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¡POR LOS ESTADOS UNIDOS
SOCIALISTAS DE EUROPA!
Las elecciones europeas se celebrarán el 13 de
junio. En ellas se elige a un parlamente sin verdaderos poderes: la Unión Europea
se basa en los compromisos entre los gobiernos de los estados que la componen
y, de forma particular, en las transacciones entre los más poderosos (Alemania,
Francia, Reino Unido, Italia y Reino de España). Estos son los que deciden y, a
través de ellos, la UE está bajo el control de los grandes grupos capitalistas
de estos países. La Comisión Europea de Bruselas se encarga de hacer aplicar
sus deliberaciones.
En la práctica, nunca se ha llegado a ninguna
decisión importante (como la adopción del euro en 1999 o la ampliación del
2004) en la CEE o en la UE sin el acuerdo de los poderes ejecutivos alemán o
francés y, por el contrario, tanto el estado francés como el alemán no se
privan de reírse de las reglas comunes cuando sus intereses se lo exigen (criterios
de Maastricht de 1992 y de Ámsterdam de 1997, por ejemplo).
Las dos guerras mundiales fueron, sobretodo, el
resultado de la revuelta de las fuerzas productivas contra la estrechez de las
fronteras nacionales, especialmente arcaicas en Europa. En dos ocasiones el
imperialismo alemán intentó unificar Europa bajo su hegemonía. Fracasó por la victoria de los obreros y campesinos
rusos lograron en Stalingrado en febrero de 1943 (un aniversario poco
festejado). La oleada revolucionaria que se desencadenó tras la guerra fue contenida gracias a las
repetidas traiciones de los partidos ‘socialistas’ y ‘comunistas’ y de las
cúpulas sindicales: se opusieron a las huelgas, desarmaron a los trabajadores
(en Francia, Italia, Grecia...), volvieron a poner en pie, en todos los
lugares, los estados burgueses
dislocados, hicieron todo lo necesario para mantener a las colonias bajo la
bota de su amo.
Pero la oleada revolucionaria contre el capitalismo,
promotor de guerras, era pujante. Las burguesías en Europa se vieron obligadas
a hacer enormes concesiones a sus respectivos proletariados ya que estaban
amenazadas de perderlo todo: restablecimiento de las libertades democráticas,
derecho de huelga, Seguridad Social, nacionalizaciones... A partir de 1948 la
burocracia del Kremlin expropió al capital en la Europa central para, así,
defenderse de la agresión imperialista. De este modo, los proletariados de esta
zona obtuvieron el pleno empleo, sanidad y educación gratuitas. En el momento
en que Hollande, Buffet, Zapatero, Schröeder y compañía explican mentirosamente
que las conquistas obreras son hijas de la ‘república’ o del ‘progreso’ es
necesario recordar la verdad: tanto en el oeste como en el este, las grandes
conquistas del proletariado europeo fueron el subproducto de una pujante oleada
revolucionaria mundial.
Los acuerdos entre los estados capitalistas
nacieron para evitar el estrangulamiento de su economía nacional que se agravó
con la pérdida de los mercados de Europa central y de los imperios coloniales,
creando una zona de librecambio: el Benelux en 1948, la CEE en 1957,
rebautizada UE en 1992. Este es el origen de esta ‘Europa’, una serie de
compromisos entre capitalismos nacionales rivales que adornan con frases sobre
la ‘paz’ o el ‘desarrollo’ sus intentos para romper la estrechez de sus
fronteras y lo apretado de su competencia.
Su ‘paz’ se olvida de los estragos que las
rivalidades entre las potencias europeas causaron en la antigua Yugoslavia entre 1990 y 1999. El imperialismo alemán y
el francés desempeñaron un papel muy importante en el estallido de la
confederación yugoslava para preservar y extender sus zonas de influencia. Al
principio, el imperialismo alemán apoyó la independencia de Croacia y Eslovenia
armándolas hasta los dientes. El imperialismo francés, por su parte, apoyó el
plan de la ‘Gran Servia’ y la armó contra Croacia y Bosnia.
Su ‘paza’ olvida la participación de los ejércitos
de todas los países capitalistas de Europa en la agresión contra Irak en 1991,
en el ignominioso embargo de la ONU que aplastó a su población durante los diez
años siguientes. Su ‘paz’ olvida los bombardeos sobre Servia y Afganistán, las
numerosas intervenciones militares de las que las ‘democracias’ del viejo
continente son culpables, en Costa de Marfil,
Haití, etc. Su ‘paz’ olvida el apoyo prestado por todos estos estados a
la Israel opresora de Palestina.
En cuanto a su ‘unidad’, frente a su principal
rival el imperialismo estadounidense, los estados europeos han demostrado lo
que significa: los gobiernos del Reino Unido, Reino de España, Italia y de los
países de Europa central apoyaron a los Estados Unidos cuando desencadenó su
guerra de rapiña contra Irak con gran perjuicio para los gobiernos alemán y
francés que querían continuar estrangulando a este país a través de la ONU,
cuyo Consejo de Seguridad garantiza al imperialismo francés un papel mundial
desproporcionado.
La única cosa que unifica a los países de Europa no
es más que la ofensiva que la clase burguesa ha desencadenado en ella contra la
clase obrera para bajar el valor de la fuerza de trabajo. Entre 1975 y 1999 la parte
de los salarios en el Producto Interior Bruto europeo (PIB de los 15) disminuyó
en un 9%. La tasa de paro en el UE de los 25 representa el 9,1% de la población activa. El derecho a
pensiones decentes, las limitaciones a los despidos, las indemnizaciones a los
trabajadores privados de empleo, el acceso a la sanidad y educación, a los
servicios públicos... todas las conquistas del movimiento obrero europeo han
sido recortadas e, incluso, destruidas.
Todos los gobiernos burgueses de Europa compiten en esta tarea, estén dirigidos por
partidos burgueses (CDU, PP, UMP, Parido Conservador, Forza Italia...) o
cuenten con la participación o el apoyo de los partidos salidos de la clase
obrera (PSOE, PS, PCF, DS, PRC, SPD, Partido Laborista...). Todos convergen en
privatizar, todos desgastan las libertades democráticas, todos atentan contra
el derecho de asilo (militantes kurdos o turcos perseguidos por toda la UE,
militantes vascos perseguidos en Francia y torturados por el estado español,
militantes italianos refugiados en Francia entregados al mafioso Berlusconi o
amenazados de extradición...), todos restringen la circulación y los derechos
de los trabajadores inmigrantes, todos refuerzan los cuerpos de mercenarios que
mantienen el orden capitalista: la policía, los servicios secretos y el
ejército.
Mientras que el modo de producción capitalista no
sea derribado, ninguna constitución ‘europea’ cambiará nada, sea adoptada o no
en referéndum. El actual proyecto defiende el capitalismo en declive, refuerza
las prerrogativas de los grandes estados, perenniza la supervivencia de las
monarquías y la existencia de las religiones de estado (cristianas), rechaza el
derecho de los pueblos a separase de los estados actuales y hace referencia a
la religión como valor fundamental.
El proletariado europeo ha demostrado en numerosas
ocasiones su capacidad de combate: en Francia y Checoslovaquia en 1968, en
Italia en 1969, en Polonia y el Reino Unido en 1970, en Irlanda y Portugal en
1974, en España en 1976, de nuevo en Polonia en 1980... Ante la ofensiva contra
sus derechos sociales y políticos, ante las guerras imperialistas, en España,
Italia, Grecia, Reino Unido, Alemania, Francia, Austria... una y otra vez se han
desarrollado movilizaciones huelguísticas y masivas manifestaciones. En
Londres, la manifestación del 15 de febrero del 2003 contra la intervención
en Irak fue la más grande de toda su
historia.
Pero la espontaneidad del proletariado y de la
juventud no es suficiente. Tropieza con las burocracias sindicales y los
partidos tradicionales de la clase obrera que bloquean y desvían sus luchas ya
que están ligados a los estados burgueses que los compran. Organizaciones
separatistas como el SSP, Batasuna, el IRA.... y movimientos burgueses como
ATTAC contribuyen así al desánimo del proletariado. Todas las direcciones
adormecen a las masas con el mito de ‘otra Europa’ menos liberal pero tan
capitalista como ahora, las intoxican con la ilusión de la independencia de las
pequeñas naciones.
En la practica aceptan negociar y aplicar los
planes antiobreros, abandonan y aíslan a los trabajadores inmigrantes, impiden
las huelgas generales y la autodefensa de los trabajadores, se unen a los
partidos burgueses o apoyan a los representantes de la burguesía, aceptan la
opresión de Israel sobre Palestina, defienden la ONU y las intervenciones de
sus tropas. La mayor parte de los reformistas europeos incluso ni se reclaman
ya del socialismo desde la restauración del capitalismo en Rusia, restauración
a la que contribuyeron.
Ante la UE, los partidos obrero-burgueses y sus
aliados de ‘extema izquierda’ predican
la colaboración de clases que practican cotidianamente: reclaman una dosis de
‘lo social’ en los arreglos que las burguesías conciertan para defender mejor
sus intereses, intereses precisamente antagónicos a los del proletariado...
Los anarquistas y centristas del movimiento obrero,
que charloteaban en los sesenta y setenta sobre la revolución, ayudan a estas
traiciones y protegen a los aparatos vendidos a los burguesías. Han seguido el camino de los partidos
obreros tradicionales europeos,. Los seudotrotskystas se han unido a los antiguos
partidos estalinistas en reconversión (IU en España, PRC en Italia, PDS en
Alemania...) o intentan levantar nuevos partidos nacionalistas
pequeño-burgueses o reformistas como en el Reino Unido: el SWP y el ISG están
dentro de la SSP en Escocia y en Respect en Inglaterra. Pactan con sus
burguesías: en Francia, LO sostuvo las manifestaciones de policías y la ley
contra el pañuelo islámico de Chirac, la LCR llamó a votar a favor de Chirac...
En las elecciones europeas, ante la falta de
organizaciones que combatan por el socialismo, los trabajadores votarán las
candidaturas de las organizaciones salidas de la clase obrera. En ningún caso
deben votar a los candidatos de sus explotadores, de sus enemigos de todos los
días, la clase capitalista. Sin embargo, las eventuales derrotas electorales de
los partidos burgueses son despilfarradas por los partidos reformistas que
desarrollan, así, una política al servicio del capital.
Para defenderse eficazmente y abrir una perspectiva
de futuro el proletariado necesita otra dirección, verdaderamente obrera,
auténticamente socialista, sinceramente comunista, un partido de tipo
bolchevique, internacionalista y revolucionario que se pronuncie a favor de la
retirada de los ejércitos europeos de Irak, Afganistán, Servia, Bosnia, Costa
de Marfil y Haití, que lleve la lucha de clases contra su propia burguesía y,
por tanto, hasta el derrocamiento del estado burgués, que instaure un gobierno
obrero en cada país, que expropie a los grandes grupos capitalistas, que abra
la vía de los Estados Unidos Socialistas de Europa, desde Turquía hasta Suecia,
desde Portugal hasta Rusia.
La perspectiva que ofrece el capitalismo a los pueblos
europeos es la del declive, la regresión social y el paro masivo, las
rivalidades cada vez más grandes en todo el mundo entre potencias
imperialistas, la crisis económica mundial y la guerra. Pero la clase obrera,
que es la primera víctima de la constante degradación de las condiciones de
existencia de la inmensa mayoría de la población, tiene también la capacidad de
ponerle fin y unificar Europa.
La unidad del continente sólo saldrá de una revolución social dirigida
por una clase social que no es ni poseedora ni explotadora, que es
internacional y no nacional. El triunfo de la revolución en Europa dará un
nuevo aliento a la revolución en América y en el mundo entero, lo que permitirá
asegurar las condiciones del socialismo mundial. Construyamos la Internacional
cuyas banderas rojas proclamarán: ¡Viva la unión de los gobiernos obreros y
campesinos del mundo!
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