avanzar en la superación de la crisis de dirección revolucionaria

 

Esta cuestión tiene una gran importancia, por dos motivos fundamentales:

a) como la relación que estamos construyendo no es de académicos, sino de militantes revolucionarios, caracterizar correctamente una situación es el pasaporte para que las consignas y la intervención práctica sea también correcta. Todo supuesto avance en los "acuerdos principistas" quedará en el plano de lo abstracto, si en la intervención concreta no coincidimos.

b) Lo anterior pone a prueba el MÉTODO con el que abordamos la realidad. Desde luego, tanto el "Colectivo" como la TCI reivindicamos el materialismo dialéctico, y no seremos nosotros lo que iniciemos una competencia para resolver "quien lo maneja mejor". Pero...cuando determinados análisis y caracterizaciones colisionan con tal magnitud con la realidad, no nos podemos limitar a cuestionar sólo la puntualidad, sino la generalidad del método de análisis.

Nos parece que el "Colectivo" utiliza la palabra "REVOLUCIÓN" con excesiva liviandad a la hora de caracterizar situaciones. Tan es así, que indistintamente se habla en un mismo territorio de análisis de "revolución", "situación revolucionaria", "crisis revolucionaria", etc. Como podemos correr el riesgo de caer en una estéril discusión semántica, emergente de nuestros diversos orígenes y recorridos, vamos a tratar de llenar de contenido las definiciones. Y vamos a concentrar la discusión de este capítulo en la Argentina, por dos motivos:

1) Se trata de uno de los territorios donde con más riqueza se han expresado, en el último período, los factores objetivos y subjetivos de la situación mundial.

2) Tanto el "Colectivo" como la TCI tienen destacamentos de militantes que intervinieron e intervienen en el desarrollo de la situación, lo que nos permite un estudio "in situ" de la relación que hay entre caracterización, consignas y línea política, en el plano concreto de la práctica.

El "Colectivo" caracterizó al 19 y 20 de diciembre como el comienzo de la “Revolución Argentina”, es decir, que entiende que se produjo una crisis revolucionaria.

Como es lógico, de la caracterizacion del Colectivo se desprenden tareas y consignas que plantean la disputa por el poder político en términos inmediatos. Así, siguen reivindicando en el documento convocante a la Conferencia  la siguiente consigna: "¡Por un gobierno de la Tercera Asamblea Nacional de trabajadores ocupados, desocupados y asambleas populares, con sus organismos de autodefensa!" Como complemento de esta consigna, lanzada como voz de orden en todo lugar donde pudieran, los camaradas de la LOI-CI proponían diversas variantes de ejercicio inmediato de doble poder (armamento de las masas, control obrero colectivo de empresas, etc.).

El rechazo que en el seno de la vanguardia (ni hablemos de sectores de las masas), sufrían los camaradas con esta política no puede atribuirse sólo a la política de las burocracias de todo pelaje y de la izquierda reformista, sino que hay que entender la relación que existe entre estas conducta y el nivel de conciencia de los explotados y su expresión en la vanguardia.

Al no tener el movimiento de masas del 19 y 20 de diciembre un carácter "generalizado e independiente en términos políticos de la burguesía", y al estar ausente como clase organizada el movimiento obrero ocupado, se nos presentaron a los revolucionarios LÍMITES OBJETIVOS para nuestra intervención, lo que nos obligaba a desarrollar nuestra política con las características PREPARATORIAS de las situaciones pre-revolucionarias.

Así, en nuestra Conferencia Extraordinaria  sobre la situación política nacional (enero del 2002), escribíamos:

“Ha sido un acierto político de nuestra organización haber caracterizado como defensivo el movimiento de lucha de las masas en el último período.

Hasta las peleas más heroicas tuvieron como eje defender una conquista o un derecho (a veces, superelemental), que la lógica de la política burguesa obligaba a arrebatar, a conculcar.

La organización de esas luchas defensivas creó condiciones para un salto cualitativo, en tanto crecientes franjas de los explotados pudieran politizar sus reclamos, y pasar a la ofensiva, colocando en primer plano la necesidad de un programa de Gobierno.

La política consciente de la burocracia sindical (incluida la Mesa de Conducción de la Asamblea Piquetera), que analizaremos en un capítulo aparte, constituyó el principal bloqueo para que el proceso se diera de esta manera, producto de una acción conciente de las direcciones sindicales y políticas.

La propia crisis económica y política (de la cual forma parte la traición de la burocracia), llevó a que el salto cualitativo se diera por fuera de esas estructuras y de esas direcciones.

Las jornadas del 18, 19 y 20 de diciembre, y su continuidad ante los gobiernos de Rodriguez Sáa y Duhalde implican un viraje, una reconquista de la iniciativa de las masas, que de una manera empírica, con un alto grado de espontaneísmo y sin dirección revolucionaria (podríamos decir incluso, sin dirección), irrumpieron en la escena política.

El carácter independiente de este movimiento es relativo:

Lo es en cuanto a que carece de una férrea tutela de la burguesía y de sus agentes.

No lo es en tanto y en cuanto carece de un programa y de una dirección que políticamente exprese una salida a la crisis, que no puede ser otra que anticapitalista, obrera, socialista.

Es esta debilidad, insistimos, lo que dio plafond a la burguesía para capear el temporal y rearmar sucesivas salidas políticas.

Es un lugar común decir que las jornadas del 18, 19 y 20 de diciembre tuvieron un alto grado de espontaneísmo. Esto fue efectivamente así: tanto los hambrientos que sitiaron supermercados, como los "caceroleros" de los barrios obreros y de clase media, como los ocupantes de Plaza de Mayo del viernes 20, no actuaron como resultado de una voz de orden de organización (ni política ni sindical) alguna.

Nadie puede atribuirle un programa, una propuesta por la positiva, porque carece de tal cosa. El "fuera De la Rúa y Cavallo" no es un programa: es una acto de hartazgo.

Su indudable progresividad sólo puede consolidarse en la construcción de una alternativa de doble poder respecto a la burguesía en tanto las masas superen sus ilusiones de "presión" sobre el sistema. No plantear este problema ideológico, político y organizativo como el central, o peor aún, hacer una apología del espontaneísmo mintiendo un supuesto rol de dirección "virtual", es un mecanismo típico de las sectas autoproclamatorias, incapaces de plantearse los problemas que implican una lucha concreta por la dirección.

Efectivamente, el proletariado intervino diluido en la pueblada, sin identidad, ni política ni sindical, que marcara su liderazgo de clase.

Como en las situaciones abiertas con el Cordobazo (1969), y las huelgas de junio y julio (1975), el problema de los problemas es la dirección. Pero el problema es cualitativamente diferente: en aquellos acontecimientos, la lucha por la conducción revolucionaria estribaba en la superación en términos marx-leninistas-trotskystas del nacionalismo pequeñoburgués, del stalinismo, del foquismo.

Hoy, la lucha por la dirección revolucionaria supone plantar, antes que nada, la necesidad de tal cosa. Más aún: la necesidad de una dirección.

No es que no haya lucha contra los mismos adversarios: se da en un escenario diferente, con un atraso político muy grande de las masas, e inclusive, de la propia vanguardia.

Esta dificultad marca la tarea. Ésa, que obvian las sectas autoproclamatorias: La de politizar, elevar el nivel de conciencia del colectivo, y ayudar a avanzar al movimiento en su conjunto.

Si bien la reciente Conferencia Programática realizada por nuestro Partido ha convenido en caracterizar de manera mayoritaria, a la actual situación política nacional como de situación pre-revolucionaria, ello no significa, en absoluto, que la polémica alrededor de este punto se halle agotada. Bien por el contrario, dicha caracterización no constituye una visión cristalizada e inamovible de la realidad, sino que la misma tiene como eje fundamental para su permanente actualización al movimiento vivo de las masas, a su posible evolución, a su carácter independiente y a su potencialidad.

Más allá de las diferencias en los análisis entre las distintas tendencias partidarias -entre los "pre-revolucionarios" y los "revolucionarios"-, ambas coinciden, no obstante, en resaltar una contradicción clarísima: hay un abismo entre el proceso empírico de lucha, y la conciencia y organización que el movimiento adquiere de la misma. Existe una "independencia" (incluso un rechazo) de los aparatos tradicionales, pero se mantiene una "dependencia" de la influencia ideológica de la burguesía, que se expresa inclusive en la persistencia (y posibilidad de reanimamiento) de las ilusiones democráticas.

Es justamente esta constatación lo que explica que, a pesar de masivo cuestionamiento de que es objeto, el actual régimen haya podido operar el recambio que culminó con Duhalde en el sillón de la Rosada.

La situación, que es aún pre-revolucionaria, ha dado un salto en todos los factores componentes que la agudizan. La formación del Gobierno de Duhalde no la ha cerrado, ni mucho menos, ha producido una derrota. Los principales combates están por darse. Dependerá de la magnitud y el desenlace de los mismos, que la misma se trueque en situación revolucionaria abierta, o por el contrario, a que esta se cierre abriendo un curso reaccionario a los acontecimientos.

De lo que sí estamos seguros, es de que por más que el gobierno logre transitoriamente -"zanahoria y garrote" mediante - operar un retroceso en el movimiento de masas, ello sólo significará que el piso desde el cual partirá el próximo ascenso de lucha nada tendrá que ver con la situación anterior al 19 y 20 de diciembre pasado, sino que dicho piso estará dado por la enorme experiencia asamblearia que hoy las masas vienen protagonizando a lo largo y ancho del país. La asamblea barrial como forma organizativa y los cortes, piquetes y "cacerolazos" como expresiones de lucha concreta, han pasado a integrar el bagaje de la experiencia histórica y colectiva de las masas en su lucha.

La situación actual puede durar varios meses, ya que, como queda expuesto más arriba, este Gobierno, de guerra contra los trabajadores y el pueblo, buscará armar lo más sólidamente posible sus fuerzas para atacar. Es verdad que la aguda crisis económica no deja mucho margen, pero en este punto seguramente logrará el auxilio del Imperialismo para maniobrar.

Debemos aprovechar al máximo el tiempo que nos brinda la situación para prepararnos mejor, para organizarnos mejor, para crecer cualitativamente como militantes y como grupo político y para profundizar los lazos del Frente Único, herramienta vital para, superando el divisionismo, el sectarismo y el oportunismo de no pocas tiendas de la "izquierda", avanzar en la puesta en pie y en el fortalecimiento de esa nueva vanguardia que a modo de inevitable síntesis, ha comenzado a surgir y fortalecerse al calor de las asambleas, marchas y piquetes del período último.” (glosado del documento de base, aprobado en dicha Conferencia y ratificado por nuestro Xº Congreso).

Esta caracterización correcta de nuestra parte nos colocó en mejores condiciones para enfrentar el rearme de la burguesía, los golpes sufridos por el movimiento de masas (¡Puente Pueyrredón!), el entramado de la salida electoral que impuso el REFLUJO que aún persiste.

La correcta crítica de los compañeros franceses a la caracterización y a la política de la LOI-CI en Argentina (ver Suplemento Especial del BIOI del 6-11-03), padece, sin embargo, del talón de Aquiles de haber compartido una caracterización común y consignas comunes de la "revolución argentina" del 19 y 20.

Los "atenuantes" que la LOI-CI vuelca respecto a dicha "revolución": "...una semi-revolución, medio ciega, medio sorda, medio muda...", no puede evitar, sin embargo, la metodología exitista en la caracterización, y la práctica vanguardista en la política concreta, consistente en saltar como destacamento trotskysta de un sector a otro de la vanguardia, intentar "dirigir" tal o cual movimiento haciendo votar algún "programa ómnibus", para luego proclamar en donde pudieran oirlos "...que hay que hacer como en...(Mosconi, Brukman, Zanón, etc)"

Esta política de "microclima" les impidió (al Colectivo en general, y a la LOI-Ci en particular) ver la situación en su conjunto, y muchos menos, desarrollar un trabajo preparatorio de inserción de los cuadros (con proyectos en el mediano y largo plazo), en determinados frentes de masas.

Especialmente para un grupo pequeño, la tarea fundamental es fortalecerse en la lucha de partidos contra contrarrevolucionarios y centristas en la pelea por la dirección concreta de las masas, y cuando no se pueden obtener resultados victoriosos en el corto plazo (porque la situación NO es revolucionaria, porque hay atraso en la conciencia), se trata de ganar autoridad entre la vanguardia, definir planes de inserción y de construcción de largo aliento, para ir demoliendo con paciencia el edificio de las direcciones que bloquean la posibilidad del desenvolvimiento revolucionario de la situación.

No caualmente, el Colectivo comparte con la mayoría del centrismo trotskyzante la caracterización de la situación argentina. Palabras más, palabras menos, el PTS, el PO, el MST, los diversos representantes de la LIT, entre tantos otros, nos hablan de la "Revolución Argentina". También corrientes stalinistas, en especial los maoístas del PCR, nos hablan de lo mismo, proponiendo el segundo argentinazo.

Desde luego, sabemos distinguir que al menos, los camaradas de la LOI lanzan las consignas revolucionarias que se corresponden con las situaciones de tal tipo.

El centrismo mostró su pata democratizante y oportunista con sus "Asambleas Constituyentes", y el PCR, desde luego, su frentepopulismo etapista con su "Gobierno de Unidad Popular y patriótica".

Sin lugar a dudas, la propia fuerza de la realidad debe estar golpeando en el equilibrio de malabaristas de los centristas y contrarrevolucionarios, seguramente produciendo desmoralización en sus cuadros medios y en su base, a pesar de los diversos justificativos oportunistas de sus direcciones. Es parte fundamental en la lucha contra las mismas la seriedad y el rigor científico con los que los marx-leninistas-trotskystas estén armados para la lucha política. Compartir las caracterizaciones con nuestros enemigos, no nos iguala a ellos, pero sí nos desacredita para progresar en nuestra propia construcción.

Vaya, a manera de conclusión de este capitulo, esta cita de Trotsky que advertía contra estos peligros:

"...Cuando se produce un cambio brusco en los acontecimientos, los partidos, incluso los más revolucionarios, corren el riesgo de quedarse retrasados y de oponer las fórmulas o los métodos de lucha de ayer a las tareas y a las necesidades nuevas. (...) Precisamente aquí surge el peligro de que la dirección del partido, la política del partido en su conjunto, no correspondan a la conducta de la clase y a las exigencias de la situación. Cuando la vida política se desarrolla con relativa lentitud, esas discordancias acaban por desaparecer, y, aunque causen daños, no provocan catástrofes. En tanto que en el curso de los períodos agudos de crisis revolucionarias se carece precisamente de tiempo para eliminar el desequilibrio y, en cierto modo, rectificar el frente bajo el fuego. (...) La discordancia entre la dirección revolucionaria (vacilaciones, oscilaciones, espera, en tanto que la burguesía ejerce una presión furiosa) y las tareas objetivas puede en algunas semanas, e incluso en algunos días, causar una catástrofe, haciendo perder el beneficio de numerosos años de trabajo.

Evidentemente. el desequilibrio entre la dirección y el partido, o bien enrtre el partido y la clase, puede tener también un carácter opuesto, cuando la dirección sobrepasa el desenvolvimiento de la revolución, confundiendo el quinto mes de embarazo con el noveno.

El ejemplo más claro de un desequilibrio de este género lo dió Alemania en marzo de 1921. Tuvimos entonces en el partido alemán una manifestación extrema de "la enfermedad infantil de izquierda", y por consiguiente, del putchismo (espíritu de aventuras revolucionarias). Ese peligro es completamente real incluso para el porvenir. Así, pues, las enseñanzas del Tercer Congreso de la Internacional Comunista conservan todo su vigor." (de “La Internacional Comunista después de la muerte de Lenin”, las negritas son nuestras).

 

 

III- La política militar del proletariado

¿hace falta o no un trabajo preparatorio para subvertir las instituciones armadas del Estado Burgués?

 

 

Las fuerzas represivas del Estado Burgués han demostrado ser los últimos baluartes del poder burgués. Todo avance decidido de la clase obrera y los explotados por la imposición y la conquista de su propio poder se enfrenta inevitablemente a estas instituciones guardianas de la propiedad privada. Las fuerzas que pretendan reconstruir la IV Internacional (la Internacional Obrera Revolucionaria desalgebraizada) no pueden sino proclamar abiertamente su intención y su lucha por DESTRUIR A LAS FUERZAS ARMADAS Y POLICIALES. Pero esta tarea de destrucción, por su importancia, por su dificultad y por ser parte del “arte de la insurrección” plantea la exigencia de buenas tácticas. Los camaradas de Democracia Obrera han señalado como una de las principales diferencias con nuestra tendencia la política que impulsamos de desarrollar un trabajo preparatorio sobre las fuerzas represivas. Por lo que sabemos, todos los grupos que forman parte del “Colectivo de los 5” se encuentran en el campo revolucionario de aquellos que bregamos por destruir las fuerzas represivas. Del mismo modo, compartimos las lecciones de toda revolución que muestran que en las mismas un sector se vuelca del lado de los insurrectos, otro sector se anula y se mantiene al margen y existe un amplio sector que combate a muerte a la revolución, su direccion y sus militantes. Este hecho objetivo, sin embargo, debe implicar por parte de los revolucionarios un trabajo subjetivo, preparatorio y que no puede estar limitado al período de la insurrección. ¿por qué alguien podría aceptar hacer un llamamiento a policías, soldados y suboficiales en una situacion insurreccional pero no acepta que en una marcha o una huelga (ademas de las necesarias medidas de autodefensa) se llame a desobedecer a los superiores y no reprimir la manifestación? En Argentina en algunas marchas, hemos visto y hemos sido parte de aquellos que armados con gomeras y bombas molotovs cantábamos “Policía, que amargado se te ve, no te pagan una mierda y encima nos reprimís”. Nosotros creemos que, más alla de alguna precisión, esta política es esencialmente correcta. Seguramente en una situación que aún no es revolucionaria tendrá pocos resultados inmediatos pero forma parte de las tareas preparatorias. Lenin jerarquizó esta tarea de trabajo en las fuerzas represivas al incorporarla entre las 21 condiciones para pertencer a la III Internacional. La fundacion de la IV Internacional revindica tambien los 21 puntos entre los cuales se plantea el trabajo abierto y clandestino sobre las organizaciones militares.

Los camaradas de LOI-CI Democracia Obrera objetan en un correo electrónico que nos enviaron una posición de nuestra sección argentina en donde hacemos un llamado a la policía a no reprimir. En primer lugar el volante no es nuestro sino que es una resolución emanada de varias asambleas populares de barriadas obreras del norte del Gran Buenos Aires (cierto que influenciadas por nuestras posiciones), en donde no se llama a la policía (como institución) sino “a los policías a organizarse y desobedecer cualquier orden de represión contra el pueblo”.

El año pasado en Argentina fue ampliamente publicitado el caso del “policía piquetero”. Este suboficial de ideología nacionalista burguesa planteaba entre sus principales puntos (recolectando varios cientos de firmas entre los policías) la puesta en pie de un sindicato, reclamando mejoras salariales y de condiciones de trabajo y manifestando su negativa de reprimir al pueblo. En el mismo sentido, existe en Santa Fe APROPOL, cuya columna estuvo presente en la última gran movilización de empleados estatales por los 200$ de aumento. Ni qué hablar de Brasil, donde las huelgas policiales han tenido un alcance nacional, obligando a profundizar la lucha de clases al interior de las instituciones.

En el caso de este país, es imperioso (de acuerdo al desarrollo de la organización revolucionaria y sus prioridades), hacer un trabajo de agitación y propaganda dirigido a los policías militares (soldados, cabos y sargentos), en el sentido de transformar sus asociaciones en sindicatos, como ya lo hicieran los policías civiles y federales. Asímismo, entendemos este trabajo combinado con la estructuración de células de cabos, soldados y sargentos, bien que no descartamos la posibilidad de cooptar en forma individual oficiales y tenientes, como en el pasado lo hizo el Partido Comunista Brasilero. O sea que la destrucción del Ejército y la construcción de milicias obreras y campesinas pasa también por poner en pie células en las fuerzas armadas (ejército, marina, fuerza aérea) y de seguridad (policías –militares y civiles- y guardias municipales).

Por supuesto que las mejoras salariales y de condiciones de trabajo en cierto punto pueden fortalecer la institución represiva y tanto el imperialismo como el nacionalismo burgués intentarán dirigir en esa dirección, (de la misma manera, salvando las obvias distancias, que una victoria de los empleados judiciales en la lucha actual por la Ley de enganche puede “fortalecer” a la Justicia burguesa).

Lo que se pone en juego es cual es la posición del proletariado (que nutre las bases de toda fuerza represiva) frente a este hecho. ¿intentará apoyarse en este tendencia para romper la disciplina y orientar el movimiento hacia la confluencia con la clase obrera y sus intereses o se mantendrá al margen diciendo que son todos asesinos o que es un problema sobre el cual no debemos preocuparnos? ¿Cual debe ser nuestra posición concreta cuando los organizadores de sindicatos policiales por salario y contra la represión al pueblo son cesanteados, encarcelados o sus casas y sus familias son víctimas de atentados?. Nosotros creemos que tendencialmente esta abstención (de la cual forma parte el abstracto planteo de “disolución de las fuerzas armadas y de seguridad”). puede derivar en un espontaneísmo pacifista reformista e impotente o por el “contrario”, hacia una politica de tipo foquista o putchista.

Lenin en el ¿Qué Hacer?, en sus discusiones con los economistas y sindicaleros plantea “…Pero solo de palabra seriamos “políticos” y “socialdemócratas” (como muy a menudo ocurre, en efecto), si no tuviéramos conciencia de nuestro deber de utilizar todas las manifestaciones del descontento, reunir y elaborar todos los elementos de protesta, por embrionaria que sea. Dejemos ya a un lado el hecho de que la masa de millones de campesinos laboriosos, de artesanos, de pequeños productores, etc. escuchará siempre con avidez la propaganda de un socialdemócrata, por poco hábil que sea. Pero ¿es que hay una sola clase de la poblacion en que no haya individuos, grupos y circulos de descontentos de la falta de derechos y de la arbitrariedad, y por consiguiente, accesibles a la propaganda del socialdemócrata, como portavoz que es de las aspiraciones democráticas generales mas urgentes?…” pag 147-48 ed. Anteo.

Bajo esta posición programática general (que los poristas argentinos conquistamos en nuestro Vº Congreso, con la correspondiente fracción interna en contra de esta política), es una cuestión de prioridades y de desarrrollo de la organización cual trabajo concreto puede darse. Pero es fundamental entender que, aunque no tengamos fuerzas para diseñar un plan sobre los cuarteles, esta posición programática es fundamental para el trabajo preparatorio en cualquier frente de masas.

Nos parece altamente revelador que nada se diga de esta cuestión fundamental en los 21 puntos convocantes a la Conferencia, al tiempo que se nos advierte verbalmente que ésta es la discrepancia esencial entre el Colectivo y la TCI.

Por último queremos señalar claramente que tenemos un profundo desacuerdo de clase con cualquier organización que plantee expectativas en “Coroneles Rojos” desviando la necesaria política por poner en pie milicias obreras y campesinas y la importancia de escindir a la tropa y la suboficialidad de los mandos de Oficiales (los camaradas del COTP-CI y Poder Obrero dicen que esta sería la posición actual del POR Boliviano). No nos sorprendería esta desviación en un aparato sectario simplificador de la realidad, incapaz de elaborar teoría a partir de su propia experiencia. Sin embargo, en honor a la verdad, queremos puntualizar que la acusación que se hace habitualmente contra Guillermo Lora respecto a los episodios de la Revolución boliviana de los 70, carece de fundamento serio. El POR cometió muchos errores, pero es falso que su política estuviera dirigida a ganarlo a Torres o a la oficialidad. Lo que Lora refleja en sus obras completas es un dato objetivo de la realidad: guarniciones del Ejército y de la Policía, con sus oficiales incluídos, pedían su ingreso a la Asamblea Popular.

 Las fuerzas represivas sólo se quebrarán en forma generalizada cuando enfrenten el poder de fuego del proletariado. De hecho el pliego nacional de reivindicaciones que propagandiza nuestra sección argentina se dirige a la tropa y suboficialidad, sin mencionar a los oficiales. Sin embargo en relación a este debate y a cualquier otro nos parece importante comprender que “gris es la teoria y verde es el arbol de la vida”. El Estado Mayor de la Clase Obrera debe dirigirse hacia sus objetivos estratégicos de revolución y dictadura proletarias armado de una gran capacidad táctica y de maniobra. El caso de Bolivia (como también seguramente el de Ecuador) puede plantear particularidades nacionales de las fuerzas armadas, que por el propio atraso, por la inexistencia de una doctrina de seguridad propia dado el sometimiento al Imperialismo, o por los antecedentes históricos concretos, se insubordinen también oficiales  Recordemos que una de las más grandes creaciones de la clase obrera en su lucha contra la explotacion capitalista (el Ejército Rojo de Obreros y Campesinos), contó en sus filas con miles de oficiales zaristas, entre ellos, por nombrar al más destacado, el Comandante de Compañía Tujachevsky, no sólo de extoardinarias aptitudes en cuanto a técnica y estrategia militar, sino convertido en militante del internacionalismo proletario en los primeros años de la revolucion de octubre.

 

IV- Revolución Permanente versus Tesis de Oriente:

falsa antinomia que demuestra la incomprensión de la importancia de la táctica del frente único para la lucha por la dirección revolucionaria. Cómo se refleja esta divergencia en el trabajo concreto en los frentes de masas.

 

Es muy importante, antes que nada, ubicar la magnitud de un debate. Creemos coincidir con el "Colectivo" que la cuestión del Frente Unico es de naturaleza TÁCTICA. Por eso, es un avance que (al menos por boca y pluma de la LOI-CI argentina), haya sido despejada la especie que la política frentista conduce necesariamente al Frente Popular.

Sin embargo, en atención a lo ya expuesto en otros capítulos de este documento, el camino de las masas, y la estructuración de la vanguardia en relación a que una política obrera dirija a los explotados, se constituye en un problema esencial para los reconstructores de la Cuarta Internacional.

Sin perder su carácter táctico, el Frente Unico es, a nuestro modo de ver, una llave maestra respecto a la apertura y desarrollo de dicho trabajo. En verdad, la resolución de la crisis de dirección revolucionaria depende en buena medida de la habilidad para la utilización de dicha táctica, al tiempo que debemos combatir las tendencias a la disolución partidaria que supone como riesgo su aplicación.

Esto es así porque la vanguardia (como reflejo más o menos deformado del nivel general de conciencia de las masas), nos viene dada bajo las tradiciones y la dirección de corrientes y partidos contrarrevolucionarios (la sociademocracia, el stalinismo, el nacionalismo burgués o pequeñoburgués, el foquismo, etc.).

Transcurrir una experiencia común con las bases y cuadros medios de esas direcciones, en choque más o menos abierto con sus direcciones, es una tarea por un largo período (como enseñan las Tesis de Oriente de la Internacional Comunista), por la sencilla razón que no hay pases de magia en la difícil construcción de la independencia política del proletariado.

Por lo tanto, el Frente Unico no se limita para nosotros a un acuerdo coyuntural ante una circunstancia puntual (como parecieran expresarlo los camaradas del Colectivo), sino de una forma de agrupamiento, que sabe leer las posibilidades transformadoras de los revolucionarios respecto a la vanguardia.

Nuestra organización, la TCI, se ha forjado en la lucha por el Frente Unico contra dos tendencias igualmente peligrosas:

1) La abstracta-sectaria-mentirosa, encarnada en el lorismo, que lo proclama incluso de un modo que pareciera estratégico, y no lo construye en la práctica, autoproclamándose "dirección", y condenando falsamente a la defunción a las verdaderas conducciones de las masas (el nacionalismo en clave indigenista, el stalinismo). En las jornadas de octubre del 2003 quedó demostrado que, lamentablemente, "los muertos que vos matáis gozan de buena salud".

2) La concreta-sectaria-auténtica, que con cuna conocida en el morenismo, pretende establecer una contraposición absurda y arbitraria entre las Tesis de Oriente y la Teoría de la Revolución Permanente. Recomendamos al lector avanzar en el estudio teórico (y sus consecuencia prácticas) de ambos textos, y como aporte a su estudio, repasar nuestras polémicas escritas con el Partido Bolchevique (fracción de PO), y especialmente, con la LBI de Brasil.

El Comité Constructor por un POR de Argentina ha condensado estos debates en sus Pautas Programáticas, actualizadas en el Xº Congreso.

Desde luego, el documento convocante a la Conferencia se ubica en la segunda categoría, especialmente cuando explícitamente dicen en el punto 5:

"Reafirmamos la vigencia del programa de la Revolución Permanente contra la política del "frente único antiimperialista" refutada desde la tragedia de la revolución china de 1927."

"Todas las burguesías semicoloniales son necesariamente proimperialistas."

No queremos aburrir al lector con largas citas de Trotsky sobre la Revolución China, ni repetir las Tesis de Oriente, ni tampoco nuestras propias argumentaciones escritas ya citadas. El lector tiene a disposición todos esos textos. Queremos concentrar la artillería argumental en la relación que existe entre la segunda afirmación, y la primer definición.

Si efectivamente fuera cierto que TODAS las burguesías semicoloniales son necesariamente proimperialistas, no habría posibilidad de conducción burguesa a partir de los  roces y enfrentamientos entre las naciones oprimidas y el Imperialismo.

No serían posibles los movimientos nacionalistas burgueses que arrastran como furgón de cola a los obreros y campesinos. Poner un signo igual entre los intereses de clase ( y la relación con las masas que de ellos se desprenden) entre sectores de la burguesía que pretenden un desarrollo capitalista del país, y aquellos que se ubican como una oligarquía compradora asociada al Imperialismo, desarma políticamente para el diálogo con las masas, que no casualmente, siguen atrapadas en las mazmorras ideológicas del nacionalismo populista en vastos sectores del planeta.

Otra cosa es, haciendo la distinción correspondiente, desarrollar el pronóstico de la capitulación del nacionalismo burgués respecto al Imperialismo. El ángulo de la crítica es completamente diferente. Y un ángulo correcto es fundamental para ser escuchado, para ser leído, para influir en las tendencias y fracciones de izquierda que necesariamente se desprenden de los movimientos nacionalistas burgueses.

No a las conducciones capituladoras, no a la burocracia sindical que opera como agente de ellas, sino a esas fracciones y tendencias les proponemos la construcción del Frente Unico Antimperialista.

No nos cansamos de decir que es la misma táctica que las propias Tesis de Oriente recomiendan para los países imperialistas, bajo la denominación de frente único proletario. Y esto sencillamente porque las direcciones de las masas no son movimientos nacionalistas burgueses, sino los llamados partidos-obreros-burgueses (socialdemocracia, stalinismo, laborismo, diversas variantes de sindicalismo).

Sin conocer suficientemente el paño, nos parece, por ejemplo, correcta la táctica del Grupo de Obreros Comunistas de Nueva Zelanda denominda "¡Por una Alianza Socialista!", que explícitamente se presenta como una variante del Frente Unico Obrero. Y nos parece correcta (a pesar de tener nuestras dudas sobre la caracterización de la Isla del Rugby en cuanto a su desarrollo capitalista y su relación con el Imperialismo), porque es evidente que la dirección de las masas reside en el laborismo, es decir, un partido obrero-burgués.

Según la misma línea de pensamiento, nos parece totalmente incorrecta la táctica de frente único obrero para Chile, a pesar que las direcciones de las masas son también partidos obreros-burgueses. Esto porque, como correctamente se desarrolla en el dossier sobre dicho país, el balance histórico de estos partidos es ocupar el lugar del nacionalismo burgués de Ibáñez, conformando Frentes Populares con alto voltaje de nacionalismo populista. Por eso, el diálogo con las bases y cuadros medios de los sindicatos (dirigidos por el PC, el PS pero también por la Democracia Cristiana), es respecto a la cuestión de la opresión nacional, y es por eso, por las tareas de liberación nacional y social planteadas para Chile (inseparables del conjunto de América Latina), que la táctica adecuada es el Frente Unico Antimperialista.

Por todo esto es falsa la discusión acerca de "a quién convocar" en el llamamiento frentista, si no se define correctamente qué tipo de frente es el que hace falta.

Partiendo de la base que la política del Gobierno de la Concertación conduce a un sometimiento mayor al Imperialismo, el frente antimperialista que hay que construir debe incluir a todo aquel que esté en contra de este sometimiento, expresando en el plano del programa de acción en qué consiste el antimperialismo.

Así formula la cuestión la Internacional Comunista en sus Tesis de Oriente (jamás refutada por Trotsky, que participó activamente de sus cuatro primeros Congresos).

Y esto plantea una instrumentación práctica de la mayor importancia. Por ejemplo, los agrupamientos que nosotros construímos en los diversos frentes de masas (especialmente en los sindicatos), tienen un claro perfil de Frente Unico Antimperialista. Tanto los poristas, como los núcleos clasistas que desarrollamos a su interior, están en pugna permanente con otras tendencias que conviven con nosotros (socialdemócratas y stalinistas, peronistas y radicales mal arrepentidos, cristianos de izquierda, sindicalistas despolitizados, etc.). La dirección obrera del Frente es una compleja tarea, que por supuesto, padece de todos los riesgos de la "falta de pureza". Pero...la pureza (que no tiene riesgos de contaminación), conlleva la certeza del aislamiento, de la capitulación a las verdaderas conducciones de las masas por la vía del sectarismo y la autoproclamación.

 

 

V- Una cuestión fundamental para profundizar en el debate:

degeneración de los Estados Obreros y restauración capitalista

 

Desde nuestro punto de vista el carácter de clase de un Estado es un problema fundamental para determinar las tareas frente al mismo y para analizar la relación de fuerzas entre las clases a nivel mundial y nacional. Nuestra tendencia considera que fue un fuerte golpe hacia la clase obrera mundial la caída del Estado Obrero Ruso y en Europa del Este hacia principios de los años 90 y creemos que ha sido parte fundamental de la ofensiva imperialista de aquella década que aún tiene enormes repercusiones políticas. Los debates en torno a la cuestión de clase del Estado han sido también centrales dentro de la propia Cuarta Internacional donde hacia fines de los 30 se consolidó una fracción pequeñoburguesa con base en la sección norteamericana de la IV que ubicaba al Estado por encima de las clases. Luego esta cuestión fue base también de numerosas tendencias y fracciones, desde las pablistas pro stalinistas hasta aquellas tendencias que negaron el carácter obrero del Estado Ruso y de los llamados “Estados Obreros Deformados”.

En la convocatoria de 21 puntos se señala a  “los nuevos burgueses restauracionistas chinos, que han ideado la seudoteoría reaccionaria y antiobrera del “Socialismo de Mercado” que, como lo demuestra la brutal explotación de la clase obrera china… es la política … para poner a la clase obrera de rodillas ante los capitalistas” Pero ¿Cual es el carácter de clase del actual Estado Chino? Nuestra organizacion sostiene que es un Estado Obrero Deformado y Burocratizado pero hay camaradas que consideran que es un Estado Burgués. Ninguno de todos nosotros cree que es una cuestión menor ni que las tareas para los revolucionarios puedan ser las mismas partiendo de una u otra definición. ¿en nuestra estrategia debe predominar la destrucción de la máquina estatal del enemigo y la construcción de un Estado Obrero o la revolución política violenta contra una burocracia que usurpa nuestra Dictadura de Clase? Existen grupos como la FT-Estrategia Internacional o el Movimiento por la Refundación de la Cuarta Internacional a los cuales hace tiempo no les escuchamos una sola palabra relacionada al “detalle” de determinar el carácter de clase de los Estados Chino y Ruso, de los cuales hasta hace pocos años sostenían que eran ambos Estados Obreros burocratizados y degenerados. ¿Cual es la posición del “Colectivo” al respecto?

Creemos que es necesario reexaminar y discutir las consideraciones que ha sostenido la IVª con respecto a la cuestión del Estado, las condiciones de surgimiento de una Dictadura Obrera, las relaciones del mismo con el modo de producción imperante, la transición al comunismo, etc. En nuestra revista semestral Internacionalismo tendremos una sección dedicada especialmente a analizar estas cuestiones. La acontecimientos en la ex-URSS, Alemania Oriental, Yugoslavia, China, Cuba, etc nos obligan a profundizar programáticamente, más aun si tenemos en cuenta que los principales desarrollos al respecto luego de la muerte de Trotsky han venido de la mano de Pablo y su epígono Mandel. Más aun cuando vemos la cobardía teórica y las consideraciones diplomáticas de buena parte del centrismo a la hora de establecer claramente sus posiciones al respecto.

 

VI- La importancia del centralismo democrático:

no hay lugar en la reconstrucción de la IV Internacional

para las camarillas stalinizadas

 

El documento convocante a la Conferencia destaca nuestros orígenes: somos todos producto del estallido, del astillamiento, de los principales troncos del "trotskysmo".

Nos parece muy importante subrayar, sin embargo, qué se quiere decir con la "parte sana", con los "elementos sanos".

Para no caer en una visión subjetivista (e incluso idealista) en la caracterización de nosotros mismos y de los múltiples grupos y militantes sueltos que más tarde o más temprano recorren nuestro camino, es necesario precisar factores concretos que nos permitan "objetivar la salud".

Como ya se ha dicho, ninguno hemos sido nombrados "Inspectores de Aduana" a la hora de revisar los pasaportes para ingresar a la Cuarta Internacional.

La TCI le da una enorme importancia a la cuestión metodológica, a aquella que permita la contención formal para el desarrollo del contenido de los debates.

Es obvio que el centralismo democrático como concepto y como método sólo es posible en su cumplimiento completo y cabal con un mayor desarrollo del partido mundial. Desarrollo en lo programático y en lo organizativo, que supone una elevación del nivel de los cuadros y una mayor influencia en las masas.

Teniendo en cuenta esta limitación, nos parece fundamental explorar en nuestro funcionamiento esta cuestión: somos el producto del estallido de revisionismo del trotskysmo, pero no somos cualquier producto: somos los expulsados, los expurgados, los perseguidos por las burocracias stalinizadas, que también se reproducen como caricaturas en muchas de las astillas de los troncos centristas.

Desde nuestra expulsión del Partido "Obrero", hemos recorrido un largo y escabroso camino:

*sufrimos la expulsión por disidentes, pero además la complicidad de Jorge Altamira y la dirección del P"O" con los órganos de represión ante la detención de Fernando Armas en 1989.

*nuestra excesivamente larga convivencia con el POR de Boliva nos llevó a capitular en un primer momento ante la expulsión de Bacherer. Sólo la profunda autocrítica que significó nuestro VII Congreso nos pudo reencausar programática y metodológicamente.

*La formación del Comité Paritario con el PTS (antes de la escisión de lo que es hoy la LOI-CI), nos hizo conocer una burocracia más elegante, de "guante blanco", que incumplió un compromiso elemental firmado con nosotros: entregar a los cuadros medios y a la base nuestro documento crítico ante el proceso de ruptura, hoy conocido como "la carta escondida".

Una diferencia preexistente a esos acontecimientos (la política hacia las fuerzas armadas y de seguridad) fue tomada como excusa para la ruptura, siendo usada como taparrabos para tapar las verdaderas diferencias ideológicas, políticas y metodológicas entre el PTS y el Comité Constructor por un POR.

*El núcleo fundamental que hoy configura la Fracción Trotskysta de Brasil sufrió la marginación burocrática de la secta lorista de Brasil (la T.POR), por plantear una disidencia política en ocasión de la ocupación de la Embajada de Japón en Perú por parte del grupo foquista Tupac Amaru.

*Las Jornadas Internacionales de Debate programadas con la LBI brasileña fueron burocráticamente abortadas por este grupo, con el expediente stalinista de una exclusión previa, la de la Fracción Trotskysta, por una supuesta capitulación al Frente Popular de este grupo en un frente de masas.

En todos los casos, los que hoy integramos la TCI cerramos filas contra todo tipo de maniobra que apunte a bloquear el desenvolvimiento del debate, que apunte a oscurecer la discusión. En este sentido, coincidimos con la idea de "Luz, luz y más luz".

Del mismo modo, ya hemos adelantado nuestra voluntad de participar en un Tribunal Moral que enjuicie la conducta policial y delatora de la dirección del Partido "Obrero" en el conocido caso de un camarada de la LOI-CI.

Para finalizar este capítulo, nos interesa en particular ir más a fondo en la jerarquía de esta cuestión metodológica: no se trata de un principio abstracto, ni mucho menos de una categoría moral absoluta. La lucha política exige vitalmente democracia obrera para crecer, y sólo un rico proceso de lucha de contrarios en el campo del marx-leninismo-trotskysmo puede dar lugar a la síntesis revolucionaria, a la maduración de los cuadros, a la solidez en la intervención práctica. Somos centralistas democráticos (y en esta fase de construcción, preferimos excedernos en la democracia), por necesidad, porque sólo este método puede conducir a avanzar en nuestro objetivo: reconstruir la Cuarta Internacional y sus secciones.

 

VII- ¿Qué Conferencia Abierta es posible?

 

El capítulo anterior nos permite precisar el carácter que debiera tener una Conferencia internacionalista proletaria hoy:

a) Debiera tener un carácter ABIERTO, en el sentido de privilegiar el juego democrático interno y la lucha política de tendencias, más que la cristalización hegemónica de algún sector. Debe ser, pues, un escenario para los múltiples debates cruzados que hay en el marxismo-leninismo-trotskysmo internacional. En este sentido, coincidimos esencialmente con el planteo que hace Silvia Novak respecto a la necesidad de trabajar políticamene sobre el centrismo, buscando atraer a las astillas que se desprenden de los troncos fundamentales. (ver suplemento de BIOI Nº 5).

b) El LÍMITE para esta apertura debe estar dado por dos cuestiones básicas:

b1: En cuanto a posición política pública, la definición ante el aspecto fundamental que marca la lucha de clases a nivel mundial en los últimos años, cual es la invasión imperialista a Irak. Quien no se ubique en el campo de la nación oprimida, en lucha por la derrota del Imperialismo, no tiene nada que hacer en esta Conferencia.

b2: En cuanto a su régimen interno, una práctica concreta que excluya y repudie todo mecanismo stalinista burocrático de expulsión, de purga y de liquidacionismo del debate interno. Es verdad que esta condición sólo es objetivable respecto a los grandes troncos del "trotskysmo", pero nos parece fundamental una definición tajante de toda escisión de los mismos respecto al régimen interno de partido que sufrieron.

c) El MÉTODO de preparación debe consistir en la edición de un boletín interno internacional, que publique obligatoriamente todos los documentos de los grupos y camaradas que adhieren a la convocatoria. En este contexto, nos parece legítimo que cada tendencia o sector saque su propio material (tenemos entendido que el "Colectivo" está pronto a resolver la salida de "Revolución Permanente", y nuestra TCI está cerrando la edición del primer número de "Internacionalismo").

d) La FECHA de concreción del evento debiera considerar la prioridad de la preparación, de modo de interesar a nuevos grupos, y avanzar en la maduración genuina y colectiva del debate entre aquellos que ya adherimos. Nos parece que seis meses de preparación es un tiempo razonable, que ubicaría el evento dentro del 2004, sin urgentismos que pudieran abortar el desarrollo de las discusiones.

e) Las CONCLUSIONES de la Conferencia no las podemos definir apriori. Pero sí queremos decir que no se trata sólo de discutir, sino de avanzar en las acciones prácticas a escala mundial, y también en cada país donde hay más de un grupo organizado. Sería conveniente la organización de plenarios y reuniones conjuntas de esos grupos, que a su vez pudieran atraer a otros sectores y compañeros, no sólo para los debate preparatorios, sino para la acción política común que la situación exige.

 

ENERO DE 2004

Comité Constructor por un Partido Obrero Revolucionario (Argentina)

Fracción Trotskysta (Brasil)

Integrantes de la Tendencia Cuarta Internacionalista (TCI)