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¡Ninguna
sanción, ninguna amenaza contra Irán!
¡Frente
Único de todas las organizaciones obreras del Próximo Oriente, de los Estados
Unidos y del mundo entero para impedir cualquier intervención militar!
Desde agosto de 2005, cuando el gobierno iraní retomó la conversión de
uranio, las potencias imperialistas, a través de la Agencia Internacional de la
Energía Atómica y de la ONU, presionan a Irán y le amenazan con aplicarle
sanciones. La diplomacia de los Estados Unidos, Francia y Alemania está de
acuerdo a pesar de las reticencias de Rusia y China.
El mismo equipo que acusó a Irak de complicidad con Al Qaeda y de
poseer armas de destrucción masiva (es decir George Bush, Condolezza Rice y
Donald Rumsfel) acusan a Irán de apoyar a los terroristas y de querer dotarse
del arma atómica. El poder ejecutivo estadounidense se plantea, incluso, una
intervención militar, sin excluir la utilización del arma atómica. El peligro
es tanto mayor ya que un bombardeo sobre un centro de enriquecimiento de
uranio, aunque causaría millares de víctimas en Irán y deterioraría seguramente
el medio ambiente de toda la población del Próximo Oriente, posee para algunos
estrategas del imperialismo dominante la ventaja de no tener que ocupar el
país, con todos los inconvenientes que ello conlleva como en Vietnam ayer y hoy
en Irak.
Por su parte, la burguesía iraní intenta librarse de la férula del
imperialismo hegemónico maniobrando con los imperialismos rivales de los
Estados Unidos y con la Rusia capitalista. Esta última, se duele del apoyo de
los imperialismos estadounidense y europeos a los partidos y gobiernos de
Europa Central hostiles a Rusia y aún más de la instalación de bases militares
estadounidenses alrededor de su territorio, en Bulgaria, Rumania, Irak,
Afganistán, Kirguizistán y Uzbekistán. Por otra parte, el poder iraní cuenta
con la parálisis del ejército estadounidense en Irak y juega allí su propia
partida, en perjuicio de los ocupantes estadounidenses y británicos, apoyándose
en las clases poseedoras chiítas. Por fin, el régimen intenta desviar el
descontento en aumento de los trabajadores y trabajadoras asalariados,
recurriendo para ello al nacionalismo, antisionismo y antiimperialismo, hasta
llegar a caer en el antisemitismo.
Los pueblos de Irán no deben depositar ninguna ilusión en las posturas
antiimperialistas del régimen clerical que se mantuvo neutral ante las
agresiones imperialistas contra Irak en 1991, contra Afganistán en 1997 y de
nuevo contra Irak en el 2003. El régimen clerical busca al mismo tiempo un acuerdo
con Washington:
“El secretario del Consejo Superior de la Seguridad Nacional de
Irán, Ali Larijani, ha multiplicado las propuestas de discusión. ¿Sobre qué?
Una historia de las aperturas iraníes muestra que Irán haría concesiones en su
programa nuclear, su apoyo a los grupos árabes que rechazan el derecho de
Israel a existir y buscaría un terreno de entendimiento respecto a Irak en
contrapartida de la finalización de los esfuerzos estadounidenses para
desestabilizar la república islámica y de un plan de restablecimiento de los
intercambios económicos.” (The Economist, 6 de
mayo de 2006)
Los trabajadores de Irán no pueden depositar ninguna confianza ni en el
presidente Mahmud Ahmadineyad ni en el guía supremo Ali Jamenei que reprimen
las huelgas, oprimen a las minorías no persas, a las mujeres y a la juventud,
que arrestan, encarcelan, torturan y ejecutan a los militantes obreros. Irán
tiene el derecho irrenunciable a la energía nuclear, como afirma el poder,
pero, en la misma medida, también tiene derecho a la libertad de expresión,
reunión y organización que le niegan los mulás.
Le corresponde a las masas iraníes derrocar el poder teocrático,
levantar un gobierno obrero y campesino, abrir la vía a la federación
socialista del Próximo Oriente. Para ello, al igual que el proletariado
estadounidense, los negros y latinos oprimidos de los Estados Unidos, al igual
que las clases obreras de Europa y los inmigrantes en Europa, las masas iraníes
necesitan un partido obrero revolucionario y una internacional obrera
revolucionaria.
La emancipación de los pueblos de Irán, Irak y Palestina no puede
provenir de las potencias imperialistas. Todas están de acuerdo en robar las
riquezas naturales de la región, en explotar a sus trabajadores y en sostener
al estado colonizador de Israel o a los regimenes más autoritarios y más
reaccionarios, con la condición de que permanezcan sumisos. El objetivo de la
burguesía estadounidense es, primero, meter en cintura a todos los países
dominados (particularmente a aquellos que poseen gas y petróleo, como Irán) y a
todos los regimenes que la desafían, entre ellos China que puja por el petróleo
de Irán. Busca igualmente utilizar su aplastante superioridad militar para
compensar su debilitamiento económico frente a las otras burguesías imperialistas y expulsarlas del Próximo
Oriente. Las otras, particularmente la burguesía francesa, intentan aprovechar
las dificultades de los Estados Unidos en Irak para mantener su influencia en
África del norte y reconquistarla en el Próximo Oriente. Tanto los Estados
Unidos como la Unión Europea obligaron a Irak a declarar la guerra a Irán, un
conflicto que causó entre 1980 y 1988 de 600.000 a 1.200.000 víctimas.
Sólo el derrocamiento revolucionario de las burguesías más potentes
asegurará la paz entre los pueblos y el futuro de la humanidad. Hasta ahora, el
único estado que ha utilizado el arma atómica ha sido el del imperialismo
estadounidense, destruyendo dos ciudades de Japón y masacrando así a 200.000
civiles en 1945. Las potencias imperialistas no han impedido que sus regimenes
aliados, como Pakistán o Israel, se hayan dotado del arma atómica. El ejército
japonés y el ejército alemán intervienen de nuevo fuera de sus fronteras. Los
Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña continúan desarrollando su arsenal de
bombas, misiles, submarinos y portaviones. El 18 de enero, por ejemplo, Jacques
Chirac afirmó que el imperialismo francés desarrollará su potencial de
destrucción nuclear.
Ante
las amenazas de las burguesías armadas hasta los dientes, que poseen fuerza
suficiente para destruir a toda la especia humana, que se inmiscuyen económica,
política y militarmente en la vida de los otros pueblos, que realizan
expediciones neocoloniales y que ocupan por completo, o en parte, otros países
(Haití, Costa de Marfil, Kosovo, Afganistán, Irak), los trabajadores y
oprimidos del mundo entero, sus organizaciones, deben situarse claramente en el
campo de los países dominados: Irán tiene derecho a dotarse de centrales
eléctricas y del arma atómica.
¡Fuera
manos de Irán! ¡Ruptura de los trabajadores con su propia burguesía: Frente
Único obrero para impedir cualquier sanción e intervención militar contra Irán!
¡Retirada inmediata de las tropas imperialistas de
Irak y Afganistán! ¡Liberación de todos los combatientes hechos prisioneros
en Afganistán e Irak!
¡Por la
Federación de Repúblicas Socialistas del Próximo Oriente!
28 de mayo
de 2006