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BAJO
Plataforma de
la 1ª Conferencia del Groupe
bolchevik pour la construction du Parti ouvrier révolutionnaire, de
l’Internationale ouvrière révolutionnaire (Grupo Bolchevique por la
construcción del Partido Obrero Revolucionario, por la construcción de
El capitalismo mantiene a la
mayor parte de la humanidad bajo un horror sin fin
Desde que, en 1991, se restauró el capitalismo en
Rusia sin oposición significativa del proletariado, y teniendo en cuenta que
era el único país en el que éste conquistó el poder en 1917, todos los
ideólogos burgueses afirman que el capitalismo representa el futuro de la
humanidad.
Pero, sin embargo, en ninguna época histórica
anterior la sociedad humana ha presentado un contraste tan agudo entre las
fuerzas productivas, por una parte, y las consecuencias de la pervivencia de la
explotación por una minoría explotadora, por otra. La burguesía puede acaparar
una gran parte de los productos del trabajo ya que posee todas las empresas de
cierta dimensión y por tanto los medios de producción de dichas riquezas y sólo
devuelve, bajo la forma de salario, una parte del valor de las mercancías
creadas por el trabajador colectivo, acaparando así la mayor parte de ellas
bajo la forma de beneficios.
El potencial científico y técnico hace ya tiempo
que permitiría la emancipación de toda la humanidad, es decir seis mil millones
de personas, del hambre y la miseria, de la opresión y del trabajo embrutecedor
y agotador.
Pero, bajo el reino del capital, la investigación
se orienta hacia las matemáticas de la especulación bolsista, la física
armamentística, la biología patentada...
Hace ya tiempo que la burguesía dejó de ejercer un
papel progresista, papel que consistió en derrocar a las monarquías, liquidar
las relaciones feudales, separar la religión del estado, generar la industria
moderna y crear el mercado mundial. El capitalismo se ha convertido en un freno
al desarrollo de la humanidad desde el mismo momento en el que ha alcanzado, a
fines del siglo diecinueve en Europa y a principios del veinte en América del
Norte, el estadio imperialista.
La centralización, mediante diversas operaciones de
fusión, así como la concentración del capital, han llevado a la dominación del
capital financiero. En la mayor parte de las ramas productivas, algunos grandes
grupos capitalistas de este tipo, se reparten lo esencial del mercado mundial.
En el seno de lo que a principios de siglo se llamaba “monopolios” o “truts”,
las sociedades matrices gestionan a escala internacional sus filiales y
planifican sus actividades. Así se expresa, en el mismo seno del capitalismo,
una tendencia a la socialización de las fuerzas productivas, cuyo pleno
desarrollo, sin embargo, es antagónico con el mismo capitalismo.
La inmensa mayoría de las firmas “multinacionales”
de este tipo son originarias de unos pocos países. Un puñado de burguesías
nacionales domina, en efecto, el mundo entero. Sus conflictos ya han provocado
dos guerras mundiales. Entre estas dos masacres, la crisis económica mundial de
1929 produjo una enorme regresión y la dislocación del mercado mundial. Todos
estos fenómenos son la prueba de que las fuerzas productivas entran en
conflicto con las relaciones de producción capitalistas y, en particular, de
que la tendencia a la internacionalización de la economía es incompatible con
el mantenimiento de las fronteras nacionales convertidas en demasiado estrechas.
Regiones enteras de países, e incluso de partes de
continentes, se hunden en la pobreza. El sida
asola al África negra incluida África del Sur.
En el mismo seno de los países imperialistas, el
proletariado está sometido a la amenaza del paro, la precarización, la
intensificación del trabajo y la destrucción de sus conquistas anteriores;
partes significativas de la población quedan excluidas de forma duradera de la
producción y, de esta manera marginadas, caen en la miseria o se inclinan hacia
la delincuencia.
En el otro extremo de la sociedad, la burguesía
despliega un lujo insolente. Una milésima de la población mundial goza, ella
sola, de un tercio de las riquezas de la población entera; 425 individuos de
entre esa minoría poseen una fortuna de más de mil millones de dólares.
El mantenimiento del capitalismo
amenaza a la humanidad entera con un fin repleto de horrores
Después de
La burguesía ha tenido que reaccionar. A principios
de los años 1980, y bajo la bandera del “liberalismo económico”, el capital
financiero ha retomado la iniciativa en Gran Bretaña y en los Estados Unidos
bajo la batuta de Thatcher y Reagan. Por todas partes la clase dominante los ha
imitado apoyándose sobre lo que siempre ha continuado siendo su estado:
ha intensificado el trabajo, ha desindexado los salarios, procedido a
reducciones de los gastos sociales y cuestionado numerosas concesiones de las
que tuvo que acordar anteriormente.
Las principales burguesías han acabado por
restablecer el valor de sus monedas y enderezar la tasa de beneficio mediante
la profundización de la explotación del proletariado. Lo han logrado gracias,
por una parte, al peso del paro sobre la clase obrera y, por otra, a la
cobardía y traiciones de las direcciones tradicionales de la clase obrera,
partidos reformistas y burocracias sindicales. El estallido de
A pesar de ello la acumulación del capital no ha
retomado en ningún caso, incluso en los mismos Estados Unidos que han logrado
recuperar parte del terreno perdido respecto a sus principales competidores
Alemania y Japón, el ritmo de los años 1950. La utilización de la informática
para intensificar el trabajo, la apertura de nuevas ramas de producción
bautizadas “nuevas tecnológicas de la información y de la comunicación” no
bastan para superar las contradicciones del capitalismo. Por el contrario, el
recurso a los equipos automatizados en el seno de las empresas tiende a aumentar
la composición orgánica del capital y a amenazar de nuevo la rentabilidad del
capital, pues sólo el trabajo vivo crea plusvalía (el plusvalor que se reparten
los capitalistas bajo la forma de beneficios e interés). La crisis de la bolsa
del Nasdaq en el 2000 ya ha destruido el mito de la “nueva economía”.
Algunos charlatanes pretenden curar al capitalismo
de los males de la especulación imponiéndole una reformita consistente en tasar
las transacciones financieras internacionales. En realidad, para deshacerse de
la especulación es preciso acabar con el reino del capital, mucho más teniendo
en cuenta que el alimento de la actual especulación es el paliativo mismo de la
crisis capitalista. Durante el último decenio las crisis monetarias, de la
bolsa y económicas, acaecidas en numerosos países con desarrollo industrial
reciente como Méjico o Asia del Suroeste, así como las quiebras bancarias y los
crack de la bolsa aparecidos en numerosas ocasiones en los centros
imperialistas han sido superados mediante el recurso masivo al crédito. El
dinero salvador ha sido concedido por los estados burgueses dominantes y por
sus instituciones comunes, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.
Así ha podido ser diferida la crisis económica de conjunto. Pero estos métodos
agravan a plazo fijo las contradicciones del capitalismo senil pues alimentan
una pirámide gigantesca de capital ficticio. Ahí hunden sus raíces las burbujas
especulativas que secretan periódicamente los mercados financieros. La
gigantesca masa de títulos, que optan todos a beneficiarse de la plusvalía
arrancada al proletariado mundial, está condenada a hundirse ante el
ineluctable descenso de la tasa de beneficio.
Cada burguesía imperialista intentará salvarse en
detrimento de las otras. Por el momento el imperialismo estadounidense afirma
su hegemonía y federa el mantenimiento del orden mundial del que se benefician
todos los imperialismos gracias a los beneficios del estallido de la ex URSS y
del restablecimiento del reino del capital en
La unidad que presentan los imperialismos es una
unidad de fachada. En el marco de
De ahora en adelante, las rivalidades se
intensificarán, como lo ha demostrado el papel de los imperialismos europeos en
el estallido de la antigua Yugoslavia y en el fracaso de las negociaciones de
El capitalismo de principios del siglo XXI se encamina
hacia una crisis económica de gran envergadura y hacia la dislocación del
mercado mundial, lo que amenaza a la humanidad con nuevos horrores, si el
proletariado no lo derriba y abre, de esta forma, la vía hacia un estadio más
avanzado de la historia.
Expropiar al capital es una
necesidad ya que el socialismo es la única alternativa ante la barbarie
La pervivencia del capitalismo amenaza a la
humanidad, la existencia de la burguesía ya no es compatible con la sociedad.
Bajo un régimen económico basado en la propiedad
privada de las empresas y en la competencia entre ellas, los trabajadores de la
ciudad y el campo no pueden vivir decentemente de su trabajo ni pueden
permanecer a salvo del paro.
Los trabajadores no pueden circular libremente, y
menos aún establecerse, en un mundo sojuzgado por el imperialismo. Los obreros
y empleados inmigrantes sólo pueden disfrutar de la igualdad jurídica y
política si el poder pertenece a los trabajadores.
El racismo y la opresión de las mujeres sólo
pueden desaparecer con el socialismo.
La juventud no puede confiar en el futuro, no puede
beneficiarse de una formación y de una cultura dignas de tal nombre, de una
instrucción libre del patrón y del cura, no puede divertirse libremente más que
en una civilización liberada del dominio de la religión, en una economía basada
en la satisfacción de las necesidades, en una sociedad en la que las clases
desaparecen.
El medio ambiente no puede ser mantenido
adecuadamente bajo un modo de producción guiado por el beneficio.
En la época del imperialismo, la única fuerza capaz
de realizar y asegurar la igualdad, las libertades, los derechos democráticos,
la emancipación de los pueblos oprimidos, la liberación de la mujer y la
laicidad, son las masas proletarias y semiproletarias y no los parlamentarios
reformistas, los bufones clericales o los demagogos nacionalistas. Todos
aquellos que protegen a los rentistas son enemigos de los oprimidos y de los
explotados. Las conquistas sociales y democráticas sólo pueden preservarse o arrancarse
gracias a la actividad de aquellos que en los tiempos ordinarios son apartados
de las decisiones: la clase obrera y, si se alinean al lado de ella, los
campesinos trabajadores, los jóvenes en formación, los trabajadores
independientes de las ciudades, los cuadros...
La más inmediata de todas las reivindicaciones es
la expropiación de los capitalistas. No se trata en absoluto de la utopía
reformista de corregir la desigualdad de las rentas, de requisar las empresas
que despiden al mismo tiempo que obtienen beneficios ni de requisar una parte
de los beneficios para, supuestamente, crear empleos. Es indispensable y
urgente expropiar, sin indemnización ni compra, la banca y los seguros, la
industria pesada y la energía, la fabricación de automóviles y de aviones, las
grandes empresas de la construcción, las grandes empresas de la electrónica y
de material eléctrico, los laboratorios farmacéuticos y las empresas dedicadas
a la química, las cadenas de televisión y las telecomunicaciones, a los grandes
propietarios terratenientes del campo y de las ciudades...
Así y sólo así, podrá establecerse un plan de
creación de riquezas sociales bajo el control de la sociedad y partiendo de las
necesidades que es preciso satisfacer teniendo en cuenta los medios disponibles.
La colectivización de los principales medios de producción permitirá a la
población, organizada en consejos, desembarazada de los explotadores, decidir
democráticamente sobre la producción y su reparto y sobre la edificación del
socialismo.
Sólo la clase obrera, si se dota de un partido
obrero revolucionario, puede volver a renovar la revolución socialista mundial
que empezó en 1917 y, de esta forma, destruir el obstáculo del capitalismo.
La clase obrera es la única
clase revolucionaria de nuestra época y, por tanto, cualquier apoyo político a
los representantes de la burguesía es una traición
La inmensa mayoría de la humanidad ganaría con el
triunfo de la revolución social pero ésta sólo puede tener, en nuestra época,
un carácter proletario. Las revueltas contra la explotación y la opresión, si
quieren encontrar una salida, deben ser dirigidas y llevadas hasta el final por
la clase obrera.
La sociedad capitalista contiene dos clases
sociales fundamentales: por una parte la clase burguesa, poseedora de los
medios de producción y, por la otra, la clase obrera, los trabajadores
asalariados que, para ganarse la vida, sólo pueden vender su fuerza de trabajo.
La clase obrera es al mismo tiempo resultado del capitalismo, su condición
necesaria, y su enterrador potencial. La burguesía vive de la explotación de la
clase obrera y, a pesar de ir reduciéndose numéricamente cada vez más, sigue
controlando, cada vez más también, una parte más grande de la riqueza de la
sociedad entera.
Es cierto que las clases capitalistas de los países
dominados sólo se benefician de una pequeña porción de la plusvalía mundial,
sin embargo han demostrado hace ya tiempo su incapacidad para dirigir una lucha
consecuente en favor de la independencia y del desarrollo. Estas burguesías
tienen a menudo un carácter comprador, están muy ligadas a las burguesías
imperialistas y a los grandes propietarios terratenientes autóctonos y tienen
mucho miedo a la movilización de masas, movilización indispensable, sin
embargo, para la realización de las tareas democráticas y nacionales de la
revolución burguesa. En pocas palabras: prefieren la dependencia al riesgo de
la revolución proletaria y no dudan en reprimir en un baño de sangre a su
propio proletariado. Desde el hundimiento de
La extensión de la esfera capitalista y la
acumulación de capital han convertido en absolutamente mayoritaria a la clase
obrera en todos los centros imperialistas y han hecho de ella una fuerza social
significativa en numerosos países recientemente industrializados, como Corea
del Sur o Brasil por ejemplo. Crecimiento del capital y aumento del
proletariado constituyen un todo a pesar de ser productos de un mismo proceso
pero situados en polos totalmente opuestos.
Las formaciones sociales dominadas por el
capitalismo sólo contienen dos clases sociales. Bajo las capas sociales del
capitalismo sobrevive el lumpen, una parte del cual realiza actividades
ilícitas e incluso se dedica al bandidaje. En todas partes la cuestión de la
“inseguridad” sirve de justificación para el refuerzo del aparato coercitivo
del estado que está destinado, fundamentalmente, a aplastar al proletariado. La
prolongación del yugo capitalista sobre la humanidad ha multiplicado las
fuerzas de mantenimiento de su orden de desigualdad y de explotación bajo la
forma de policías, militares profesionales, jueces, carceleros y guardas de
todo tipo.
Entre la burguesía y el proletariado se encuentra
la pequeña burguesía tradicional de los pequeños campesinos, comerciantes,
artesanos, artistas, profesionales liberales, todos ellos tienen en común el
trabajar para el mercado manteniéndose, formalmente, como independientes. Estas
capas sociales están globalmente en declive numérico ya que, en su mayor parte,
se hallan arruinadas por la competencia del gran capital. La concentración de
capital, el crecimiento del tamaño de las empresas, ha supuesto, por el contrario,
el desarrollo considerable de la pequeña burguesía asalariada constituida por
la jerarquía que manda sobre los proletarios.
Estas clases medias, antiguas y modernas, no pueden
desempeñar un papel independiente en la lucha de clases. O bien continúan
siendo los bien pagados (y engañados) de la clase dominante, turnándose en
tiempos normales en la hegemonía en los mass media, en el seno de las empresas,
en la universidad e, incluso, en las organizaciones constituidas por la clase
obrera por medio de los burócratas sindicales, parlamentarios, alcaldes, etc.
En determinados casos las capas medias exasperadas por la crisis pueden
incluso, junto con el lumpen, servir de base de masas a las bandas fascistas
contra el proletariado. O bien estas capas se alinean junto al proletariado
cuando éste se lanza ardidamente a la lucha por el poder.
La realización de las tareas democráticas inacabas,
que sólo es posible dando los primeros pasos de la revolución socialista, recae
ahora sobre la clase obrera y ésta no puede confiar, en lo más mínimo, ni en la
burguesía ni en los partidos burgueses. A la clase obrera le hace falta un útil
para tomar el poder, un partido de tipo bolchevique en cada país.
Toda la política de sumisión del proletariado de un
país dominado a la burguesía “nacional”, todo ‘frente único antiimperialista’,
todo apoyo político a un partido burgués como el PRD de Méjico, el ANC de
África del Sur o el PRD de Indonesia no es, respecto a lo anterior, más que una
traición.
En los países imperialistas cualquier apoyo
electoral a una coalición burguesa de tipo “frente popular” o a cualquier
candidato burgués como, por ejemplo, Nader en los Estados Unidos o Chirac en
Francia, cualquier voto a favor de partidos como Los Verdes, el PRG y el MDC,
es, por necesidad, una traición... traición cometida en numerosas ocasiones por
LO y por LCR sistemáticamente.
El enemigo está dentro de
nuestro propio país: el gobierno obrero tiene como primera tarea destruir el
estado burgués
Sólo la clase obrera puede llevar a termino la
revolución social. No lo puede hacer por la vía electoral. La burguesía no
acepta nunca tal amenaza a su posición social, a su poder económico, sin
reaccionar ayudándose para ello de su estado y echando mano, incluso, a los
cipayos sociales fascistas.
Por eso mismo el proletariado no podrá llamar en su
auxilio al estado burgués contra los racistas y fascistas. No sólo es que los
aparatos de estado que garantizan las relaciones capitalistas de explotación,
la justicia, la policía y el ejército burgués hormiguean de cómplices de esta
chusma sino que todas las medidas tomadas oficialmente contra los “extremismos”
son utilizadas en la práctica y finalmente contra las huelgas, manifestaciones
de trabajadores y la vanguardia obrera organizada. En realidad, la clase obrera
y sus organizaciones tienen suficiente fuerza para destruir a los racistas y
aplastar al fascismo en el nido, en los lugares de trabajo y en la calle.
En ningún caso el proletariado debe dejarse engañar
por los pretextos humanitarios de las intervenciones del ejército de su propio
imperialismo. La burguesía francesa, su república y su ejército ya tienen
manchadas sus manos de marroquíes, malgaches, vietnamitas, argelinos, iraquíes
y de numerosos pueblos africanos. En ningún caso el proletariado francés debe
comprometerse con la burguesía francesa y sus guerras imperialistas. Tampoco
debe confiar en los organismos imperialistas: OTAN, ONU, Unión Europea.
Pero los bolcheviques no son pacifistas. La
resistencia de los pueblos oprimidos frente a las agresiones imperialistas es
legitima. La clase obrera, la juventud, los inmigrantes, las organizaciones
obreras, tienen el derecho y el deber de defenderse contra las bandas
fascistas, matones de la patronal y contra la policía burguesa. Las masas
necesitan piquetes de huelga, milicias obreras, guardas rojos para defenderse y
hacer triunfar la insurrección que derribará al estado burgués.
Respecto a esto, la guerra contra las fuerzas de la
reacción es una estrategia nociva pues sustituye a la acción de masas: refleja
intensamente una orientación no proletaria.
Aún peor es el terrorismo contra los trabajadores,
considerados culpables de las exacciones de su imperialismo. Es completamente
contrarrevolucionario en sus efectos y siempre la expresión de fuerzas sociales
enemigas de la clase obrera.
Hoy en día, en Francia, los partidos tradicionales
de la clase obrera se introducen lamentablemente en la rueda de molino de
El proletario necesita las más amplias libertades
democráticas. Debe oponerse a la existencia del Senado, a la privación de los
derechos políticos a los trabajadores inmigrantes, a los poderes discrecionales
de la policía y los servicios secretos, a la dictadura potencial que confiere
No se trata, en ningún caso, de oponer el
parlamentarismo, la democracia burguesa, a
Pedir más policía se traduce en reforzar el estado
de la burguesía contra la clase obrera. Reivindicar una “VI República” supone
inscribirla dentro de la filiación de las cinco repúblicas burguesas, al hilo
de los que masacraron
Todas estas orientaciones reformistas son, de
hecho, contrarrevolucionarias. Permitirán levantar al parlamentarismo como
línea de defensa de la sociedad burguesa en caso de ofensiva revolucionaria del
proletariado. Es lo que han hecho en más de una ocasión los partidos traidores
en nombre de la democracia: el SPD en Alemania en 1918 y 1945;
La “democracia” o la “VI República” son consignas
burguesas que se oponen, por naturaleza, a los órganos de tipo soviético,
emanados de la clase obrera y la población trabajadora (comités de huelga,
consejos, comité central de los comités elegidos), al gobierno obrero, al poder
de los trabajadores.
Sólo un gobierno salido de la clase obrera puede
expropiar al capital pues es necesario apoyarse en el proletariado y las masas
explotadas y oprimidas, armarlas, para poder derribar las instituciones de la
república burguesa y sus cuerpos de altos funcionarios, para destruir el núcleo
represivo del estado burgués, su policía, su ejército y sus servicios secretos.
El gobierno obrero instaurará el estado barato en
el que cada elegido o elegida no cobrará más de lo que cobra un obrero
cualificado. El poder de los consejos será el de la inmensa mayoría, poder en
el que todo/a elegido/a será revocable en cualquier momento. A
Pero el socialismo no podrá desarrollarse en el
interior de las fronteras de un solo estado de los actuales, sobretodo en un
continente tan parcelado como es el de Europa. La supervivencia del poder
obrero en un país como Francia y el desarrollo de las fuerzas productivas
dependerán de la formación de los Estados Unidos Socialistas de Europa. Hay que
construir una Internacional Obrera Revolucionaria.
Octubre de 1917 es la única vez en la que el
proletariado ha tomado el poder a escala de todo un país, Rusia, gracias a la existencia
de un partido obrero revolucionario, internacionalista y marxista, el Partido
Bolchevique de Lenin. Para el Partido Bolchevique se trataba del primer
acto de la revolución socialista mundial pues el país atrasado que era Rusia
necesitaba la colaboración de los gobiernos obreros de los países capitalistas
más avanzados, en primer lugar Alemania, para desarrollar armoniosamente las
fuerzas productivas y poder construir, así, el socialismo. Con ese fin, Lenin,
Trotski, Zinoviez y Bujarin crearon
Las potencias capitalistas de Francia, Estados
Unidos, Japón y Gran Bretaña, que habían desencadenado la sangrante carnicería
de
Pero la ola revolucionaria en Europa, avanzando
hasta el estallido de revoluciones en Alemania, Hungría e Italia, fue contenida
por la burguesía con la ayuda activa de los partidos reformistas que ya habían
traicionado a la clase obrera apoyando cada uno de ellos a su propia burguesía
en 1914 participando en la ‘Unión Sagrada’. Lo que le faltó a la revolución
europea fueron partidos revolucionarios experimentados, diferenciados de los
reformistas, chovinistas y revisionistas. Lo que faltó fue un partido de tipo
bolchevique.
El aislamiento de
La dominación de una capa pequeño burguesa sobre el
primer estado obrero era fundamentalmente inestable. La burocracia no era una
nueva clase explotadora instaurando un nuevo modo de producción ni una
burguesía que hubiese restablecido el capitalismo. La suerte de
Ante la
guerra y la ofensiva del imperialismo estadounidense que perseguía su
derrocamiento y el restablecimiento del capitalismo, la burocracia del Kremlin
extendió la colectivización de los medios de producción a
La clase
obrera se ha enfrentado en numerosas ocasiones a la burocracia que usurpaba el
poder en su nombre. En numerosas ocasiones se ha esbozado la perspectiva de la
revolución política: en Alemania en 1953, en Hungría y Polonia en 1956, en
Checoslovaquia en 1968, en Polonia en 1971 y 1980, en Alemania y en China 1989.
Pero han hecho falta partidos obreros revolucionarios, ha faltado una
internacional obrera revolucionaria. La dirección de Pablo-Mandel de
Dramáticamente
la continuidad con Octubre de 1917 se ha visto rota en la misma URSS. Cuanto
más se desarrollaba la economía de
Yugoslavia
ha estallado a causa de las pretensiones de la fracción serbia de la burocracia
para convertirse, con menosprecio de las minorías nacionales, en burguesía de
toda la federación. Pero esta mutación sólo era posible por la fuerza y, sobretodo,
estaba supeditada al apoyo o no del campo de las potencias imperialistas:
Francia, Alemania, Gran Bretaña y los Estados Unidos. La competencia entre
estos países ha alcanzado su apogeo, las viejas alianzas históricas se
reconstituyen por y para la marcha hacia la guerra entre las fracciones croatas
y eslovena, por una parte, y la parte serbia por otra. La restauración del
capital en Yugoslavia se hizo gracias al aplastamiento de los pueblos de los
Balcanes (croata, serbio, bosnio y kosovar). De
En Rusia,
Ucrania y Georgia, la sanidad y la educación públicas han sido destruidas, el
bandidaje y el alcoholismo asolan el país y el proletariado vuelve a conocer el
paro mientras que
La
restauración del capitalismo en el único país en el que la clase obrera tomó el
poder, refuerza la arrogancia del imperialismo que se cree con las manos libres
para reinar sobre el mundo entero.
Esta
derrota histórica desorienta en todas partes a la clase obrera, acelera la
degeneración de las direcciones tradicionales del movimiento obrero y hace
evolucionar hacia el chovinismo y el oportunismo a las formaciones
revisionistas del programa de
La
desaparición de
El
proletariado mundial debe defender, hasta el final, las conquistas
revolucionarias que subsisten en estos países y debe hacerlo contra las
presiones militares de los imperialismos, en primer lugar el estadounidense, y
de los apetitos de los grandes grupos capitalistas del mundo entero y contra
las tendencias restauracionistas de sus propias burocracias.
La única
vía es que el proletariado expulse a la casta estalinistas usurpadora e
instaure el poder obrero en estos estados obreros deformados y derribe el
capitalismo por la revolución socialista en los otros países. Es preciso
construir una internacional obrera revolucionaria.
La acusación capital que los bolcheviques lanzan
contra las organizaciones tradicionales del proletariado es su rechazo a romper
con la burguesía. Como lo prueban las repetidas experiencias, en Francia (1936,
1944, 1981 y 1997) y en otros países, de una alianza política con los
representantes de la burguesía sólo puede resultar un programa que mantiene y
gestiona las relaciones de explotación capitalistas preservando al estado
burgués.
Los partidos obreros tradicionales, sean parte de
la socialdemocracia o del estalinismo, traicionan desde hace ya décadas al
proletariado. Al principio de
Desde el restablecimiento del capitalismo en Rusia,
los partidos obreros burgueses reniegan con alivio de la referencia al
socialismo que, en periodos más favorables al proletariado mundial, servía de
hoja de parra para ocultar su subordinación al capitalismo. Combaten
activamente por la subordinación de la clase obrera a la burguesía practicando
directamente el “social liberalismo”, sosteniendo a los partidos “ecologistas”,
“progresistas”, “republicanos”, “antifascistas” o participando incluso en
coaliciones contrarrevolucionarias bautizadas “Frente Popular”, “Unión de
En lo que respecta a las direcciones sindicales:
-Bien caucionan las coaliciones de los partidos
reformistas con los partidos burgueses (un ejemplo particularmente escandaloso
de capitulación sindical de este tipo fue la decisión, en 1982, de la dirección
PCI de
-Bien practican ellas mismas por su cuenta tales
políticas (por ejemplo la dirección socialdemócrata de
-Bien demuestran una seudo neutralidad entre
partidos obreros y partidos burgueses (como la dirección de FO en Francia que
tolera una fracción RPR en el interior del sindicato que rechaza, como la
dirección de
La cuestión de las alianzas de colaboración de clases,
de los frentes populares, es la principal cuestión de la estrategia proletaria
de nuestra época. Ofrece también el mejor criterio para diferenciar al
bolchevismo del reformismo o del centrismo.
Un gobierno constituido por uno o diversos partidos
obrero burgueses sobre la base de un programa burgués, reforzando al estado
burgués, defendiendo tanto en el interior como en el exterior los intereses de
su clase burguesa, es un gobierno burgués. De tal género son los gobiernos
laboristas de Gran Bretaña como el de Blair, a fortiori, un gobierno de
los partidos reformistas con representantes de la burguesía. Eran o son,
claramente, gobiernos burgueses: el gobierno dirigido por Prodi en Italia, el
gobierno dirigido por Jospin en Francia y el gobierno dirigido por Schröder en
Alemania.
Los bolcheviques no conceden ningún apoyo a tales
gobiernos. Los “bolcheviques”, al contrario de lo que hacen los centristas del
movimiento obrero, como en Francia
Los bolcheviques oponen a todo gobierno burgués y a
la colaboración de clases, la perspectiva de un gobierno obrero, como apelación
popular de la dictadura del proletariado. El frente único obrero no toma
sentido más que en la perspectiva del gobierno obrero. Ciertos centristas juran
voluntariamente por la política del frente único pero la vacían de todo
contenido revolucionario al sustituir por combinaciones parlamentarias el
combate por el gobierno obrero.
Por otra parte, el frente único no es un “principio
supremo”, no es una “estrategia” sino una táctica tendente a movilizar a las
masas teniendo en cuenta el hecho de que éstas están bajo la influencia de las
direcciones traidoras. El fin del “frente único obrero” o de la “alianza
obrera” es enunciar (y de hacerlo posible) lo que es necesario para ganar, para
que, en la acción, las masas se enfrenten a las direcciones traidoras, haciendo
suyas las consignas y el programa revolucionarios, adhiriéndose a la necesidad
del partido obrero revolucionario. La movilización de masas hará emerger formas
de doble poder, de organismo elegidos por los trabajadores que constituirán una
alternativa al gobierno burgués, a las instituciones burguesas, incluidos los
parlamentos.
La táctica del frente único obrero parte del hecho
que la mayoría de los militantes obreros continúan bajo el control de los
aparatos reformistas. Se trata de apoyarse en cada momento sobre la situación
concreta de la lucha de clases y de los imperativos de la lucha, proponiendo
una política que rompa con la burguesía y levante a la clase obrera y a sus
organizaciones frente a la clase dominante y su estado. Por razones parecidas,
los bolcheviques se ven obligados, a veces, a llamar a votar a los candidatos
de los partidos reformistas en las elecciones pero jamás por un representante
político de la burguesía.
El combate por la unidad de las organizaciones
obreras está sometido a un criterio más elevado, el de la unificación de la
vanguardia proletaria sobre la base de una política marxista intransigente. En
particular una organización revolucionaria que posea los medios políticos y
financieros no puede renunciar a presentar en las elecciones sus candidatos
contra los de los partidos en bancarrota. Una paso decisivo del ex PCI en el
oportunismo comenzó con el apoyo a Mitterrand desde la primer vuelta de las
elecciones presidenciales de 1981.
Igualmente, los bolcheviques exigen, al mismo
tiempo que avanzan su propio programa, a todas las organizaciones que hablan en
nombre de los trabajadores, a todas las corrientes del movimiento obrero, que
rompan políticamente con la burguesía y entren en la vía del poder de los
trabajadores. Si adelantan, en determinado momento, la consigna de gobierno
PS-PCF, los bolcheviques no son en absoluto el “partido del gobierno PS-PCF” y
no lo hacen en función de una mayoría relativa en
La reivindicación dirigida sistemáticamente a las
viejas direcciones: “¡Romped con la burguesía! ¡Tomad el poder!”, no tiene nada
que ver con el cretinismo parlamentario. Se mantiene como un importante
instrumento para desvelar el carácter traidor de los reformistas de toda
calaña. Toda atenuación de la crítica a los aparatos bajo el pretexto de
facilitar el frente único serviría para debilitar el peso de la vanguardia que
los bolcheviques quieren reagrupar, para desarmarla. Por otra parte, la
cuestión decisiva es la del reagrupamiento de la vanguardia obrera en un
partido.
Los sindicatos no pueden ser
dejados en manos de los agentes de la burguesía
La ofensiva de la burguesía, contra todas las
conquistas arrancadas anteriormente y el destino que prepara a los nuevos
proletarios, hacen más necesarias que nunca a las organizaciones permanentes
que engloban al conjunto de los trabajadores asalariados, organizaciones para
defenderse colectivamente ante el empleador y frente a. la patronal. La
burguesía también necesita, en la misma media, complicidades en el interior del
movimiento obrero. Para ello, y la burguesía posee en particular los medios
necesarios en los países imperialista, corrompe y se introduce en los aparatos
políticos y sindicales del movimiento obrero gracias a la política de
participación y a las subvenciones.
Los trabajadores no disponen hoy en día de
verdaderos sindicatos. Un sindicato obrero es una organización que se dota del
objetivo de luchar contra el capital para mejorar la situación de los
trabajadores, que participa en la lucha revolucionaria para derribar a la
burguesía, que participará en la organización de la economía sobre una base
socialista. Ni en Francia, ni en ningún otro lugar del mundo, existe ahora una
organización de ese tipo.
En Francia las organizaciones oficialmente
“representativas” no bajan de siete confederaciones (CGT, CFDT, FO, CFTC,
CFE-CGC) o en gestación (G10, UNAS).
-
-En 1947, con la apertura de la guerra fría, los
reformistas escindieron
-A partir de 1988,
-Algunos anarquistas intentan hacer vivir a un
sindicato propio,
Todas las organizaciones sindicales no han nacido
gracias a la iniciativa de alguna corriente del movimiento obrero.
-Desde la aparición de
-
-En 1944, nació una organización sindical separando
los “cuadros” de los asalariados de base,
-Es preciso añadir, a todas las confederaciones,
numerosas organizaciones “autónomas” que aíslan a los trabajadores, de tal o
tal otra categoría o empresa, de sus hermanos de clase.
De una forma u otra, todas las organizaciones
sindicales están actualmente bajo el control de la clase enemiga, de los
explotadores. La burguesía puede apostar a favor de la cobardía y corrupción de
las direcciones reformistas para llevar a cabo sus ataques al mismo tiempo que
se apoya sobre organizaciones sindicales ajenas al movimiento obrero como, por
ejemplo, CFDT, CFTC y CGC en Francia.
Dar la espalda a los sindicatos, sin embargo, se
traduce en abandonarlos a los aparatos, se traduce en renunciar al combate
contra las direcciones traidoras al movimiento obrero. Los bolcheviques se afilian
a las organizaciones sindicales tal y como existen en su sector de trabajo,
prioritariamente a aquellas provenientes de
El Grupo Bolchevique condena claramente a quienes
ayudan a aumentar la división sindical, a quienes constituyen sindicatos
suplementarios, como los anarquistas con su CNT, como el PT escindiendo la ex
FEN para fundar sindicatos de enseñantes FO, como
El objetivo de los bolcheviques no es ocupar
responsabilidades sindicales otorgadas por el aparato y aún menos beneficiarse
de privilegio alguno. Bajo el control de su célula y de la célula central, los
militantes deben ganar antes que nada toda la confianza y el apoyo de la base
del sindicato y, más ampliamente, de sus camaradas de trabajo o estudios. Sobre
esta base, los bolcheviques se esforzaron en constituir núcleos comunistas en
el interior de los lugares de trabajo y en reagrupar más ampliamente a los
trabajadores en tendencia de lucha de clases. Sólo pueden intentar acceder a
responsabilidades sindicales si éstas reflejan la confianza de los trabajadores
de sus propias filas.
Uno de los resultados del sometimiento de los
aparatos a las necesidades de la burguesía es el considerable debilitamiento de
todas las organizaciones obreras. Sin una orientación de lucha de clases, los
sindicatos tienden a ser domesticados e integrados en al poder del estado. Si
la naturaleza social de los aparatos traidores del movimiento obrero es pequeño
burguesa, la política de los partidos obreros degenerados y de los aparatos
sindicales es fundamentalmente burguesa. La burocracia reformista es una
amenaza para la misma existencia de los sindicatos obreros.
Por una CGT reunificada y de
lucha de clases
Los bolcheviques combaten por la
independencia de clase frente al patrono y al poder del estado, a favor de la
ruptura con la burguesía en todas las formas concretas necesarias. Al
“sindicalismo de proposición”, a los acomodamientos, compromisos y traiciones
de las direcciones burocráticas, los marxistas revolucionarios oponen las
reivindicaciones que se ciñen a los intereses del conjunto del proletariado.
Buscan ayudar a las masas, en el proceso de su cotidiana resistencia a la
explotación y en los conflictos abiertos, a encontrar el puente entre sus
necesidades inmediatas y la revolución socialista. El Grupo Bolchevique se
desmarca de los falsos “trotskistas”, de todos los revisionistas del programa
de
Frente a la política de traición
continuada de todas las direcciones sindicales actuales, los bolcheviques
defienden una línea de clase contra clase. No es posible tener en el sindicato
una orientación política diferente de la de conjunto, diferente de la de lucha
por el gobierno obrero, por el socialismo. No hay dos programas, uno para el
partido y otro para el sindicato. Los bolcheviques avanzan un programa de
reivindicaciones transitorias que parten de las condiciones objetivas para
llevar a una única e invariable conclusión: la clase obrera debe tomar el
poder.
Para ello, los bolcheviques se
baten a favor de la democracia en el interior del sindicato pues ella permite a
los trabajadores examinar las diferentes posiciones y pronunciarse. Sin
democracia obrera sólo la política del aparato puede expresarse en el sindicato
y las asambleas generales.
La renovación de los sindicatos
no se hará en frío, al margen del movimiento revolucionario de las masas, pues
hará falta romper los aparatos corruptos y conservadores que los controlan y
debilitan. Abiertos por naturaleza al conjunto de los asalariados, los
sindicatos no pueden reemplazar al partido revolucionario. Además, los de mayor
implantación sólo llegan a organizar a una parte del proletariado que es, a
menudo, a su fracción más cualificada y mejor pagada. Los sindicatos no son el
embrión de la dictadura del proletariado pues sólo reagrupan a una parte de los
trabajadores (en particular en Francia) y, aquella, sólo puede ejercerse a
través de consejos mucho más amplios.
Cada vez que una lucha comienza,
los militantes bolcheviques proponen y sostienen las formas autónomas de
organización, los órganos de tipo soviético o presoviético de combate que
engloban masas más amplias: piquetes, asambleas generales, comités de huelga
elegidos y revocables, comité central de huelga, etc.
Sin teoría revolucionaria no
hay movimiento revolucionario
Desde el mismo momento en que el
capitalismo apareció en el seno de las formaciones sociales de Europa
occidental engendró al proletariado moderno.
La explotación de los
trabajadores asalariados es la fuente de plusvalor que se apropia la burguesía
y que le permite la acumulación. La clase obrera ha crecido junto a las otras
fuerzas productivas, a medida que el capitalismo ha ido suplantando a los modos
de producción precedentes.
Al mismo tiempo que continuaba
su tarea histórica de unificación de la economía mundial sobre la base de un
desarrollo sin precedentes de la técnica, el modo de producción capitalista ha
engendrado a su enterrador. Su contradicción fundamental es el creciente
antagonismo entre el mantenimiento de la propiedad privada de los medios de
producción y el carácter cada vez más social de la producción. Gracias al lugar
que ocupa en las relaciones de producción, el proletariado es el actor histórico
que puede derribar las relaciones de propiedad capitalistas para liberar las
fuerzas productivas.
Ciertamente que el proletariado
no fue, al principio, más que una fuerza de apoyo al lado de la burguesía y de
la democracia pequeño burguesa contra el feudalismo, la monarquía y
La idea del socialismo precede a
la aparición del proletariado sobre la escena de la historia. Pero en aquel
momento no podía ser más que una utopía. Desde el momento en el que la nueva
clase explotada combate por sí misma se dota de una conciencia de clase embrionaria.
Este proceso se ve reforzado gracias a la incorporación de intelectuales a la
vanguardia de los trabajadores.
En contacto con los proletarios
revolucionarios de Francia, después en el interior de una pequeña organización
internacional de vanguardia de obreros artesanos alemanes,
El carácter científico del
marxismo se lo confiere su toma de partido a favor de la clase obrera, única
clase social que tiene interés en comprender la sociedad capitalista mientras
que, por el contrario, la burguesía concibe al capitalismo como natural y no
histórico.
Sobretodo, la burguesía
demuestra menos interés en desvelar los mecanismos que explican los fenómenos
de la historia, de la sociedad y de la economía, una vez que ya ha triunfado
sobre las antiguas clases explotadoras y se ve enfrentada, ella misma, a la
amenaza de la revolución. Los saberes que se elaboran en los dominios de la
historia, sociedad y economía, se mantienen parcializados y sometidos al marco
de conjunto de la ideología dominante. Sólo el marxismo permite abrirse paso
hacia una verdadera ciencia de la sociedad humana.
Por otra parte, convertida ya en
una clase históricamente reaccionaria, la burguesía recurre cada vez a la
religión como opio del pueblo y tiende a retroceder, ella misma, al
oscurantismo y la superstición.
Elaborado sobre la base de los
logros de la burguesía ascendente y de la experiencia del movimiento obrero, el
marxismo es la teoría en desarrollo permanente que permite la comprensión del
modo de producción capitalista y que guía la lucha por el comunismo.
El papel histórico de
El crecimiento del proletariado
permitió, acto seguido, la aparición de organizaciones que agrupaban a millares
de trabajadores unidos en
Sin un partido obrero
revolucionario no puede haber revolución victoriosa
A pesar de llevar a cabo un
trabajo de organización, educación y lucha electoral,
En el interior de los partidos
socialistas de
Las premisas objetivas de la
revolución proletaria no sólo están maduras: han comenzado a pudrirse. El
periodo imperialista enfrenta a la humanidad a una alternativa: socialismo o
barbarie. La barbarie esbozada en las conquistas coloniales se manifiesta en
los países avanzados con la carnicería desatada por las rivalidades entre los
imperialismos en 1914. La mayor parte de las organizaciones obreras, de entre
las cuales las principales secciones de
En Europa del este un puñado de
organizaciones se opuso a ese curso de los acontecimientos. Se trataba de
pequeños partidos afiliados a
Octubre de 1917 fue la respuesta
al callejón sin salida histórico del capitalismo, callejón sin salida que puso
de manifiesto la guerra mundial e iba a confirmar la gran crisis económica de
1929.
La revolución triunfó porque el
proletariado ruso tenía en aquellos momentos una dirección política adecuada a
sus tareas históricas. La revolución de Octubre de 1917 reposa sobre la mayoría
que el Partido Bolchevique había conquistado en los soviets, verdaderos
parlamentos obreros. Por primera vez, la clase obrera conquistaba el poder a
escala de todo un país.
Pero el proletariado ruso se vio
desangrando por el esfuerzo necesario para hacer frente a la reacción zarista y
a las intervenciones de todos los imperialismos, entre ellos el de
Pero la inmadurez de los jóvenes
partidos comunistas y la traición de los partidos reformistas no permitieron la
victoria de la revolución que había estallado en Alemania, Italia, Hungría,
Finlandia, Polonia y Bulgaria; estas derrotas aislaron a
La victoria de la burocracia
conservadora, chovinista y privilegiada entrañó la derrota de
Trotski y los
bolcheviques-leninistas constituyeron
El programa fue enriquecido con
las lecciones de las luchas de clases entre las dos guerras. Nacida de las más
grandes derrotas del proletariado (Italia, Alemania, China, España, URSS...),
el joven partido mundial de la revolución socialista perseguía el objetivo de
preparar la victoria de la próxima oleada de la revolución mundial. En el mismo
momento en que Stalin asesinaba a los cuadros bolcheviques y en el que Hitler
metía bajo su bota al proletariado alemán y en que los “minutos eran siglos” y
se preparaba la 2ª Guerra mundial, se trataba de resolver la crisis de la
dirección del proletariado.
Pero, emergiendo en un periodo
de derrotas de gran amplitud, sufridas por el proletariado mundial, y
débilmente implantada,
En Francia, frente a las
dificultades de construcción de la sección, un pequeño grupo conducido por
Barta, se escindió, sin hacer explicitas diferencias políticas, en 1939 de la
sección francesa de
En 1951-1953
En la misma IV Internacional se
cuestionó en 1950 el programa. El hecho fue mucho más grave ya que provenía de
los principales dirigentes de
Trotski desaparecido desde 1940,
asesinado por orden de Stalin, esta orientación oportunista y liquidadora no
tropezó con gran resistencia antes del congreso mundial de 1951, cuando la
sección francesa, el Partido Comunista Internacionalista, se opuso a las
tesis de Pablo. En 1952, el CC del PCI rechazó, a iniciativa de Bleibtreu, la
liquidación de los militantes obreros revolucionarios dentro del partido
estalinista. El SI pablista apoyó a la fracción minoritaria de Pierre Frank y
Michèle Mestre y excluyó a la sección francesa. La minoría escindió robando la
cabecera del periódico y usurpando el nombre de la organización.
Pablo, una vez excluido de la
sección francesa, se giró contra las secciones británica y estadounidense en 1953.
El veterano James Cannon se vio obligado, a sus 63 años y ante la inercia de la
dirección Dobbs, a contrarrestar la ofensiva pablista en el seno de la sección
estadounidense. Gerry Healy hubo de hacer lo mismo en la sección británica.
En el plano internacional Cannon
recurrió a una fracción, el Comité Internacional de
La constitución del CI de
Sin la reacción de la dirección
del SWP y sin la formación del CI,
Sin embargo, dividida y
desacreditada,
El centro de Pablo y Mandel
animó sistemáticamente la capitulación ante el nacionalismo burgués llevando a
la liquidación de secciones significativas implantadas en la clase obrera como,
por ejemplo, el Partido Obrero Revolucionario de Bolivia que estalló en 1954,
después de haber apoyado al partido nacionalista burgués MNR, o como también
Por su parte el Comité
Internacional de
Sin embargo, el Comité
Internacional se demostró impotente para reconstruir
Con el paso del tiempo los
componentes más importantes del Comité Internacional de
-Tras algunos años de triunfos,
al final de la guerra y durante los años siguientes, los trotskistas
estadounidenses conocieron una difícil situación a partir de 1947, en un
contexto de crecimiento económico no esperado, de reflujo de las luchas obreras
y de la caza de rojos desencadenada por el estado en la ciudadela imperialista.
Ya en 1949 la dirección Dobbs del SWP había vacilado ante el comienzo de la
guerra de Corea adoptando una actitud neutralista de tipo “tercer campo”, al
igual que los shachtmanistas. Se precisó de toda la autoridad de Cannon, que se
había jubilado, para que el periódico The Militant defendiera a Corea
del Norte y a la revolución china frente a la intervención imperialista. En
1954, la dirección del SWP, adaptándose a la organización pequeño burguesa
NAACP, apeló al ejército estadounidense para proteger a los negros del sur de
los Estados Unidos. En 1956 se orientó hacia el ala derecha del estalinismo
estadounidense en crisis. En consecuencia la sección estadounidense se
desinteresó del Comité Internacional. Cuando la guerrilla tomó el poder en Cuba
y, después, expropió al capital en 1961, la dirección Hansen del SWP y la
dirección Moreno de la sección argentina se acercaron a los pablistas para
unirse, al final, en 1963 formando el “Secretariado Unificado de
-En América del Sur los
partidarios del comité Internacional se habían reagrupado en el seno del SLATO,
apoyándose sobre el POR argentino dirigido por Nahuel Moreno. Pero éste
manifestó rápidamente tanto oportunismo hacia el nacionalismo burgués como los
pablistas latinoamericanos conducidos por Posadas. Moreno colocó a su
organización bajo la autoridad de Perón. Para justificar sus capitulaciones,
Moreno volvió, contra la estrategia de la revolución permanente adoptada por
-En cuanto a la sección francesa
ésta estaba exangüe en 1952. Había sufrido la expulsión de
-En los años 1950, la sección
británica (el Club de Gerry Healy) manifestó por su parte un gran
oportunismo frente a los reformistas de izquierdas del Partido Laborista en el
que había entrado. Sin embargo la sección británica se volvió a dinamizar con
la conquista de toda un franja de militantes del Partido Comunista tras la
revolución de Hungría en 1956 y de una creciente influencia en el interior de
la juventud laborista que conquistó en los años 1960. De hecho, recayó sobre la
sección británica la responsabilidad de llevar la lucha en el seno del Comité
Internacional para contrarrestar el curso oportunista y liquidador de la
dirección de la sección estadounidense. De esta forma pudo mantenerse el Comité
Internacional de
La reconstrucción de
Todavía era posible, sobre esta
base política y organizativa, la reedificación de la internacional y más
teniendo en cuenta que las secciones francesa y británica iban a crecer durante
la fase de ascenso de la revolución mundial. Su elaboración teórica tomaría
nuevos bríos con Cliff Slaughter, Stépahne Just y otros. La 3ª Conferencia del
CI, en 1996, precisó correctamente que no podía hablarse, en propiedad, de
Sin embargo, Healy excluyó
burocráticamente de la conferencia y, por tanto, del CI a una organización estadounidense
que se mantenía en el terreno del programa,
De esta forma las tendencias
oportunistas de las organizaciones nacionales salidas del CI de
El estallido en 1971 del Comité
Internacional a iniciativa de la dirección de la sección británica,
En los Estados Unidos,
Una última oportunidad para
liquidar el pablismo y reconstruir
-Como consecuencia los dos
componentes del nuevo CI se demostraron impotentes para construir una
organización leninista-trotskista en Irán por la revolución social y contra el
clero musulmán de Jomeini.
-También demostraron,
igualmente, su incapacidad para combatir por la revolución política en Polonia
y para diferenciarse del aparato clerical y restauracionista de Solidarnosc.
-Capitularon juntos ante el
frente popular francés bautizado “Unión de
Moreno escindió, al poco tiempo,
el reagrupamiento sin principios que acaba de constituir con Lambert para
constituir
Este desastre alimentó el
escepticismo sobre las posibilidades de la reconstrucción de
En 1984, Lambert, Cambadélis y
Gluckstein revisaron el programa en provecho de la “línea de la democracia”. El
abandono de la revolución permanente es la consecuencia de una práctica reformista
opuesta a la revolución socialista. Así, 1986, el primer congreso del
“Movimiento por un Partido de los Trabajadores”, que iba a convertirse en el PT
y fagocitar al PCI, denunció en su programa “las soluciones extremas”.
Después de haber participado en
la exclusión de Stéphane Just, Cambadélis prefirió el gran partido reformista
al pequeño sin futuro. En 1986 se llevó algunos centenares de militantes y la
dirección de
En 1991 lo que quedaba de la
dirección del PCI rechazó la consigna de la derrota del imperialismo ante la
agresión contra Irak. Convergió con la línea “pacifista” del PCF que rehusaba
la defensa de este país dominado frente a la coalición en la que participó el
ejército francés.
La dirección lambertista
abandonó definitivamente el programa de
La lucha contra el
revisionismo lambertista no ha podido impedir la liquidación de la sección
francesa
El Comité por el
enderezamiento del PCI fue fundado por Stéphane Just en 1984 tras su
exclusión del PCI, como fracción por enderezarlo y también por preservar las
últimas posibilidades de reconstruir
-El Comité combatió la
adaptación de la dirección del PCI a las burocracias reformistas. La dirección
Lambert llegó hasta pedir el voto a favor de Mitterrand ya en la primera vuelta
de las elecciones presidenciales de 1981, después de haber votado, en más de
una ocasión, a favor de los informes de gestión de las direcciones sindicales
de FEN y FO. Esta política de capitulación nutrió una estalinofobia de tipo
shachtmanista, valorando a las organizaciones modeladas por la guerra fría: el
PS, al aparato sindical FEN y, sobretodo, al aparato sindical de FO.
-El Comité denunció la
concepción parlamentarista del frente único obrero y de la lucha por un
gobierno obrero, desviación combatida en su momento por Trotski.
-El Comité rechazó el
oportunismo del PCI frente a
-El Comité intentó mantener al
PCI en la vía del internacionalismo proletario cuando la dirección de este
último capituló ante el chovinismo, con la excusa de la lucha contra la
dominación estadounidense, contra el FMI y contra
-El Comité ha defendido la
concepción marxista del estado, ha defendido la teoría de la revolución
permanente contra la revisión lambertista del programa, revisión conocida bajo
el nombre de “línea de la democracia” y que substituye a la dictadura del
proletariado por el parlamentarismo burgués.
-El Comité ha permanecido fiel a
la concepción leninista-trotskista del partido mientras que el PCI, por el
contrario, ha sido liquidado a cambio de un Partido de los Trabajadores
constituido bajo patronazgo del aparato FO y teniendo como programa la
democracia.
Contra el oportunismo y el
revisionismo, la herencia política de la sección francesa y de
Todas las posibilidades que
entrañaba
-Por una parte, existen y han
existido numerosas organizaciones que se intitulan “IV Internacional” tantas
como impostores que usurpan la bandera, de entre los cuales el SU pablista de
la “IV Internacional reproclamada” de Lambert-Gluckstein, que la manchan en cada
ocasión de la lucha de clases.
-Por otra parte, todas las
secciones que habían inicialmente resistido al pablismo han caído, a su vez, en
la revisión del marxismo y se han liquidado como organizaciones
revolucionarias. El SWP estadounidense ha devenido una secta castrista que ha
denunciado abiertamente en 1982 la estrategia de la revolución permanente y la
fundación de
Tras el estallido de
El Comité ha sido un instrumento
irremplazable para hacer el balance de
El Comité ha tenido también el
mérito de realizar la elaboración sobre la situación política en Francia y en
numerosos países, la formulación de respuestas políticas concretas para la
intervención en la lucha de clases: la caracterización de los golpes lanzados
por el imperialismo contra el proletariado en el curso de los años 1980, hasta
la restauración del capitalismo en Rusia, la evolución de la lucha de clases en
determinados países dominados por el imperialismo (por ejemplo: Argelia,
Palestina, África del Sur) así como en las principales metrópolis
imperialistas.
En fin, el Comité era cualquier
cosa menos un circulo de charlatanes y plumíferos de salón o una secta de
agriados y resignados. Su publicación Combattre pour le socialisme, era
un útil de intervención política, relacionando las iniciativas de los
militantes, como en el momento del test que constituyó el movimiento de huelga
en noviembre y diciembre de 1995. La puesta en práctica del programa para
construir la organización permitió en particular tejer lazos con la juventud,
captando fuerzas radicalizadas por el movimiento de la juventud de 1986 contra
el gobierno Chirac, en el seno de la organización pablista de juventudes (JCR).
Pero cuando se desgasta una
organización se desgasta también la generación que la ha sostenido y el marco
del Comité no ha escapado a ello.
El Comité ha sido, él mismo,
victima de la estrechez nacional y del oportunismo
Nuestra organización ha sufrido
el peso de su aislamiento internacional y de los retrocesos de la clase obrera
que se habían hecho sentir en el PCI. Después de la desaparición, en 1997, de
su fundador, en tres ocasiones, con menosprecio de sus conferencias
democráticas, una parte de su dirección ha conducido a una minoría a escindir,
a robar al Comité. Los instigadores de las escisiones han vuelto a los modos
antidemocráticos y violentos, delatores y corrompidos de la escuela de los
Moreno, Healy y Lambert.
El contenido político de las
tres oleadas de destrucción que ha debido sobrellevar la organización puede
resumirse así: por escepticismo, desánimo y capitulación, diversos cuadros no
sólo han abandonado el combate por la revolución proletaria sino que han hecho
todo lo posible por liquidar al Comité.
La organización que fue fundada
por Stéphane Just, que hundía sus raíces en la sección francesa de
En consecuencia, la 12ª
Conferencia del Comité por
La vanguardia debe
reagruparse sobre la base del marxismo para construir el Partido y
Un largo proceso histórico se
encamina hacia su final, aquel en que los aparatos sindicales, los partidos
socialdemócratas y laboristas, la burocracia del Kremlin y su aparato
internacional, han ejercido un quasimonopolio sobre el movimiento obrero, aquel
en que éstos han podido manipular al proletariado. Su influencia ha sido de tal
calibre que ha podido hacer tambalear y destruir a
El Grupo Bolchevique prosigue en
Francia el combate de
Ante las traiciones de las
direcciones tradicionales que participan en la liquidación de las conquistas
obreras, frente a su degeneración acelerada gracias a la restauración del
capitalismo en Rusia, frente a su abandono de toda referencia al socialismo,
frente al objetivo declarado de todas las corrientes centristas del movimiento
obrero (a menudo de los seudotrotskistas) de construir otra cosa diferente a
partidos obreros revolucionarios, los trabajadores se encuentran, actualmente,
desmoralizados y desorientados por la ausencia de perspectiva.
Sin embargo, en los movimientos
que los proletariados desencadenarán para defenderse de la ofensiva
capitalista, en el desarrollo de la crisis del movimiento obrero, se desgajarán
las condiciones objetivas de su reconstitución sobre un nuevo eje: el de los
partidos obreros revolucionarios que los militantes marxistas tendrán que
construir, el de una internacional obrera revolucionaria sobre la base del
programa resultante de los combates y de la experiencia de las cuatro primeras internacionales. El
Grupo Bolchevique se propone, interviniendo en la lucha de clases, defender las
adquisiciones políticas y teóricas de estas internacionales y establecer los
jalones para la reconstrucción del movimiento obrero sobre el eje de la
revolución socialista mundial.
Para el Grupo Bolchevique no se
trata de limitarse a Francia ni de dejar para las calendas romanas la
edificación de una internacional. Toda organización puramente nacional esta
destinada a la degeneración, como lo ha probado el estallido del Comité.
Las organizaciones
revolucionarias no pueden sobrevivir al margen de la existencia entre ellas de
un estrecho lazo internacional, no pueden sobrevivir más que a condición de que
se den entre ellas vivos intercambios de experiencia y un vigilante control
mutuo. El Grupo Bolchevique otorga, pues, un importante lugar en su prensa a
los acontecimientos del resto del mundo. Prestará atención de los trabajadores
y jóvenes extranjeros que residen en Francia. Consagrará energías para anudar
lazos con otras organizaciones sobre la base de principios comunes.
En el mundo entero, se
desgajarán fuerzas de las organizaciones tradicionales de la clase obrera, pero
también de las corrientes que usurpan la referencia al trotskismo, del
anarquismo o del guerrillerismo pequeño burgués. Pues es una certitud: el
proletariado retomará la ofensiva bajo el aguijón de la necesidad. Pero la
espontaneidad no basta:
-Por una parte, incluso en sus
luchas, el proletariado, como clase explotada y dominada ideológicamente, no
puede acceder por sí sola a la conciencia de su papel histórico.
-Por otra, su movimiento
tropezará con las imposturas de las corrientes clericales y con los
nacionalistas burgueses, con la política conservadora de las cúpulas
parlamentarias y sindicales del movimiento obrero, con la confusión de sus
satélites centristas.
Carente de dirección fiel, que
luche por la dictadura del proletariado, la clase obrera sufrirá nuevas
derrotas. El partido debe ser construido bajo el fuego de la acción, por la
conjunción de todas las fuerzas de la vanguardia sobre la base del programa.
La edificación de un partido
obrero revolucionario es una tarea urgente, decisiva. El partido obrero
revolucionario se construirá ayudando a las masas a edificar sus propios
comités, los consejos para superar a las direcciones traidoras (las burocracias
sindicales y a los partidos obreros burgueses), permitiendo a la clase obrera
avanzar hacia un auténtico gobierno obrero, hacia su propio poder, hacia la
expropiación del capital. Así se verán establecidas las relaciones políticas
que han faltado (en Francia en 1936, 1944, 1968 y 1981) para que se desencadene
un proceso revolucionario que se extenderá internacionalmente.
El Grupo Bolchevique se define
por su objetivo: construir el partido obrero revolucionario en su país, la
internacional obrera revolucionaria a escala mundial, por la revolución proletaria,
por el poder de la inmensa mayoría, por la expropiación de la minoría
capitalista, por el fin de la explotación, por los Estados Unidos Socialistas
de Europa, por el triunfo mundial del socialismo.
A los trabajadores y a los
jóvenes que se rebelan contra el
capitalismo, los militantes bolcheviques les dicen: para preparar nuevos
Octubre hay que organizarse sobre la base del marxismo, unios a nosotros.
¡Viva el poder de los
trabajadores! ¡Viva la revolución socialista mundial!
1º de mayo de 2002