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Lucha Marxista
LA FTI Y SU “CENTRO
INTERNACIONAL”
La FTI
(ex – COTPCI) impulsa una Conferencia Internacional para diciembre próximo, donde
pretende fundar un “Centro Internacional”; pero esta Conferencia y este Centro
no se dirigen hacia el reagrupamiento revolucionario del trotskismo. Para
explicarlo nos remitiremos a la sustentación de este proyecto hecha por la
propia FTI, en el artículo “Nuestra lucha por un ‘Zimmerwald y Kienthal’ en
el camino de regenerar y refundar la IV Internacional”, firmado por Silvia
Novak y aparecido en el BIOI # 6 de Noviembre de 2003.
La FTI escribe como si los años ‘10, ‘20 y ‘30 del siglo XX, años de las crisis en las Internacionales II y III, y en que los revolucionarios se vieron obligados a luchar por su reagrupamiento en su mayor parte desde el interior de los partidos reformistas de masas, fueran estos mismos años en que nos encontramos. Contra la patente actualidad, la FTI desea con fervor que la historia pudiera repetirse, para continuar refiriéndose mecánicamente a ella y así convertir sin problema sus equivocadas deducciones en dogmas. Pero como lo verificamos ante nuestros ojos, la creación y posterior debacle de la IV Internacional ha colocado a los revolucionarios trotskistas en una situación histórica distinta, en general, y en particular en cuanto a las circunstancias prácticas de la lucha por el reagrupamiento. Empezar, como lo hace la FTI, por asimilar las condiciones concretas en que están colocados los núcleos revolucionarios hoy en día, a las condiciones vigentes ochenta años atrás, es empezar muy mal. Sin embargo eso es lo que hace cuando intenta respaldar mecánicamente su proyecto en determinada sucesión de acontecimientos de la formación de la IV Internacional, de la constitución de la III y de las Conferencias de Zimmerwald y Kienthal, tal y como estos ocurrieron, tomados como procesos indispensables que hay que reproducir fielmente en nuestro tiempo. Todo el artículo responde a esta pésima visión. Para la concepción de la FTI, es necesario calcar la historia, aunque la historia se nos resista. Pero lo peor, por supuesto, son las fatales conclusiones que se desprenden de ahí.
Una de
ellas es su posición sobre Zimmerwald. Si los leninistas se encontraron en la
necesidad de intervenir en un esfuerzo de reagrupamiento hegemonizado por el
centrismo – el Comité Socialista Internacional de Zimmerwald – entonces los
revolucionarios de hoy deberíamos revivir necesariamente tal experiencia, al
punto de generar nosotros mismos los obstáculos para el reagrupamiento que
aquella vez nos impusieron las circunstancias externas. Esta concepción antidialéctica
plantearía: si actualmente es posible tomar otra opción concreta para la
construcción de la Internacional revolucionaria, no es válido seguirla, puesto
que inexorablemente hay que constituir primero un reagrupamiento centrista
zimmerwaldiano. De esta manera, el estandarte de Zimmerwald y Kienthal que
ondea la FTI, resulta un pernicioso dogma capaz de empantanar y hasta abortar
la formación de una fracción revolucionaria internacional, germen de la
Internacional, como lo fueron en su momento la Izquierda de Zimmerwald, la
Oposición de Izquierda Internacional o, más atrás, la Liga de los Comunistas.
La mención de la fundación de la III Internacional o de la conformación del
Bloque de los Cuatro, no respaldan la concepción mecanicista de la FTI. La
Internacional Comunista no se fundó bajo el plan de llenarla de “centristas
cristalizados”; no se fijó a sí misma una fase imprescindible en que la mayoría
correspondiera a los “compañeros de ruta”. Tampoco la necesidad de un bloque
con los sindicalistas revolucionarios tenía esa significación. Asimismo, la
Oposición de Izquierda Internacional nunca hizo de ningún posible
reagrupamiento con el centrismo, una “etapa” ideal. La Declaración de los
Cuatro se dio en el contexto de la participación de la Oposición trotskista en
la “Conferencia de las organizaciones comunistas y socialistas de izquierda”,
Conferencia no convocada por la Oposición; y al mismo tiempo, el SAP y el OSP,
miembros del Bloque episódico y no de la Oposición trotskista, fueron
calificados por Trotsky de centristas de izquierda. Por supuesto que,
ateniéndonos al desarrollo programático revolucionario, el Bloque de los Cuatro
no es ningún paradigma. Fueron los trotskistas de la Liga Comunista
Internacional quienes hicieron ese desarrollo.
A los revolucionarios de
nuestro tiempo no nos acaba de suceder el descalabro del Buró Socialista
Internacional – II Internacional, ni acabamos de ser excluidos de la Comintern.
También la IV Internacional se desmoronó hace ya más de cincuenta años.
Aquellos acontecimientos implicaron determinadas circunstancias en que los
bolcheviques-leninistas supieron dar pasos tácticos para el reagrupamiento
comunista internacional. Nada de esto nos obliga en nuestras circunstancias a
una repetición de Zimmerwald ni a la inmediata conformación de un centrista
Comité Socialista Internacional. La desintegración de la IV Internacional nos
ha colocado ante la tarea de la generación de una corriente internacional que
forje su identidad sobre la demolición programática del centrismo cuartista
de las últimas décadas. Nuestras tácticas deben responder a esta noción de
reagrupamiento. Toda pretensión de permanecer como la izquierda de un
imaginario “movimiento trotskista mundial”, como siempre se ha reivindicado la
FTI, significa formar parte del conjunto de las vertientes de ese centrismo
revisionista, y terminar concentrándose en establecer una siguiente “etapa” de
reagrupamiento centrista internacional.
Etapismo
centrista
La FTI
pretende ignorar que Lenin afirmaba el 10 de abril de 1917 en “Las
tareas del proletariado en nuestra revolución”: “17. La Internacional
de Zimmerwald adoptó desde el primer momento una actitud vacilante,
‘kautskista’, ‘centrista’, lo que obligó inmediatamente a la izquierda de
Zimmerwald a retirarse, a separarse de los demás y emitir su propio
manifiesto”. Pero según el método de la FTI, los revolucionarios tienen el
deber de empeñarse en impulsar un reagrupamiento internacional con quienes desde
el primer momento se sitúan en el centrismo. Haciendo de la necesidad
virtud, la FTI llega a decir que “Sin esas conferencias (...) no habría podido
ponerse en pie la izquierda de Zimmerwald”; lo que equivale a decir que el
leninismo fue, y siempre habrá de ser, un subproducto de cualquier proyecto
centrista. Nada más falso. Trotsky nos recuerda cómo es que sucedió: “Tan pronto como se consolidó la "Izquierda de
Zimmerwald", Lenin, pese a su extrema debilidad (era incomparablemente más
débil que la actual organización internacional de los bolcheviques leninistas),
planteó la ruptura con Zimmerwald. La ruptura se retrasó contra los deseos de Lenin, que, sin embargo, no se
engañaba en su caracterización” (¿Alquimia centrista o marxismo?,
24.04.1935). Es decir que la aparición y consolidación de la “Izquierda de
Zimmerwald” fue el resultado, no de alguna “etapa” centrista, sino de la
política con que Lenin acudió desde un principio a Zimmerwald, Conferencia que
por cierto los leninistas no habían organizado. Sin embargo, para
la FTI, existe una etapa de la lucha por la regeneración y
refundación de la IV Internacional, que consiste en reagruparse con el
centrismo en un “Zimmerwald y Kienthal”. Según ellos “Lenin en 1915 – 16 no
pudo darse el lujo de saltarse esa etapa”, “jamás planteó ‘saltarse’ esa
etapa”. Estas afirmaciones son obviamente muy lamentables y revelan que la
publicitada concepción de “Zimmerwald y Kienthal” tiene un carácter reformista
que llega a ser explícito. Para la FTI, la regeneración y refundación de la
IV tiene un ineludible carácter etapista, donde el reagrupamiento con el
centrismo en un “Centro Internacional” es inevitable.
Es
imposible no identificar inmediatamente esta idea del “Centro Internacional”
con la del Frente Único Revolucionario (FUR) del morenismo. ¿Qué otra cosa
puede significar presentar al “Centro Internacional” del que habla la FTI, como
“un objetivo central para todo un período” (Silvia Novak, 17.06.03)?. El
FUR es justamente la concepción de que los revolucionarios deben fundirse en un
solo partido con los centristas, para que luego de un período, largo, esta
experiencia de a luz un partido revolucionario de masas. En el caso del “Centro
Internacional”, quiere decir que tras un período – etapa - de cohabitación
centrista, es de suponer que se habría regenerado y refundado la “Cuarta
Internacional”. El único inconveniente es que el FUR le lleva ventaja al
“Centro Internacional”. El FUR ya ha llegado a la realidad desde la teoría,
pues los FUR estrellas del morenismo son experimentos concluyentes: el MAS como
converso al reformismo y el PSTU como abanico de oportunistas.
Un claro
ejemplo de esta concepción oportunista de la FTI sobre el centrismo, fue la
conformación de su “polo” o “bloque” “revolucionario” electoral con la LSR
argentina, durante el 2003. La LSR es una organización que no se ha manifestado
en ningún momento interesada en la Conferencia Internacional que estaba
planteada y que no adhirió a la Convocatoria ni remitió texto alguno de
contribución a ella. Sin embargo, la FTI convirtió oportunistamente a la LSR
centrista en “revolucionaria”, gracias a que ésta poseía la legalidad electoral
necesaria. ¡El “polo revolucionario” no era sino el Colectivo por la
Conferencia Internacional, que había elaborado un programa de acción
internacionalista, programa desdeñado por la LSR! Lo que sucede es que la FTI
realiza denodados intentos para que la LSR, y organizaciones similares, se
avengan a ser parte de su proyecto de “Centro Internacional”. El afiebrado
sectarismo de la FTI respecto a la mayoría de las organizaciones del Colectivo
por una Conferencia Internacional, fue el correlato de su ágil oportunismo
frente a la LSR y posteriormente de su abandono del Colectivo - concebido como
comité de pares bajo un programa revolucionario - por un “Comité Paritario”
(que remite a la aventura Moreno-Lambert de 1979), organismo donde la FTI
pretenderá maniobrar y controlar a los eventuales grupos centristas que consiga
integrar en él hacia el futuro “Centro Internacional”.
Ahora la
FTI quiere regenerar la Cuarta Internacional. Ya no refundarla;
seguramente es innecesario porque es suficiente con declarar regenerados a
determinados fragmentos para que la “Cuarta Internacional” quede más viva que
nunca. La cuestión es que todos los experimentos de “reconstruir”, “regenerar”
o “refundar” la IV durante medio siglo, no nos acercaron ni un paso a la
construcción del partido mundial de la revolución socialista, pero terminaron
de pulverizar toda posibilidad de levantar una Internacional obrera
revolucionaria pegando las astillas de los epígonos. El caso de la FTI, astilla
del centrismo morenista que pretende establecer un FUR internacional, es muy
ilustrativo de las nulas perspectivas de declarar renacida la IV Internacional,
ignorando las reales condiciones en que nos ha colocado su completa destrucción.
Cuando
elaborábamos la Convocatoria a la Conferencia Internacional, y los integrantes
del Colectivo por una Conferencia Internacional discutíamos sobre el “Centro Internacional”,
aún no resultaba claro que no todos hablábamos de lo mismo. Al menos varios de
los grupos ajenos a la FTI, nunca hemos asimilado el “Centro Internacional” al
que se refiere la Convocatoria, con algún tipo de “etapa” centrista. Lo
reivindicamos desde un inicio como un sinónimo de fracción internacional
leninista-trotskista, no como el dogma etapista centrista que por lo visto
siempre fue para la FTI. Sólo en diciembre del año pasado (habiendo ya roto con
el ex COTPCI), cuando conocimos el artículo en cuestión, pudimos comprobar las
verdaderas intenciones de la FTI: “los camaradas de Lucha Marxista y del GB,
que luchan por una nueva internacional bajo su fórmula algebraica, plantean que
se trata de marchar directamente a poner en pie una ‘izquierda de Zimmerwald’,
lo cuál significa a nuestro entender, que la lucha que estamos dando por
convocar a la Conferencia internacional perseguiría de hecho el objetivo de
poner en pie una tendencia o fracción trotskista revolucionaria e
internacionalista” (...) “la tarea del momento es poner en pie un centro
internacional de reagrupamiento de las fuerzas sanas del trotskismo principista
y de las corrientes obreras revolucionarias que evolucionan de derecha a
izquierda. Esto es, se trata de luchar por una Conferencia Internacional, por
un Zimmerwald y Kienthal...”. De esta manera recién vino a quedar en
evidencia esta grave discrepancia de fines existente.
Lucha
Marxista, como el Grupo Bolchevique y los grupos miembros del Colectivo,
estamos por intervenir en los procesos del centrismo pero no por capitular ante
él. No sólo eso. Como LM también consideramos necesario, y lo ponemos en
práctica, trabajar hacia ciertos grupos del reformismo de izquierda y hacia la
base de los partidos reformistas. Las aseveraciones de la FTI sobre esto quedan
en el aire. Las grandes divergencias sobre la Conferencia Internacional se
refieren a sus fines y a los métodos con que se marcha hacia ella. Los
camaradas de Lucha Marxista éramos para la FTI “revolucionarios internacionalistas”,
pocos meses antes de que descubrieran que podían captar a un oportunista ex
militante de LM, cuando para el caso nos convirtieran en “stalinistas”,
“polpotianos”, “grupo descompuesto” y cien adjetivos más; para luego volcar
sobre el Colectivo un aluvión inmoral de mentiras, con los podridos métodos del
centrismo de décadas. En fin, las circunstancias se han desencadenado en el
sentido de que la FTI impulsa su propia Conferencia Internacional, al margen de
la mayoría de los grupos del Colectivo que originalmente tomó la tarea de
organizarla. El Colectivo no renuncia a organizar una Conferencia del
Trotskismo Principista, pero sin las trampas del morenismo. Mientras tanto, con
la clarificación del proyecto de la FTI, los grupos revolucionarios que simpaticen
con la Convocatoria elaborada por el Colectivo el año pasado, están ahora en
mejor posición para afinar su caracterización de la FTI y sus relaciones con
ella. En Lucha Marxista estaremos atentos a los descargos programáticos que
seguramente hará la FTI. Lástima que, para variar, habrá que invertir demasiado
tiempo en leer millares de líneas de una verborragia repetitiva, saturada de
muletillas y frases hechas, que no aportan absolutamente nada al debate.
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