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BAJO
Plataforma de
la 1ª Conferencia del Groupe
bolchevik pour la construction du Parti ouvrier révolutionnaire, de
l’Internationale ouvrière révolutionnaire (Grupo Bolchevique por la
construcción del Partido Obrero Revolucionario, por la construcción de
El capitalismo mantiene a la
mayor parte de la humanidad bajo un horror sin fin
Desde que, en 1991, se restauró el capitalismo en
Rusia sin oposición significativa del proletariado, y teniendo en cuenta que
era el único país en el que éste conquistó el poder en 1917, todos los
ideólogos burgueses afirman que el capitalismo representa el futuro de la
humanidad.
Pero, sin embargo, en ninguna época histórica
anterior la sociedad humana ha presentado un contraste tan agudo entre las
fuerzas productivas, por una parte, y las consecuencias de la pervivencia de la
explotación por una minoría explotadora, por otra. La burguesía puede acaparar
una gran parte de los productos del trabajo ya que posee todas las empresas de
cierta dimensión y por tanto los medios de producción de dichas riquezas y sólo
devuelve, bajo la forma de salario, una parte del valor de las mercancías
creadas por el trabajador colectivo, acaparando así la mayor parte de ellas
bajo la forma de beneficios.
El potencial científico y técnico hace ya tiempo
que permitiría la emancipación de toda la humanidad, es decir seis mil millones
de personas, del hambre y la miseria, de la opresión y del trabajo embrutecedor
y agotador.
Pero, bajo el reino del capital, la investigación
se orienta hacia las matemáticas de la especulación bolsista, la física
armamentística, la biología patentada...
Hace ya tiempo que la burguesía dejó de ejercer un
papel progresista, papel que consistió en derrocar a las monarquías, liquidar
las relaciones feudales, separar la religión del estado, generar la industria
moderna y crear el mercado mundial. El capitalismo se ha convertido en un freno
al desarrollo de la humanidad desde el mismo momento en el que ha alcanzado, a
fines del siglo diecinueve en Europa y a principios del veinte en América del
Norte, el estadio imperialista.
La centralización, mediante diversas operaciones de
fusión, así como la concentración del capital, han llevado a la dominación del
capital financiero. En la mayor parte de las ramas productivas, algunos grandes
grupos capitalistas de este tipo, se reparten lo esencial del mercado mundial.
En el seno de lo que a principios de siglo se llamaba “monopolios” o “truts”,
las sociedades matrices gestionan a escala internacional sus filiales y
planifican sus actividades. Así se expresa, en el mismo seno del capitalismo,
una tendencia a la socialización de las fuerzas productivas, cuyo pleno
desarrollo, sin embargo, es antagónico con el mismo capitalismo.
La inmensa mayoría de las firmas “multinacionales”
de este tipo son originarias de unos pocos países. Un puñado de burguesías
nacionales domina, en efecto, el mundo entero. Sus conflictos ya han provocado
dos guerras mundiales. Entre estas dos masacres, la crisis económica mundial de
1929 produjo una enorme regresión y la dislocación del mercado mundial. Todos
estos fenómenos son la prueba de que las fuerzas productivas entran en
conflicto con las relaciones de producción capitalistas y, en particular, de
que la tendencia a la internacionalización de la economía es incompatible con
el mantenimiento de las fronteras nacionales convertidas en demasiado estrechas.
Regiones enteras de países, e incluso de partes de
continentes, se hunden en la pobreza. El sida
asola al África negra incluida África del Sur.
En el mismo seno de los países imperialistas, el
proletariado está sometido a la amenaza del paro, la precarización, la
intensificación del trabajo y la destrucción de sus conquistas anteriores;
partes significativas de la población quedan excluidas de forma duradera de la
producción y, de esta manera marginadas, caen en la miseria o se inclinan hacia
la delincuencia.
En el otro extremo de la sociedad, la burguesía
despliega un lujo insolente. Una milésima de la población mundial goza, ella
sola, de un tercio de las riquezas de la población entera; 425 individuos de
entre esa minoría poseen una fortuna de más de mil millones de dólares.
El mantenimiento del capitalismo
amenaza a la humanidad entera con un fin repleto de horrores
Después de
La burguesía ha tenido que reaccionar. A principios
de los años 1980, y bajo la bandera del “liberalismo económico”, el capital
financiero ha retomado la iniciativa en Gran Bretaña y en los Estados Unidos
bajo la batuta de Thatcher y Reagan. Por todas partes la clase dominante los ha
imitado apoyándose sobre lo que siempre ha continuado siendo su estado:
ha intensificado el trabajo, ha desindexado los salarios, procedido a
reducciones de los gastos sociales y cuestionado numerosas concesiones de las
que tuvo que acordar anteriormente.
Las principales burguesías han acabado por
restablecer el valor de sus monedas y enderezar la tasa de beneficio mediante
la profundización de la explotación del proletariado. Lo han logrado gracias,
por una parte, al peso del paro sobre la clase obrera y, por otra, a la
cobardía y traiciones de las direcciones tradicionales de la clase obrera,
partidos reformistas y burocracias sindicales. El estallido de
A pesar de ello la acumulación del capital no ha
retomado en ningún caso, incluso en los mismos Estados Unidos que han logrado
recuperar parte del terreno perdido respecto a sus principales competidores
Alemania y Japón, el ritmo de los años 1950. La utilización de la informática
para intensificar el trabajo, la apertura de nuevas ramas de producción
bautizadas “nuevas tecnológicas de la información y de la comunicación” no
bastan para superar las contradicciones del capitalismo. Por el contrario, el
recurso a los equipos automatizados en el seno de las empresas tiende a aumentar
la composición orgánica del capital y a amenazar de nuevo la rentabilidad del
capital, pues sólo el trabajo vivo crea plusvalía (el plusvalor que se reparten
los capitalistas bajo la forma de beneficios e interés). La crisis de la bolsa
del Nasdaq en el 2000 ya ha destruido el mito de la “nueva economía”.
Algunos charlatanes pretenden curar al capitalismo
de los males de la especulación imponiéndole una reformita consistente en tasar
las transacciones financieras internacionales. En realidad, para deshacerse de
la especulación es preciso acabar con el reino del capital, mucho más teniendo
en cuenta que el alimento de la actual especulación es el paliativo mismo de la
crisis capitalista. Durante el último decenio las crisis monetarias, de la
bolsa y económicas, acaecidas en numerosos países con desarrollo industrial
reciente como Méjico o Asia del Suroeste, así como las quiebras bancarias y los
crack de la bolsa aparecidos en numerosas ocasiones en los centros
imperialistas han sido superados mediante el recurso masivo al crédito. El
dinero salvador ha sido concedido por los estados burgueses dominantes y por
sus instituciones comunes, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.
Así ha podido ser diferida la crisis económica de conjunto. Pero estos métodos
agravan a plazo fijo las contradicciones del capitalismo senil pues alimentan
una pirámide gigantesca de capital ficticio. Ahí hunden sus raíces las burbujas
especulativas que secretan periódicamente los mercados financieros. La
gigantesca masa de títulos, que optan todos a beneficiarse de la plusvalía
arrancada al proletariado mundial, está condenada a hundirse ante el
ineluctable descenso de la tasa de beneficio.
Cada burguesía imperialista intentará salvarse en
detrimento de las otras. Por el momento el imperialismo estadounidense afirma
su hegemonía y federa el mantenimiento del orden mundial del que se benefician
todos los imperialismos gracias a los beneficios del estallido de la ex URSS y
del restablecimiento del reino del capital en
La unidad que presentan los imperialismos es una
unidad de fachada. En el marco de
De ahora en adelante, las rivalidades se
intensificarán, como lo ha demostrado el papel de los imperialismos europeos en
el estallido de la antigua Yugoslavia y en el fracaso de las negociaciones de
El capitalismo de principios del siglo XXI se encamina
hacia una crisis económica de gran envergadura y hacia la dislocación del
mercado mundial, lo que amenaza a la humanidad con nuevos horrores, si el
proletariado no lo derriba y abre, de esta forma, la vía hacia un estadio más
avanzado de la historia.
Expropiar al capital es una
necesidad ya que el socialismo es la única alternativa ante la barbarie
La pervivencia del capitalismo amenaza a la
humanidad, la existencia de la burguesía ya no es compatible con la sociedad.
Bajo un régimen económico basado en la propiedad
privada de las empresas y en la competencia entre ellas, los trabajadores de la
ciudad y el campo no pueden vivir decentemente de su trabajo ni pueden
permanecer a salvo del paro.
Los trabajadores no pueden circular libremente, y
menos aún establecerse, en un mundo sojuzgado por el imperialismo. Los obreros
y empleados inmigrantes sólo pueden disfrutar de la igualdad jurídica y
política si el poder pertenece a los trabajadores.
El racismo y la opresión de las mujeres sólo
pueden desaparecer con el socialismo.
La juventud no puede confiar en el futuro, no puede
beneficiarse de una formación y de una cultura dignas de tal nombre, de una
instrucción libre del patrón y del cura, no puede divertirse libremente más que
en una civilización liberada del dominio de la religión, en una economía basada
en la satisfacción de las necesidades, en una sociedad en la que las clases
desaparecen.
El medio ambiente no puede ser mantenido
adecuadamente bajo un modo de producción guiado por el beneficio.
En la época del imperialismo, la única fuerza capaz
de realizar y asegurar la igualdad, las libertades, los derechos democráticos,
la emancipación de los pueblos oprimidos, la liberación de la mujer y la
laicidad, son las masas proletarias y semiproletarias y no los parlamentarios
reformistas, los bufones clericales o los demagogos nacionalistas. Todos
aquellos que protegen a los rentistas son enemigos de los oprimidos y de los
explotados. Las conquistas sociales y democráticas sólo pueden preservarse o arrancarse
gracias a la actividad de aquellos que en los tiempos ordinarios son apartados
de las decisiones: la clase obrera y, si se alinean al lado de ella, los
campesinos trabajadores, los jóvenes en formación, los trabajadores
independientes de las ciudades, los cuadros...
La más inmediata de todas las reivindicaciones es
la expropiación de los capitalistas. No se trata en absoluto de la utopía
reformista de corregir la desigualdad de las rentas, de requisar las empresas
que despiden al mismo tiempo que obtienen beneficios ni de requisar una parte
de los beneficios para, supuestamente, crear empleos. Es indispensable y
urgente expropiar, sin indemnización ni compra, la banca y los seguros, la
industria pesada y la energía, la fabricación de automóviles y de aviones, las
grandes empresas de la construcción, las grandes empresas de la electrónica y
de material eléctrico, los laboratorios farmacéuticos y las empresas dedicadas
a la química, las cadenas de televisión y las telecomunicaciones, a los grandes
propietarios terratenientes del campo y de las ciudades...
Así y sólo así, podrá establecerse un plan de
creación de riquezas sociales bajo el control de la sociedad y partiendo de las
necesidades que es preciso satisfacer teniendo en cuenta los medios disponibles.
La colectivización de los principales medios de producción permitirá a la
población, organizada en consejos, desembarazada de los explotadores, decidir
democráticamente sobre la producción y su reparto y sobre la edificación del
socialismo.
Sólo la clase obrera, si se dota de un partido
obrero revolucionario, puede volver a renovar la revolución socialista mundial
que empezó en 1917 y, de esta forma, destruir el obstáculo del capitalismo.
La clase obrera es la única
clase revolucionaria de nuestra época y, por tanto, cualquier apoyo político a
los representantes de la burguesía es una traición
La inmensa mayoría de la humanidad ganaría con el
triunfo de la revolución social pero ésta sólo puede tener, en nuestra época,
un carácter proletario. Las revueltas contra la explotación y la opresión, si
quieren encontrar una salida, deben ser dirigidas y llevadas hasta el final por
la clase obrera.
La sociedad capitalista contiene dos clases
sociales fundamentales: por una parte la clase burguesa, poseedora de los
medios de producción y, por la otra, la clase obrera, los trabajadores
asalariados que, para ganarse la vida, sólo pueden vender su fuerza de trabajo.
La clase obrera es al mismo tiempo resultado del capitalismo, su condición
necesaria, y su enterrador potencial. La burguesía vive de la explotación de la
clase obrera y, a pesar de ir reduciéndose numéricamente cada vez más, sigue
controlando, cada vez más también, una parte más grande de la riqueza de la
sociedad entera.
Es cierto que las clases capitalistas de los países
dominados sólo se benefician de una pequeña porción de la plusvalía mundial,
sin embargo han demostrado hace ya tiempo su incapacidad para dirigir una lucha
consecuente en favor de la independencia y del desarrollo. Estas burguesías
tienen a menudo un carácter comprador, están muy ligadas a las burguesías
imperialistas y a los grandes propietarios terratenientes autóctonos y tienen
mucho miedo a la movilización de masas, movilización indispensable, sin
embargo, para la realización de las tareas democráticas y nacionales de la
revolución burguesa. En pocas palabras: prefieren la dependencia al riesgo de
la revolución proletaria y no dudan en reprimir en un baño de sangre a su
propio proletariado. Desde el hundimiento de
La extensión de la esfera capitalista y la
acumulación de capital han convertido en absolutamente mayoritaria a la clase
obrera en todos los centros imperialistas y han hecho de ella una fuerza social
significativa en numerosos países recientemente industrializados, como Corea
del Sur o Brasil por ejemplo. Crecimiento del capital y aumento del
proletariado constituyen un todo a pesar de ser productos de un mismo proceso
pero situados en polos totalmente opuestos.
Las formaciones sociales dominadas por el
capitalismo sólo contienen dos clases sociales. Bajo las capas sociales del
capitalismo sobrevive el lumpen, una parte del cual realiza actividades
ilícitas e incluso se dedica al bandidaje. En todas partes la cuestión de la
“inseguridad” sirve de justificación para el refuerzo del aparato coercitivo
del estado que está destinado, fundamentalmente, a aplastar al proletariado. La
prolongación del yugo capitalista sobre la humanidad ha multiplicado las
fuerzas de mantenimiento de su orden de desigualdad y de explotación bajo la
forma de policías, militares profesionales, jueces, carceleros y guardas de
todo tipo.
Entre la burguesía y el proletariado se encuentra
la pequeña burguesía tradicional de los pequeños campesinos, comerciantes,
artesanos, artistas, profesionales liberales, todos ellos tienen en común el
trabajar para el mercado manteniéndose, formalmente, como independientes. Estas
capas sociales están globalmente en declive numérico ya que, en su mayor parte,
se hallan arruinadas por la competencia del gran capital. La concentración de
capital, el crecimiento del tamaño de las empresas, ha supuesto, por el contrario,
el desarrollo considerable de la pequeña burguesía asalariada constituida por
la jerarquía que manda sobre los proletarios.
Estas clases medias, antiguas y modernas, no pueden
desempeñar un papel independiente en la lucha de clases. O bien continúan
siendo los bien pagados (y engañados) de la clase dominante, turnándose en
tiempos normales en la hegemonía en los mass media, en el seno de las empresas,
en la universidad e, incluso, en las organizaciones constituidas por la clase
obrera por medio de los burócratas sindicales, parlamentarios, alcaldes, etc.
En determinados casos las capas medias exasperadas por la crisis pueden
incluso, junto con el lumpen, servir de base de masas a las bandas fascistas
contra el proletariado. O bien estas capas se alinean junto al proletariado
cuando éste se lanza ardidamente a la lucha por el poder.
La realización de las tareas democráticas inacabas,
que sólo es posible dando los primeros pasos de la revolución socialista, recae
ahora sobre la clase obrera y ésta no puede confiar, en lo más mínimo, ni en la
burguesía ni en los partidos burgueses. A la clase obrera le hace falta un útil
para tomar el poder, un partido de tipo bolchevique en cada país.
Toda la política de sumisión del proletariado de un
país dominado a la burguesía “nacional”, todo ‘frente único antiimperialista’,
todo apoyo político a un partido burgués como el PRD de Méjico, el ANC de
África del Sur o el PRD de Indonesia no es, respecto a lo anterior, más que una
traición.
En los países imperialistas cualquier apoyo
electoral a una coalición burguesa de tipo “frente popular” o a cualquier
candidato burgués como, por ejemplo, Nader en los Estados Unidos o Chirac en
Francia, cualquier voto a favor de partidos como Los Verdes, el PRG y el MDC,
es, por necesidad, una traición... traición cometida en numerosas ocasiones por
LO y por LCR sistemáticamente.
El enemigo está dentro de
nuestro propio país: el gobierno obrero tiene como primera tarea destruir el
estado burgués
Sólo la clase obrera puede llevar a termino la
revolución social. No lo puede hacer por la vía electoral. La burguesía no
acepta nunca tal amenaza a su posición social, a su poder económico, sin
reaccionar ayudándose para ello de su estado y echando mano, incluso, a los
cipayos sociales fascistas.
Por eso mismo el proletariado no podrá llamar en su
auxilio al estado burgués contra los racistas y fascistas. No sólo es que los
aparatos de estado que garantizan las relaciones capitalistas de explotación,
la justicia, la policía y el ejército burgués hormiguean de cómplices de esta
chusma sino que todas las medidas tomadas oficialmente contra los “extremismos”
son utilizadas en la práctica y finalmente contra las huelgas, manifestaciones
de trabajadores y la vanguardia obrera organizada. En realidad, la clase obrera
y sus organizaciones tienen suficiente fuerza para destruir a los racistas y
aplastar al fascismo en el nido, en los lugares de trabajo y en la calle.
En ningún caso el proletariado debe dejarse engañar
por los pretextos humanitarios de las intervenciones del ejército de su propio
imperialismo. La burguesía francesa, su república y su ejército ya tienen
manchadas sus manos de marroquíes, malgaches, vietnamitas, argelinos, iraquíes
y de numerosos pueblos africanos. En ningún caso el proletariado francés debe
comprometerse con la burguesía francesa y sus guerras imperialistas. Tampoco
debe confiar en los organismos imperialistas: OTAN, ONU, Unión Europea.
Pero los bolcheviques no son pacifistas. La
resistencia de los pueblos oprimidos frente a las agresiones imperialistas es
legitima. La clase obrera, la juventud, los inmigrantes, las organizaciones
obreras, tienen el derecho y el deber de defenderse contra las bandas
fascistas, matones de la patronal y contra la policía burguesa. Las masas
necesitan piquetes de huelga, milicias obreras, guardas rojos para defenderse y
hacer triunfar la insurrección que derribará al estado burgués.
Respecto a esto, la guerra contra las fuerzas de la
reacción es una estrategia nociva pues sustituye a la acción de masas: refleja
intensamente una orientación no proletaria.
Aún peor es el terrorismo contra los trabajadores,
considerados culpables de las exacciones de su imperialismo. Es completamente
contrarrevolucionario en sus efectos y siempre la expresión de fuerzas sociales
enemigas de la clase obrera.
Hoy en día, en Francia, los partidos tradicionales
de la clase obrera se introducen lamentablemente en la rueda de molino de
El proletario necesita las más amplias libertades
democráticas. Debe oponerse a la existencia del Senado, a la privación de los
derechos políticos a los trabajadores inmigrantes, a los poderes discrecionales
de la policía y los servicios secretos, a la dictadura potencial que confiere
No se trata, en ningún caso, de oponer el
parlamentarismo, la democracia burguesa, a
Pedir más policía se traduce en reforzar el estado
de la burguesía contra la clase obrera. Reivindicar una “VI República” supone
inscribirla dentro de la filiación de las cinco repúblicas burguesas, al hilo
de los que masacraron
Todas estas orientaciones reformistas son, de
hecho, contrarrevolucionarias. Permitirán levantar al parlamentarismo como
línea de defensa de la sociedad burguesa en caso de ofensiva revolucionaria del
proletariado. Es lo que han hecho en más de una ocasión los partidos traidores
en nombre de la democracia: el SPD en Alemania en 1918 y 1945;
La “democracia” o la “VI República” son consignas
burguesas que se oponen, por naturaleza, a los órganos de tipo soviético,
emanados de la clase obrera y la población trabajadora (comités de huelga,
consejos, comité central de los comités elegidos), al gobierno obrero, al poder
de los trabajadores.
Sólo un gobierno salido de la clase obrera puede
expropiar al capital pues es necesario apoyarse en el proletariado y las masas
explotadas y oprimidas, armarlas, para poder derribar las instituciones de la
república burguesa y sus cuerpos de altos funcionarios, para destruir el núcleo
represivo del estado burgués, su policía, su ejército y sus servicios secretos.
El gobierno obrero instaurará el estado barato en
el que cada elegido o elegida no cobrará más de lo que cobra un obrero
cualificado. El poder de los consejos será el de la inmensa mayoría, poder en
el que todo/a elegido/a será revocable en cualquier momento. A
Pero el socialismo no podrá desarrollarse en el
interior de las fronteras de un solo estado de los actuales, sobretodo en un
continente tan parcelado como es el de Europa. La supervivencia del poder
obrero en un país como Francia y el desarrollo de las fuerzas productivas
dependerán de la formación de los Estados Unidos Socialistas de Europa. Hay que
construir una Internacional Obrera Revolucionaria.
Octubre de 1917 es la única vez en la que el
proletariado ha tomado el poder a escala de todo un país, Rusia, gracias a la existencia
de un partido obrero revolucionario, internacionalista y marxista, el Partido
Bolchevique de Lenin. Para el Partido Bolchevique se trataba del primer
acto de la revolución socialista mundial pues el país atrasado que era Rusia
necesitaba la colaboración de los gobiernos obreros de los países capitalistas
más avanzados, en primer lugar Alemania, para desarrollar armoniosamente las
fuerzas productivas y poder construir, así, el socialismo. Con ese fin, Lenin,
Trotski, Zinoviez y Bujarin crearon
Las potencias capitalistas de Francia, Estados
Unidos, Japón y Gran Bretaña, que habían desencadenado la sangrante carnicería
de
Pero la ola revolucionaria en Europa, avanzando
hasta el estallido de revoluciones en Alemania, Hungría e Italia, fue contenida
por la burguesía con la ayuda activa de los partidos reformistas que ya habían
traicionado a la clase obrera apoyando cada uno de ellos a su propia burguesía
en 1914 participando en la ‘Unión Sagrada’. Lo que le faltó a la revolución
europea fueron partidos revolucionarios experimentados, diferenciados de los
reformistas, chovinistas y revisionistas. Lo que faltó fue un partido de tipo
bolchevique.
El aislamiento de
La dominación de una capa pequeño burguesa sobre el
primer estado obrero era fundamentalmente inestable. La burocracia no era una
nueva clase explotadora instaurando un nuevo modo de producción ni una
burguesía que hubiese restablecido el capitalismo. La suerte de
Ante la
guerra y la ofensiva del imperialismo estadounidense que perseguía su
derrocamiento y el restablecimiento del capitalismo, la burocracia del Kremlin
extendió la colectivización de los medios de producción a
La clase
obrera se ha enfrentado en numerosas ocasiones a la burocracia que usurpaba el
poder en su nombre. En numerosas ocasiones se ha esbozado la perspectiva de la
revolución política: en Alemania en 1953, en Hungría y Polonia en 1956, en
Checoslovaquia en 1968, en Polonia en 1971 y 1980, en Alemania y en China 1989.
Pero han hecho falta partidos obreros revolucionarios, ha faltado una
internacional obrera revolucionaria. La dirección de Pablo-Mandel de
Dramáticamente
la continuidad con Octubre de 1917 se ha visto rota en la misma URSS. Cuanto
más se desarrollaba la economía de
Yugoslavia
ha estallado a causa de las pretensiones de la fracción serbia de la burocracia
para convertirse, con menosprecio de las minorías nacionales, en burguesía de
toda la federación. Pero esta mutación sólo era posible por la fuerza y, sobretodo,
estaba supeditada al apoyo o no del campo de las potencias imperialistas:
Francia, Alemania, Gran Bretaña y los Estados Unidos. La competencia entre
estos países ha alcanzado su apogeo, las viejas alianzas históricas se
reconstituyen por y para la marcha hacia la guerra entre las fracciones croatas
y eslovena, por una parte, y la parte serbia por otra. La restauración del
capital en Yugoslavia se hizo gracias al aplastamiento de los pueblos de los
Balcanes (croata, serbio, bosnio y kosovar). De
En Rusia,
Ucrania y Georgia, la sanidad y la educación públicas han sido destruidas, el
bandidaje y el alcoholismo asolan el país y el proletariado vuelve a conocer el
paro mientras que
La
restauración del capitalismo en el único país en el que la clase obrera tomó el
poder, refuerza la arrogancia del imperialismo que se cree con las manos libres
para reinar sobre el mundo entero.
Esta
derrota histórica desorienta en todas partes a la clase obrera, acelera la
degeneración de las direcciones tradicionales del movimiento obrero y hace
evolucionar hacia el chovinismo y el oportunismo a las formaciones
revisionistas del programa de
La
desaparición de
El
proletariado mundial debe defender, hasta el final, las conquistas
revolucionarias que subsisten en estos países y debe hacerlo contra las
presiones militares de los imperialismos, en primer lugar el estadounidense, y
de los apetitos de los grandes grupos capitalistas del mundo entero y contra
las tendencias restauracionistas de sus propias burocracias.
La única
vía es que el proletariado expulse a la casta estalinistas usurpadora e
instaure el poder obrero en estos estados obreros deformados y derribe el
capitalismo por la revolución socialista en los otros países. Es preciso
construir una internacional obrera revolucionaria.
La acusación capital que los bolcheviques lanzan
contra las organizaciones tradicionales del proletariado es su rechazo a romper
con la burguesía. Como lo prueban las repetidas experiencias, en Francia (1936,
1944, 1981 y 1997) y en otros países, de una alianza política con los
representantes de la burguesía sólo puede resultar un programa que mantiene y
gestiona las relaciones de explotación capitalistas preservando al estado
burgués.
Los partidos obreros tradicionales, sean parte de
la socialdemocracia o del estalinismo, traicionan desde hace ya décadas al
proletariado. Al principio de
Desde el restablecimiento del capitalismo en Rusia,
los partidos obreros burgueses reniegan con alivio de la referencia al
socialismo que, en periodos más favorables al proletariado mundial, servía de
hoja de parra para ocultar su subordinación al capitalismo. Combaten
activamente por la subordinación de la clase obrera a la burguesía practicando
directamente el “social liberalismo”, sosteniendo a los partidos “ecologistas”,
“progresistas”, “republicanos”, “antifascistas” o participando incluso en
coaliciones contrarrevolucionarias bautizadas “Frente Popular”, “Unión de
En lo que respecta a las direcciones sindicales:
-Bien caucionan las coaliciones de los partidos
reformistas con los partidos burgueses (un ejemplo particularmente escandaloso
de capitulación sindical de este tipo fue la decisión, en 1982, de la dirección
PCI de
-Bien practican ellas mismas por su cuenta tales
políticas (por ejemplo la dirección socialdemócrata de
-Bien demuestran una seudo neutralidad entre
partidos obreros y partidos burgueses (como la dirección de FO en Francia que
tolera una fracción RPR en el interior del sindicato que rechaza, como la
dirección de
La cuestión de las alianzas de colaboración de clases,
de los frentes populares, es la principal cuestión de la estrategia proletaria
de nuestra época. Ofrece también el mejor criterio para diferenciar al
bolchevismo del reformismo o del centrismo.
Un gobierno constituido por uno o diversos partidos
obrero burgueses sobre la base de un programa burgués, reforzando al estado
burgués, defendiendo tanto en el interior como en el exterior los intereses de
su clase burguesa, es un gobierno burgués. De tal género son los gobiernos
laboristas de Gran Bretaña como el de Blair, a fortiori, un gobierno de
los partidos reformistas con representantes de la burguesía. Eran o son,
claramente, gobiernos burgueses: el gobierno dirigido por Prodi en Italia, el
gobierno dirigido por Jospin en Francia y el gobierno dirigido por Schröder en
Alemania.
Los bolcheviques no conceden ningún apoyo a tales
gobiernos. Los “bolcheviques”, al contrario de lo que hacen los centristas del
movimiento obrero, como en Francia
Los bolcheviques oponen a todo gobierno burgués y a
la colaboración de clases, la perspectiva de un gobierno obrero, como apelación
popular de la dictadura del proletariado. El frente único obrero no toma
sentido más que en la perspectiva del gobierno obrero. Ciertos centristas juran
voluntariamente por la política del frente único pero la vacían de todo
contenido revolucionario al sustituir por combinaciones parlamentarias el
combate por el gobierno obrero.
Por otra parte, el frente único no es un “principio
supremo”, no es una “estrategia” sino una táctica tendente a movilizar a las
masas teniendo en cuenta el hecho de que éstas están bajo la influencia de las
direcciones traidoras. El fin del “frente único obrero” o de la “alianza
obrera” es enunciar (y de hacerlo posible) lo que es necesario para ganar, para
que, en la acción, las masas se enfrenten a las direcciones traidoras, haciendo
suyas las consignas y el programa revolucionarios, adhiriéndose a la necesidad
del partido obrero revolucionario. La movilización de masas hará emerger formas
de doble poder, de organismo elegidos por los trabajadores que constituirán una
alternativa al gobierno burgués, a las instituciones burguesas, incluidos los
parlamentos.
La táctica del frente único obrero parte del hecho
que la mayoría de los militantes obreros continúan bajo el control de los
aparatos reformistas. Se trata de apoyarse en cada momento sobre la situación
concreta de la lucha de clases y de los imperativos de la lucha, proponiendo
una política que rompa con la burguesía y levante a la clase obrera y a sus
organizaciones frente a la clase dominante y su estado. Por razones parecidas,
los bolcheviques se ven obligados, a veces, a llamar a votar a los candidatos
de los partidos reformistas en las elecciones pero jamás por un representante
político de la burguesía.
El combate por la unidad de las organizaciones
obreras está sometido a un criterio más elevado, el de la unificación de la
vanguardia proletaria sobre la base de una política marxista intransigente. En
particular una organización revolucionaria que posea los medios políticos y
financieros no puede renunciar a presentar en las elecciones sus candidatos
contra los de los partidos en bancarrota. Una paso decisivo del ex PCI en el
oportunismo comenzó con el apoyo a Mitterrand desde la primer vuelta de las
elecciones presidenciales de 1981.
Igualmente, los bolcheviques exigen, al mismo
tiempo que avanzan su propio programa, a todas las organizaciones que hablan en
nombre de los trabajadores, a todas las corrientes del movimiento obrero, que
rompan políticamente con la burguesía y entren en la vía del poder de los
trabajadores. Si adelantan, en determinado momento, la consigna de gobierno
PS-PCF, los bolcheviques no son en absoluto el “partido del gobierno PS-PCF” y
no lo hacen en función de una mayoría relativa en
La reivindicación dirigida sistemáticamente a las
viejas direcciones: “¡Romped con la burguesía! ¡Tomad el poder!”, no tiene nada
que ver con el cretinismo parlamentario. Se mantiene como un importante
instrumento para desvelar el carácter traidor de los reformistas de toda
calaña. Toda atenuación de la crítica a los aparatos bajo el pretexto de
facilitar el frente único serviría para debilitar el peso de la vanguardia que
los bolcheviques quieren reagrupar, para desarmarla. Por otra parte, la
cuestión decisiva es la del reagrupamiento de la vanguardia obrera en un
partido.
Los sindicatos no pueden ser
dejados en manos de los agentes de la burguesía
La ofensiva de la burguesía, contra todas las
conquistas arrancadas anteriormente y el destino que prepara a los nuevos
proletarios, hacen más necesarias que nunca a las organizaciones permanentes
que engloban al conjunto de los trabajadores asalariados, organizaciones para
defenderse colectivamente ante el empleador y frente a. la patronal. La
burguesía también necesita, en la misma media, complicidades en el interior del
movimiento obrero. Para ello, y la burguesía posee en particular los medios
necesarios en los países imperialista, corrompe y se introduce en los aparatos
políticos y sindicales del movimiento obrero gracias a la política de
participación y a las subvenciones.
Los trabajadores no disponen hoy en día de
verdaderos sindicatos. Un sindicato obrero es una organización que se dota del
objetivo de luchar contra el capital para mejorar la situación de los
trabajadores, que participa en la lucha revolucionaria para derribar a la
burguesía, que participará en la organización de la economía sobre una base
socialista. Ni en Francia, ni en ningún otro lugar del mundo, existe ahora una
organización de ese tipo.
En Francia las organizaciones oficialmente
“representativas” no bajan de siete confederaciones (CGT, CFDT, FO, CFTC,
CFE-CGC) o en gestación (G10, UNAS).
-
-En 1947, con la apertura de la guerra fría, los
reformistas escindieron
-A partir de 1988,
-Algunos anarquistas intentan hacer vivir a un
sindicato propio,
Todas las organizaciones sindicales no han nacido
gracias a la iniciativa de alguna corriente del movimiento obrero.
-Desde la aparición de
-
-En 1944, nació una organización sindical separando
los “cuadros” de los asalariados de base,
-Es preciso añadir, a todas las confederaciones,
numerosas organizaciones “autónomas” que aíslan a los trabajadores, de tal o
tal otra categoría o empresa, de sus hermanos de clase.
De una forma u otra, todas las organizaciones
sindicales están actualmente bajo el control de la clase enemiga, de los
explotadores. La burguesía puede apostar a favor de la cobardía y corrupción de
las direcciones reformistas para llevar a cabo sus ataques al mismo tiempo que
se apoya sobre organizaciones sindicales ajenas al movimiento obrero como, por
ejemplo, CFDT, CFTC y CGC en Francia.
Dar la espalda a los sindicatos, sin embargo, se
traduce en abandonarlos a los aparatos, se traduce en renunciar al combate
contra las direcciones traidoras al movimiento obrero. Los bolcheviques se afilian
a las organizaciones sindicales tal y como existen en su sector de trabajo,
prioritariamente a aquellas provenientes de
El Grupo Bolchevique condena claramente a quienes
ayudan a aumentar la división sindical, a quienes constituyen sindicatos
suplementarios, como los anarquistas con su CNT, como el PT escindiendo la ex
FEN para fundar sindicatos de enseñantes FO, como
El objetivo de los bolcheviques no es ocupar
responsabilidades sindicales otorgadas por el aparato y aún menos beneficiarse
de privilegio alguno. Bajo el control de su célula y de la célula central, los
militantes deben ganar antes que nada toda la confianza y el apoyo de la base
del sindicato y, más ampliamente, de sus camaradas de trabajo o estudios. Sobre
esta base, los bolcheviques se esforzaron en constituir núcleos comunistas en
el interior de los lugares de trabajo y en reagrupar más ampliamente a los
trabajadores en tendencia de lucha de clases. Sólo pueden intentar acceder a
responsabilidades sindicales si éstas reflejan la confianza de los trabajadores
de sus propias filas.
Uno de los resultados del sometimiento de los
aparatos a las necesidades de la burguesía es el considerable debilitamiento de
todas las organizaciones obreras. Sin una orientación de lucha de clases, los
sindicatos tienden a ser domesticados e integrados en al poder del estado. Si
la naturaleza social de los aparatos traidores del movimiento obrero es pequeño
burguesa, la política de los partidos obreros degenerados y de los aparatos
sindicales es fundamentalmente burguesa. La burocracia reformista es una
amenaza para la misma existencia de los sindicatos obreros.
Por una CGT reunificada y de
lucha de clases
Los bolcheviques combaten por la
independencia de clase frente al patrono y al poder del estado, a favor de la
ruptura con la burguesía en todas las formas concretas necesarias. Al
“sindicalismo de proposición”, a los acomodamientos, compromisos y traiciones
de las direcciones burocráticas, los marxistas revolucionarios oponen las
reivindicaciones que se ciñen a los intereses del conjunto del proletariado.
Buscan ayudar a las masas, en el proceso de su cotidiana resistencia a la
explotación y en los conflictos abiertos, a encontrar el puente entre sus
necesidades inmediatas y la revolución socialista. El Grupo Bolchevique se
desmarca de los falsos “trotskistas”, de todos los revisionistas del programa
de
Frente a la política de traición
continuada de todas las direcciones sindicales actuales, los bolcheviques
defienden una línea de clase contra clase. No es posible tener en el sindicato
una orientación política diferente de la de conjunto, diferente de la de lucha
por el gobierno obrero, por el socialismo. No hay dos programas, uno para el
partido y otro para el sindicato. Los bolcheviques avanzan un programa de
reivindicaciones transitorias que parten de las condiciones objetivas para
llevar a una única e invariable conclusión: la clase obrera debe tomar el
poder.
Para ello, los bolcheviques se
baten a favor de la democracia en el interior del sindicato pues ella permite a
los trabajadores examinar las diferentes posiciones y pronunciarse. Sin
democracia obrera sólo la política del aparato puede expresarse en el sindicato
y las asambleas generales.
La renovación de los sindicatos
no se hará en frío, al margen del movimiento revolucionario de las masas, pues
hará falta romper los aparatos corruptos y conservadores que los controlan y
debilitan. Abiertos por naturaleza al conjunto de los asalariados, los
sindicatos no pueden reemplazar al partido revolucionario. Además, los de mayor
implantación sólo llegan a organizar a una parte del proletariado que es, a
menudo, a su fracción más cualificada y mejor pagada. Los sindicatos no son el
embrión de la dictadura del proletariado pues sólo reagrupan a una parte de los
trabajadores (en particular en Francia) y, aquella, sólo puede ejercerse a
través de consejos mucho más amplios.
Cada vez que una lucha comienza,
los militantes bolcheviques proponen y sostienen las formas autónomas de
organización, los órganos de tipo soviético o presoviético de combate que
engloban masas más amplias: piquetes, asambleas generales, comités de huelga
elegidos y revocables, comité central de huelga, etc.
Sin teoría revolucionaria no
hay movimiento revolucionario