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declaración del Grupo Germinal (en defensa del marxismo)

16 de septiembre de 2006

 

 

¡FUERA TROPAS ESPAÑOLAS DE LÍBANO!

 

¡NI UN EURO PARA APOYAR LA POLÍTICA IMPERIALISTA CONTRA LAS MASAS DE ORIENTE MEDIO!

 

Ayer desembarcaban en las playas de Tiro 560 mercenarios españoles pertenecientes a la Fuerza Expedicionaria de Infantería de Marina. El buque de asalto Galicia y el de desembarco Pizarro (escoltados por la fragata Almirante Juan de Borbón y el buque de apoyo logístico Patiño) los han trasladado desde la base naval de Rota de la que zarparon el pasado día 8. Los soldados de la Armada española se dirigirán a Taibé y, más tarde, a Marjayún para cumplir el ‘mandato’ de la ONU integrados en la FINUL (Fuerza Interina de Naciones Unidas... que lleva en Líbano desde 1978). Vehículos de Asalto Anfibio, Vehículos de Combate Piraña III, Humeer, lanzagranadas, ametralladoras pesadas, misiles contracarro Tow 2, cañones de 25 milímetros más 7 helicópteros (que permanecen a bordo de los buques de guerra) son parte del arsenal de armas con el que cuenta esta fuerza expedicionaria española destinada a sembrar la “paz”. La previsión es que estas fuerzas sean reemplazadas, en su mayor parte, de aquí a un mes por la Legión. El ejército español ha realizado, con ello, el desembarco armado más importante desde el desembarco imperialista en la bahía de Alhucemas.

 

Unidad nacional de los partidos ‘democráticos’ burgueses y obrero-burgueses (PP, PNV, CiU por una parte y PSOE y IU-PCE por otra) para apoyar, de nuevo, las intervenciones imperialistas de la burguesía española

 

El 1 de septiembre el Consejo de Ministros aprobó llevar al Parlamento la solicitud de participación en la FINUL, fijando un límite de 1.100 militares en ella. Los ‘expertos’ militares aconsejaban destinar un mayor número de mercenarios. El Congreso de los Diputados aprobó la solicitud del Gobierno Zapatero, el 7 de septiembre, con 306 votos a favor y dos abstenciones. Es decir, el PSOE, el PP, IU, CiU, ERC, BNG... todos los grupos parlamentarios aprobaban la propuesta del gobierno. El mismo día en que el Gobierno acordaba solicitar al Parlamento el envío de la fuerza expedicionaria, la embajada israelí en España hacía público un comunicado en el que declaraba ver “con satisfacción la decisión referente al envío de un importante contingente militar español en el marco de la FINUL [...] Israel considera que esta fuerza internacional de interposición para la implementación de la resolución 1701 en todos sus párrafos, y en particular para el restablecimiento entre la Línea Azul y el río Litani de una zona libre de todo personal armado, bienes y armas, excepto los del Gobierno del Líbano y de la FINUL”. Llamazares, portavoz de IU, contó con el apoyo de Francisco Frutos, secretario general del PCE, para votar a favor de la nueva incursión imperialista de la burguesía española... a cambio de volver a ‘exigir’ al gobierno un ‘calendario’ de retirada de Afganistán. En el debate de aprobación en el Congreso, el 7 de septiembre, José Antonio Alonso adelantó que el coste de la operación imperialista rondará los 20 millones de euros, que no serán contabilizados en el presupuesto de Defensa sino que saldrán de partidas extraordinarias del presupuesto. De nuevo el Congreso de los Diputados se convertía en el lugar de plasmación de la “unidad nacional” de cara a la proyección armada imperialista de la burguesía española, sólo que esta vez la ‘unidad nacional’ (española, claro) abarcaba a todo el ‘arco parlamentario’. El ministro de defensa, Alonso, podía afirmar ante las tropas expedicionarias, el día 8, que “por primera vez” el Parlamento apoyaba su acción armada por unanimidad.

 

“En misión de paz” ¿De qué paz?

 

En el desarrollo de los ‘debates’ parlamentarios, y fuera del parlamento, el líder del PP ha acusado a Zapatero de hacer lo mismo, pero en mayor cantidad, que lo que hizo Aznar. Zapatero, secundado no sólo por los diputados y dirigentes socialdemócratas sino también por Llamazares y los dirigentes de IU-PCE, ha insistido en que las tropas imperialistas españolas van esta vez en misión de paz. El teniente general jefe de la Fuerza Terrestre del ejército español, Pedro Pitarch, explicaba el 2 de septiembre en Vitoria que esta “misión” se cumple respaldada por “la mayor fuente de derecho internacional” haciendo referencia a la resolución 1701 de la ONU. Por su parte el ministro de defensa, Alonso, afirmaba ante las tropas que embarcaban el día 8 que la intervención que iban a realizar “Es una operación bajo la legalidad internacional”. Sin embargo, a la hora de acogerse a esta “fuente de derecho internacional” que, según ellos, es la cueva de ladrones denominada ONU, todos olvidan la resolución 242 de 1967 que ‘exigía’ a Israel que se retirase de los territorios ocupados en la guerra de los Seis Días y también la 446 de 1979 que exigía el final de los asentamientos en Gaza, Jerusalén y Cisjordania.

 

En efecto, se trata de una misión de ‘interposición’ entre fuerzas contendientes para asegurar la paz. Pero la “paz” suele tener dueño y en este caso lo tiene y bien claro: se trata de la paz del estado sionista al servicio del imperialismo. La paz impuesta y mantenida gracias a la opresión y explotación del pueblo palestino, la paz que garantiza el control imperialista sobre el Oriente Próximo.

 

¿Qué es Israel? ¿Qué es el Líbano? ¿Qué es Jordania?

 

El 29 de noviembre de 1947 la ONU adoptó el plan de partición de Palestina que abría el camino al reconocimiento por la ‘legalidad’ internacional del estado israelí. La URSS y Francia votaron junto con los EEUU a favor mientras que Inglaterra, potencia ‘protectora’ del territorio hasta ese momento, se abstenía. El 14 de mayo de 1948, el Consejo Nacional Judío proclamó la independencia de Israel y el 15 Washington reconocía al estado de Israel. Los EEUU tomaban el testigo del imperialismo inglés en decadencia. Los podridos ejército de Transjordania, Egipto, Siria, Líbano e Irak invadían Palestina pero el estado israelí, reconocido el 17 del mismo mes por la URSS, recibía armamento a mansalva gracias al puente aéreo entre Checoslovaquia e Israel establecido ex professo. Gracias al apoyo del imperialismo y del estalinismo, Israel vencía en esta primera guerra. Después se dedicó a una política feroz de expropiación y expulsión de los palestinos. Hoy en día, si bien Israel es una potencia económica sigue existiendo gracias a la ayuda estadounidense (es el estado que mayor ayuda exterior recibe de los EEUU). De hecho, Israel es una enorme base militar de los EEUU.

 

Con la imposición a de las fronteras, siempre en ampliación, del estado israelí se consolidaba la partición de la zona geográfica conocida como Oriente Medio, partición diseñada en los planos de los estados mayores de las potencias imperialistas e impuesta a las masas de la zona mediante las intervenciones imperialistas y de estados en manos de burguesías compradoras y en defensa de los intereses de la propiedad capitalista y semifeudal de los grandes terratenientes. Líbano y el Reino de Jordania son un buen ejemplo.

 

Líbano fue creado como resultado del reparto de los despojos del imperio otomano, tras su caída en 1916-1918, entre las potencias vencedoras en la Primera Guerra Mundial: Francia e Inglaterra. Francia se quedó con la zona siriolibanesa instituyendo una república parlamentaria con una constitución dictada por ella, la de 1926, que dotaba de enormes ventajas a la minoría cristiana sobre la que Francia se apoyó para controlar la zona. La historia de Líbano es la historia de constantes guerras civiles a cuenta de los intereses de las diversas facciones burguesas y semifeudales y, por interposición, de las potencias imperialistas. Líbano es el heredero del “Gran Líbano” construido mediante la unión forzada por el imperialismo francés del “pequeño Líbano” cristiano maronita con los territorios predominantemente musulmanes del norte (Trípoli), del sur (Tiro) y del la llanura oriental de la Bekaa. La guerra civil de 1975-76 entre ‘cristianos’ y palestinos resultó en la ocupación de Beirut por Siria (en apoyo a los cristianos).

 

El estado jordano se asienta sobre territorios que fueron ocupados, y puestos bajo su ‘protección’, por Inglaterra en 1917-1918. En 1923 la potencia imperialista ‘reconoce’ la independencia sometiendo el territorio a la dinastía hachemita para volver a convertirlo en 1928, de nuevo, en protectorado. Tras la Segunda Guerra Mundial se ‘proclama’ de nuevo la independencia en 1946 bajo el nombre de Reino Hachemita de Jordania. En 1950 se anexionó Cisjordania y Jerusalén (que Israel se anexiona, a su vez, en 1967). En septiembre de 1970 el ejército hachemita masacró a las milicias y población palestina de sus territorios.

 

Una ofensiva militar aplastante preparada desde hacía tiempo... que ha demostrado, de nuevo, los límites del estado burgués sionista

 

Tras el triunfo ‘democrático’ de Hamás en las urnas en Gaza, cuya limpieza no han cuestionado los observadores de la ONU. Israel pasó a una nueva fase de su política contra el pueblo palestino. La excusa para bombardear masivamente, por enésima vez, la franja de Gaza fue la captura del soldado Shalit por milicianos palestinos pero la política de hacer que “los palestinos adelgazaran aunque sin matarlos de hambre” se puso en marcha antes; en ella ayudaron a Israel todas las potencias imperialistas cortando y bloqueando los subsidios internacionales destinados al mayor apartheid existente en el mundo. El 28 de junio el ejército sionista desataba la ofensiva sobre los Territorios de la Autoridad Palestina. La única central eléctrica (no destruida antes porque también servía para suministrar electricidad a los colonos judíos), carreteras, edificios, centros educativos, coches particulares, grupos de niños y de mayores... todo se convertía en blanco de la artillería israelí o de las excavadoras. El único aeropuerto, el de Rafah, era ocupado pero no podía ser destruido pues ya lo había sido anteriormente.. Paralelamente, más de veinte parlamentarios y decenas de alcaldes elegidos democráticamente de acuerdo con las normas impuestas por el mismo imperialismo eran detenidos en Cisjordania. Mientras, los milicianos de Hamás se batían con su armamento ligero y respondían a la artillería pesada israelí con sus cohetes caseros. Ningún gobierno árabe se dignaba condenar la ataque del ejército israelí contra la población palestina encerrada en la franja de Gaza. Y no por casualidad: “Tenemos más miedo a Hamás que a vosotros” le reconoció un diplomático egipcio hace ya meses a Dov Weisglass, principal asesor del primer ministro israelí Ehud Olmert. Desde el mismo 25 de enero, fecha de las elecciones ganadas por Hamás, comenzó la nueva ronda internacional de asfixia sobre el pueblo Palestino. La franja de Gaza, depauperada, asediada y utilizada como reserva de mano de obra barata para las empresas israelíes desde su creación, aún quedaba peor tras los masivos bombardeos y el bloqueo total: “La actividad económica en Gaza ha sido completamente aniquilada por el Gobierno israelí. Nada se puede exportar, ni siquiera a Cisjordania. Se han dejado de cultivar flores, tomates y verduras. El Ejército ha destrozado campos agrícolas y las fábricas no producen porque no se permite la entrada de materias primas. No podemos salir de Gaza, los palestinos no pueden trabajar en Israel, la mayoría de los empleos dependen de la ANP”, esta es la fotografía que ofrecía a el diario El País Yihad Hamad jefe del Departamento de Sociología Política de la Universidad Al Ahzar... bombardeada también.

 

El 12 de julio comenzaban los bombardeos sobre Líbano. En este caso la excusa inmediata era la detención por Hezbolá de dos soldados israelíes que se encontraban dentro de Líbano. El aeropuerto internacional de Beirut, la carretera Beirut-Damasco, los puentes, la zona sur de Líbano (con mayoría de población chií) y también la zona sur de Beirut (igualmente poblada mayoritariamente por chiíes) eran literalmente planchadas por los bombardeos de la aviación israelí. El 22 de julio, el ejército israelí ya había ocupado el sur de Líbano y destruido buena parte de las infraestructuras del país entero. A fines del mes el ejército de tierra sionista se retiraba de Bint Yebel, “capital” de la milicia Hezbolá, tras haber declarado en varias ocasiones que había logrado su control. El 5 de agosto los soldados israelíes combatían en Tiro. El 13 de agosto profundizaba su avance y los bombardeos antes de la llegada del alto el fuego pactado con las potencias imperialistas. Pero los milicianos de Hezbolá lograban derribar helicópteros, poner fuera de combate a un buque de guerra de la armada israelí, el 14 de julio, sorprender a los soldados de tierra en escaramuzas de guerrilla y responder a los bombardeos sobre la población civil con lanzamientos de centenares de cohetes sobre el territorio de Israel: comenzó siendo la población judía próxima a la frontera con Líbano, tras 30 años sin hacerlo, la que tuvo que refugiarse en búnkeres; el 28 de julio un misil Fajr-5, de fabricación iraní, impactaba 50 kilómetros en el interior de Israel y el 4 de agosto otro misil lanzado por Hezbolá caía a sólo 30 kilómetros de Tel Aviv; Haifa, la tercera ciudad de Israel permanecía casi desierta abandonada por sus habitantes ante la respuesta de Hezbolá. El 14 de agosto el ejército israelí declaraba el alto el fuego pero mantenía el bloqueo marítimo y aéreo sobre Líbano hasta el 6 de septiembre. El sur de Líbano quedaba sembrado de millares de bombas de racimo esperando a sus víctimas civiles.

 

EEUU entregaba un centenar de misiles de precisión, guiados por láser, y más armamento que puede ser dirigido vía satélite, al ejército israelí. El ejército mejor armado del Medio Oriente necesitaba rearmarse para enfrentarse a una guerrilla de 10.000 hombres. Los 2.400 millones de dólares anuales que EEUU entrega, a fondo perdido, a Israel se demostraban insuficientes.

 

Los USA en ayuda de Israel

 

El 21 de julio Condoleezza Rice declaraba desde Washington: “Un alto el fuego que suponga sólo la vuelta al statu quo sería una falsa promesa”. La secretaria de estado de Estados Unidos se disponía a viajar para lanzar una ofensiva diplomática que cubriese la continuación de los bombardeos masivos sobre la población chií de Líbano y sobre los palestinos encerrados en el gueto de la franja de Gaza. Mientras la aviación y la artillería sionista machacaba el terreno y el ejército de tierra demostraba sus dificultades para ocuparlo, Condoleezza señalaba la diana: “Siria sabe qué es lo que hay que hacer, y Hezbolá es el origen del problema”. En el diario The Washington Post el periodista Michael Abramovitz citaba a fuentes de la Casa Blanca que expresaban la opción del presidente: “Si hay una oportunidad para triturar a Hezbolá, aprovechémosla, incluso aunque haya consecuencias que tendremos que abordar.”

 

El 28 de julio Bush y Blair se reunían en Washington. Blair acudía de nuevo a flanquear las posiciones de Bush y, por tanto, del imperialismo estadounidense. Blair declaraba: “Nada funcionará si al tiempo que resolvemos la crisis actual no ponemos en práctica medidas que impidan que esto ocurra otra vez.”

 

La ONU en apoyo a los USA-Israel pero con transacciones con los imperialismos francés y alemán

 

Mientras se intensificaban los bombardeos y los ataques y ocupación por tierra de Líbano; mientras los palestinos de la franja de Gaza (vigilados constantemente por los más sofisticados sistemas) seguían sometidos a la intensificación del constante ataque armado que sufren por parte del estado israelí, la ONU era, de nuevo, el teatro de operaciones de las transacciones entre los imperialismos. Los Estados Unidos vetaban cualquier resolución que ‘obligase’ al estado israelí a cejar en su ofensiva armada; continuaban garantizando que la ONU asegurase las fronteras del estado artificial de Israel (y al fin y al cabo su megabase militar en la zona). Para los USA la ONU no debe recordar que algún día aprobó la resolución 242 sino que, bien al contrario, debe seguir garantizando la ‘legalidad’ internacional de la existencia del estado israelí. En ello están de acuerdo todos los estados imperialistas. Por otra parte, para los USA se trata de asegurar la expulsión del imperialismo francés de la zona. Los pasillos de la ONU representaban, como siempre, la gran comedia de la hipocresía de los ladrones repartiéndose el botín.

 

Por fin, el 5 de agosto, EEUU y Francia llegaban a un acuerdo sobre el contenido de la resolución de la ONU que ‘garantizaría’ el cese completo de las ‘hostilidades’. El acuerdo entre los imperialismos francés y estadounidense se basa en las resoluciones 1.559 y 1.680 del Consejo de Seguridad de la ONU en las que dicho consejo exigió en su momento al estado artificial del Líbano que desarmase a las milicias del país (las únicas que poseen armamento, por más modesto que sea, para defender a la población de los ataques del estado de Israel). El quid del acuerdo está en que también estas dos resoluciones reconocen la plena soberanía e “integridad” territorial de Líbano, antiguo protectorado francés. Cada imperialismo se asegura, así, que los palestinos queden inermes ante cualquier ataque armado y que los estados de Israel y Líbano pervivan como producto de la dominación imperialista en la zona. ¡Por fin el acuerdo ‘humanitario’ era posible! El diario El País del 12 de agosto resumía el acuerdo:

 

a)     respeto estricto de la soberanía e integridad territorial de Israel y Líbano así como de la Línea Azul.

b)     delimitación de las fronteras internacionales de Líbano  particularmente las áreas en “disputa” como las Granjas de Shebaa.

c)      creación de una zona libre de personal armado.

d)     Desarme de todas las milicias en Líbano y extensión de la autoridad del gobierno libanés

e)     Establecimiento de un embargo internacional de venta y suministros de armas.

f)       Eliminación de fuerzas extranjeras en Líbano sin el consentimiento del gobierno libanés

 

La ‘Línea Azul’ garantiza la rapiña de parte del suelo de Líbano en manos de Israel. La zona de las granjas de Shebaa será imposible de recuperar mientras la Línea Azul, manu militare, lo siga haciendo imposible. La “creación de una zona libre de personal armado” quiere decir, realmente, el desarme de las milicias y el monopolio de las armas por el ejército quasi cipayo de Líbano y de la ONU. El “establecimiento de un embargo internacional de venta y suministros de armas” no se ejerce sobre el estado agresor, Israel, sino sobre Líbano, es decir: sobre la zona agredida a fin que continúe desprotegida.

 

El 12 de agosto Francia, Estados Unidos y Reino Unido ya se disponían a hacer aprobar por el Consejo de Seguridad de la ONU un texto definitivo basado en el pacto franco-estadounidense y con un calendario de retirada del ejército israelí y de las milicias de Hezbolá; la ONU se disponía a fijar el contingente de tropas al servicio del imperialismo que intervendrían en la zona en misión de ‘interposición’ y a mantener la ya vieja FINUL (fuerza ‘interina’ de la ONU en la zona). El mismo día, Olmert ordenaba redoblar la ofensiva militar sobre el Líbano.

 

El 18 de agosto la ONU pedía a los países miembros el envío de tropas para hacer cumplir la resolución 1.701 que concretaba el acuerdo entre los imperialismos estadounidense y francés. En total solicitaba 15.000 soldados con los pertrechos correspondientes. El 25 de agosto, mientras Israel seguía con su ofensiva militar en el norte y en el sur, en Líbano y en la franja de Gaza, la UE por boca de su “alto representante para Política Exterior” garantizaba a la ONU que la UE enviaría entre 5.600 y 6.900 soldados. Inglaterra y Estados Unidos se abstenían de enviar efectivos mientras que Francia, Italia y el Reino de España comprometían el grueso de las tropas de intervención sobre el terreno. Por su parte, en negociaciones semisecretas entre las fuerzas políticas, la burguesía alemana se aprestaba a profundizar su nuevo período de intervenciones imperialistas: el 13 de septiembre el consejo de ministros alemán aprobó el envío de 2.400 marineros en dos fragatas para vigilar las costas libanesas a fin de impedir el rearme de Hezbolá. La presencia militar directa alemana que comenzó tímidamente en los Balcanes se consolida con la permanencia de los 3.000 soldados que permanecen en Afganistán y con esta intervención; el imperialismo alemán que puso sus pies en Turquía antes de su derrota en la Segunda Guerra Mundial vuelve al escenario armado. Es preciso recordar que Oriente Medio tal y como existe hoy en día es el resultado, en buena medida, del reparto de las ruinas del imperio otomano. Para el imperialismo alemán la cuestión adquiere una carga ‘simbólica’ de suma importancia... y, por tanto, también para el resto de imperialismos en competencia.

 

Los gobiernos europeos exigían que el Consejo definiese claramente las llamadas “normas de enfrentamiento”, es decir bajo qué premisas podrán hacer fuego las tropas integradas en la FINUL: para la defensa del personal de la ONU (y personal “humanitario”) en general; para la defensa de los miembros u oficiales del ejército de Líbano pero, bajo ninguna circunstancia, nunca para la defensa de edificios, instalaciones o equipamientos. Es decir: la ONU garantiza al estado de Israel que podrá seguir destruyendo impunemente las infraestructuras y bienes de Líbano cuando lo considere oportuno.

 

De nuevo, también, la UE se demuestra como el ámbito ‘político’ de gestión de los intereses de los imperialismos europeos, principalmente del francés y alemán.

 

Los límites del estado sionista son los límites del imperialismo en la zona

 

La ofensiva militar israelí ha puesto de manifiesto las dificultades del capitalismo en su fase agónica imperialista para ejercer la dominación sobre los pueblos y países de Oriente Medio.

 

Por una parte, aunque los EEUU sigan configurándose como el imperialismo hegemónico y los imperialismos de segundo orden, principalmente en esta zona el senil imperialismo francés, se ven obligados a mantener tratos de rapiña en los pasillos de la ONU y realizar transacciones con vistas al control militar de una zona tan importante para sus intereses (salidas para sus mercancías y control y explotación de materias primas, especialmente energéticas). Cierto que los imperialismos de la UE trabajan al servicio del mantenimiento del sistema imperialista en general (y, por tanto, a beneficio del imperialismo hegemónico que es EEUU) pero en virtud de ello continúan estando presentes militar y políticamente en la zona y luchando por su parte del botín. El imperialismo continua demostrándose incapaz de generar un ultraimperialismo, es decir: hacer desaparecer las contradicciones entre los intereses de los diversos imperialismos y, por tanto, inevitables a corto, medio o largo plazo y bajo diversas formas los enfrentamientos entre imperialismo y la marcha hacia una guerra entre imperialismos.

 

Por otra parte, la fuerza armada de EEUU (y su prolongación el estado burgués sionista) es aplastante, sumada a la de las otras potencias imperialistas es demoledora. Pero la ofensiva israelí viene a confirmar de nuevo el balance de Afganistán e Irak: la batalla aérea está ganada por adelantado; sin embargo, la efectiva ocupación, política y militar, por tierra se demuestra imposible sin poner en el asador un número suficiente de muertos, sin estar dispuestos a recibir día a día centenares de féretros de los mercenarios soldados. Políticamente la burguesía sabe que no puede permitirse aún correr este riesgo. Pero tarde o temprano tendrá que hacerlo. Con lo que los límites del imperialismo para completar la dominación colonial de los pueblos del Oriente Medio se demuestran no como límites militares, por ahora, sino como límites políticos. Y estos límites políticos resaltan cada vez de forma más aguda ya que marcan límites a la ofensiva militar mundial del sistema imperialista en su conjunto contra los países semidominados, ofensiva que le es indispensable desarrollar plenamente a fin de asegurar el saqueo de los recursos naturales de estos países.

 

Por el momento la milicia de Hezbolá no ha sido derrotada totalmente en su terreno: sobre el terreno de Líbano. Siria podrá seguir apoyando a esta milicia en función de sus intereses inmediatos. En cuanto al ejército del estado libanés, destinado de nuevo a ‘ocupar’ el territorio de su propio estado se ve sometido, por una parte, a la ‘ayuda’ de la FINUL y, por la otra, a las contradicciones internas de un estado creado para asegurar la pervivencia de los intereses imperialistas en la zona pero que no responde a una nación construida por la burguesía en su período de ascenso histórico: los oficiales del ejército son cristianos (minoritarios demográficamente) mientras que más de la mitad de la tropa es chií.

 

El periodista israelí Zeev Schiff lo dejaba claro en el diario Haaretz (citado por El País): “Si Hezbolá no sufre una derrota en esta guerra, ello significará el fin del poder de disuasión de Israel frente a sus enemigos.”  

 

La lucha del pueblo palestino y la necesidad de una dirección revolucionaria

 

La declaración del BP del COREP, del pasado 21 de julio, contra la ofensiva militar israelí afirmaba. “La confianza de las direcciones nacionalistas burguesas del movimiento palestino, tanto de Fatah como del Hamás, en los regímenes árabes o persa de la región, su voluntad de presionar sobre la ONU y sobre los Estados Unidos, ha demostrado ser un callejón sin salida para el pueblo oprimido.” El provisional alto el fuego y la acentuación de la intervención imperialista, a través de la ONU, confirman la afirmación del BP del COREP.

 

Hezbolá es una organización burguesa construida y mantenida al servicio de la burguesías siria y iraní y dedicada a asegurar el mantenimiento del capitalismo en la zona. Lo mismo puede decirse de Hamás aunque ésta no reciba ayuda armada por parte de ningún estado árabe de la zona: el pueblo palestino está completamente solo frente al enemigo. Tras el triunfo electoral de Hamás, los enfrentamientos entre Fatah y Hamás por el reparto del poder sentaron las bases para facilitar, política y militarmente, la ofensiva israelí. Ambas organizaciones están de acuerdo en mantener la opresión y explotación capitalistas, con rasgos semifeudales, del pueblo palestino; el reconocimiento del estado de Israel les separa aún aparentemente ya que buena parte de los dirigentes de Hamás están dispuestos a reconocer “explícitamente” al estado sionista, las diferencias se centran en la oportunidad del momento. Ambas aceptan la separación del pueblo palestino a través de las fronteras impuestas por el imperialismo: Jordania. Por ello Hamás esta dispuesta a seguir el plan de la Liga Árabe del 2002 en el que se prevé la creación de un estado palestino dentro de las fronteras anteriores a la guerra de los Seis Días.

 

El 11 de septiembre Hamás y Fatah pactaron la formación de un gobierno de ‘unidad nacional’, pacto que la UE tardó poco en apoyar mediante la ampliación durante tres meses de las ayudas económicas a la Autoridad Palestina (regada por la UE en lo que va de año con 330 millones de euros) ya que, según Solana, el gobierno pactado se propone cumplir los compromisos asumidos por la Autoridad Palestina... es decir: reconocer a Israel.

 

La gran tragedia del proletariado y campesinado palestinos se repite, una y otra vez, desde 1948  sin cambiar el escenario ni el argumento pero con algunos actores nuevos: unas masas acorraladas por todas las potencias imperialistas, masacradas por el estado mejor armado de la zona, explotadas por la ‘propia’ burguesía o por la israelí pero unas masas que nunca han abandonado el campo de batalla, siempre dispuestas a la lucha ante una situación que no les deja otra salida. Sin embargo, el proletariado y el campesinado palestinos nunca se han dotado de una organización obrera revolucionaria capaz de plasmar en acción política el movimiento real que se produce en la zona, la revolución permanente, pero que , precisamente como resultado de esta carencia de organización obrera revolucionaria, en ninguna ocasión ha acabado de desarrollarse completamente. La solución de todas las tareas democráticas pendientes a que se enfrentan las masas palestinas, y en general las del Oriente Medio, está en la realización de la revolución socialista, en la expropiación de todos los medios de producción y en la constitución de un gobierno obrero y campesino basado en la democracia surgida de la autoorganización de las masas. Pero este objetivo político, que por fin daría una salida positiva para las más amplias masas al conflicto permanente en la zona, nunca ha sido el de ninguna de las organizaciones que han controlado la movilización y la lucha armada contra el estado burgués sionista y, mediante ésta, las potencias imperialistas. Todas las organizaciones han permanecido fieles al respeto a la propiedad privada, han sido dirigidas o bien desde los gobiernos árabes de la zona o bien desde el Kremlin de modo que el statu quo imperialista de la zona se mantuviera con ligeras variantes.

 

Hoy, la tarea de la construcción de un partido obrero revolucionario palestino sigue pendiente. Hoy, las masas palestinas acumulan aún más golpes sobre sus espaldas y ven su lucha infeudada a los intereses de burguesías compradoras como la siria; hoy la reacción clerical, aprovechando el desamparo socioeconómico de las masas, ejerce sus funciones de beneficencia social financiada con migajas por la reaccionaria burguesía de Arabia Saudí., a cambio de infectar las mentes con el opio de la religión, a cambio de mantener el respeto al capitalismo. Por tanto, la construcción de un partido obrero revolucionario palestino necesita del impulso de la formación de una vanguardia obrera revolucionaria reagrupada internacionalmente. Cada día que pasa se ve más claramente la necesidad de unir la construcción del POR palestino con la de la Internacional Obrera Revolucionaria. 

 

Desde el Estado Español: por una movilización internacionalista a favor del pueblo palestino

 

El estado burgués sionista de Israel fue creado como punta de lanza de la intervención de las potencias imperialistas en Oriente Medio sin su destrucción no es posible realizar plenamente la democracia

 

¡Destrucción del estado de Israel!

¡expropiación de los expropiadores israelíes!

 

Miles de luchadores palestinos son torturados sistemáticamente y permanecen encarcelados en las prisiones del estado sionista. Otros cientos de miles fueron expulsados de sus tierras, expropiados de sus posesiones y de sus trabajos por el ocupante sionista. Casi todos ellos conforman una diáspora que se reparte por diversos países bien de la zona bien de Europa. A pesar de la repetida ‘limpieza’ genocida de los campos de refugiados,  que el ejército de Líbano o las milicias armadas al servicio de uno u otro estado han realizado, aún queda más de un millón de palestinos ‘desplazados’, ‘refugiados’, es decir: expulsados, por la fuerza, de su país.

 

¡liberación inmediata de todos los luchadores palestinos encarcelados!

¡retorno de todos los ‘refugiados’!

 

Por su parte, como hemos visto más arriba, Líbano y Jordania son estados artificiales cárceles de pueblos y que someten a las masas a los proyectos imperialistas trazados tras la Primera Guerra Mundial; es necesario destruir estos estados dibujados en los mapas de los estados mayores de las potencias imperialistas para organizar entre ellas el reparto del botín y de las zonas de influencia, ninguno de los dos representa un historia de formación nacional progresista y, por el contrario, hoy en día su existencia es la garantía de la división de los proletariados y campesinos pobres del Oriente Próximo en beneficio de la pervivencia del modo de explotación capitalista y de la dominación imperialista. La historia de las últimas décadas demuestra que los estados de Jordania y Líbano ejercen un papel concreto esencial para complementar la opresión y continuada agresión del estado israelí sobre el pueblo palestino. Los estados de Líbano y Jordania han llevado a cabo masacres masivas contra las masas palestinas y contra sus luchadores. La monarquía hachemita en el poder en Jordania es una correa de transmisión directa y sumisa del imperialismo estadounidense en la zona mientras que, por su parte, el estado libanés (recorrido por mil contradicciones resultado de su formación como ‘dominio’ indirecto del imperialismo en la zona) se ha demostrado, una y otra vez, como la mejor cabeza de playa para la intervención imperialista en ayuda del estado sionista.

 

Los proletariados de Oriente Medio, los pequeños y medianos campesino, la juventud, las mujeres que viven y sufren la explotación en la zona geográfica conocida como Oriente Medio conforman culturas y pueblos que llevan siglos sometidos a la explotación y la opresión, el pueblo kurdo es un buen ejemplo. El pueblo palestino es otro ejemplo de cómo las fronteras han sido trazadas sobre la base de la negación del derecho de autodeterminación. La existencia del estado israelí es la negación al pueblo palestino de su derecho democrático a la autodeterminación, por ello no habrá democracia en ‘Israel’ hasta que el estado israelí sea destruido y la burguesía expropiadora israelí expropiada y expulsada. El pleno ejercicio de los derechos democráticos en el Oriente Medio exige la superación de las fronteras artificiales impuestas por el reparto imperialista de la zona tras las dos Guerras Mundiales imperialistas. Pero hace ya tiempo que la burguesía imperialista y las burguesías compradoras, infeudadas al imperialismo, han demostrado ser un obstáculo para el ejercicio de los derechos democráticos mínimos, con ello confirman en la práctica la necesidad de que la lucha por la democracia no se pare ante la sacrosanta propiedad privada: sin expropiación de los expropiadores burgueses, sin revolución socialista, será imposible ejercer la democracia. Por otra parte, cada uno de estos pueblos por separado se encontraría con enormes dificultades económicas y culturales para realizar plenamente la democracia y satisfacer las enormes necesidades acumuladas tras décadas de opresión y explotación pero su unión bajo condiciones democráticas y sobre la base de la propiedad socialista de los medios de producción daría un enorme impulso a la economía y la cultura convirtiéndose en un polo de atracción solidaria para las masas del Magreb y de Oriente.

 

¡Abajo las fronteras artificiales impuestas por el imperialismo!

¡Pleno ejercicio del derecho a la autodeterminación del pueblo palestino y de todos los pueblos oprimidos de la zona!

¡Federación Socialista de los pueblos del Oriente Medio!

 

Las masas obreras y campesinas sabrán dotarse, en su movilización contra el imperialismo y su ‘propia’ burguesía de los organismos de autoorganización capaces de asegurar el triunfo sobre la base de la participación más ampliamente democrática de las masas en la toma de decisiones, en su ejecución en el control de las mismas. Para llegar a ello el objetivo inmediato de solidaridad internacional con el proletariado y campesinado pobre palestino es la ayuda a todo proceso de formación de sindicatos obreros que unan a los trabajadores asalariados judíos y palestinos. Las proletarios y campesinos pobres palestinos tienen por delante la urgente tarea de constituir consejos de trabajadores y milicias armadas controladas directamente por estos consejos. Sobre la base de este proceso se podrán concretar la composición de un

 

Gobierno Obrero y Campesino Palestino

 

El proletariado y la juventud españoles no tienen ningún interés en que su propia burguesía imperialista participe en la nueva vuelta de tuerca de la intervención directa imperialista en la zona mediante la FINUL, brazo armado en la zona de esa cueva de ladrones llamada ONU. El interés del proletariado y juventud españoles es, justamente, el contrario: la derrota de su propio imperialismo, dentro y fuera de las fronteras estatales. Por tanto:

 

¡RETIRADA INMEDIATA DE TODAS LAS TROPAS ESPAÑOLAS EN EL LÍBANO Y EN TODOS LOS OTROS PAÍSES (AFGANISTÁN, HAITÍ, LOS BALCANES….)!

¡NI UN EURO PARA LA NUEVA INTERVENCIÓN IMPERIALISTA ESPAÑOLA!

 

La vanguardia revolucionaria del estado español está obligada a dar todos los pasos necesarios para unificar su lucha en el logro de estos objetivos, en el reagrupamiento sobre la base de estos objetivos. Pero la inmensa mayoría del proletariado español no tiene porque esperar a que se produzca este reagrupamiento para movilizarse unitariamente, desde ahora mismo es posible lograr la retirada de la tropas españolas. Para ello el proletariado y la juventud del estado español cuentan con organizaciones con la suficiente fuerza política y numérica como para lograrlo. Sólo es preciso que las direcciones de estas organizaciones, que ahora hacen frente común con la burguesía imperialista española, rompan con ella y convoquen manifestaciones o una manifestación frente al Congreso de los Diputados que aprobó esta nueva intervención. Los intereses del proletariado y juventud que dicen representar así lo exigen. Si lo hicieran las tropas retornarían de inmediato.

 

¡Frente Único Obrero de las organizaciones sindicales y políticas que se apoyan en el proletariado y la juventud contra la política imperialista del gobierno Zapatero, por la inmediata vuelta de todas las tropas desplazas al exterior para defender los intereses del imperialismo en general y del gran capital español en particular!

 

 

¡Dirigentes de CCOO, UGT, LAB, PSOE, PCE-IU: las organizaciones que el proletariado del estado español ha construido deben servir para defender sus intereses y no los de sus explotadores, la patronal, la burguesía española! ¡Formad un Frente Único por la retirada inmediata de las tropas españolas en el Líbano y en todos los otros países! ¡Convocad una masiva manifestación ante el congreso de los Diputados para exigir la inmediata vuelta de todas las tropas españolas interviniendo en el extranjero!

   

Grupo Germinal

16 de septiembre de 2006