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El orden mundial
tiembla en Africa del Norte y Medio Oriente.
La voracidad por las
ganancias causa una catástrofe nuclear en Japón.
La Revolución
Socialista es imprescindible en todas partes.
La marcha del
capitalismo en declive hacia la barbarie
Los últimos años han confirmado una serie de análisis
socialistas científicos formulados por Marx, Engels, Luxemburgo, Lenin y
Trotsky.
La crisis bancaria de 2007-2008 en los Estados Unidos y en
Europa Occidental, la crisis económica mundial del 2009, la reciente crisis de
la deuda pública de varios países europeos y de los Estados Unidos, ilustran
que el capitalismo genera inevitablemente crisis y desempleo.
El regreso de las medidas proteccionistas, la competencia
entre potencias imperialistas por las materias primas, las tierras cultivables
y el agua dulce, se exacerba. La
continuación de las operaciones militares en Afganistán, en Irak y ahora en
Libia, la ocupación de Haití, los bloqueos a Cuba e Irán, las amenazas
recurrentes contra Irán y Corea del Norte, la intervención militar directa de
Francia en Costa de Marfil, la invasión de la Franja de Gaza el 2008 por
Israel, ponen de manifiesto que el capitalismo en declive genera la opresión y
la guerra.
El recalentamiento climático, las devastaciones de la
contaminación, la deforestación, la desertización, la catástrofe petrolífera
causada por la ineptitud de la transnacional BP en Estados Unidos el 2010, la
catástrofe nuclear causada en 2011 por la negligencia de Tepco y la complicidad
del Estado japonés que la ha beneficiado, ponen de manifiesto que la ruta de la
ganancia capitalista amenaza al medio ambiente.
El ascenso del militarismo, la xenofobia, el clericalismo,
el racismo, la hipertrofia de los aparatos represivos, los ataques a las libertades democráticas, la
persecución a las minorías religiosas, la caza a los emigrantes, ilustran que
el capitalismo se volvió antidemocrático y reaccionario.
Después del hundimiento de la URSS y de la restauración del
capitalismo en China, la instauración de una dinastía y el hambre en Corea del
Norte, así como el desmembramiento de la economía colectivizada en Cuba,
confirman que el socialismo es imposible en un único país, sobre todo en manos
de una burocracia oficial privilegiada. Sólo el derribo de esta casta procapitalista
por los trabajadores podría salvar las conquistas de la revolución y abrir la
vía al socialismo.
La regulación del capitalismo y de las finanzas es un
mito. El rescate a los bancos de una
parte, la austeridad para los trabajadores del otro, confirman que el Estado no
es neutral, sino que está al servicio de la burguesía. La política de los nuevos partidos burgueses
ecologistas y de los viejos partidos obreros ("laboristas",
"socialistas" y "comunistas") cuando administran lealmente
el Estado burgués (en algunos países de América, de Europa o de Oceanía) o
cuando sus miembros están a la cabeza de las organizaciones internacionales del
capital (como el FMI y la OMC), ha probado que el capitalismo no puede
reformarse. Así pues, la huelga de los controladores aéreos de España fue
prohibida por el Gobierno del PSOE que militarizó los aeropuertos, a la manera
de Reagan y Thatcher.
En los centros
imperialistas las masas resisten, pero las direcciones reformistas las sabotean
En todas
partes del mundo existe una resistencia a las tentativas de la burguesía
imperialista de cargar el fardo de la crisis sobre los hombros del
proletariado, los campesinos y la juventud.
Los centros
imperialistas no ha sido la excepción.
En Estados Unidos, los trabajadores, sobre todo de origen
latino, otra vez se manifestaron contra las nuevas leyes antiinmigrantes y los
trabajadores públicos de Wisconsin se manifestaron para defender sus empleos y
los derechos sindicales. En Grecia los
trabajadores asalariados fueron a la huelga, se movilizaron y a veces se
enfrentaron a la policía antidisturbios; en Francia los asalariados resistieron
en masa los ataques contra las jubilaciones; en Portugal hubo huelgas en el
sector público; en España tuvieron lugar gigantescas manifestaciones. En Gran Bretaña los estudiantes y luego los
trabajadores se manifestaron. En China,
las protestas contra los promotores inmobiliarios y las huelgas de obreros por
aumentos de salarios se multiplicaron.
Todas las luchas defensivas de la clase obrera y la juventud
chocaron con la resistencia feroz de la clase explotadora, su Estado y su
Gobierno. Generalmente, las direcciones
de la clase obrera, las burocracias sindicales ayudadas por los partidos
reformistas y sus suplentes centristas, alegaron el interés nacional,
pretendieron negociar con el Gobierno burgués, capitularon ante sus amenazas,
ante sus policías y sus tribunales, se negaron a llamar a la huelga general y a
la autodefensa, dispersaron la energía en "días de acción" simbólicos
o incluso en hipotéticas elecciones.
El orden mundial es
sacudido en África del Norte y Asia del Oeste
En los países dominados, numerosas luchas trabajadoras se
han desarrollado, como en Bolivia, en Sudáfrica y en Bengladesh. En particular, los acontecimientos de África
septentrional tuvieron una dimensión mundial. La ola revolucionaria que comenzó
a finales de 2010 en Túnez y se extendió a toda la región, fue anunciada por el
movimiento kabyle en Argelia el 2001, la resistencia palestina el 2008, las
manifestaciones en Irán el 2009. Las
protestas estallaron contra las condiciones de vida insoportables causada por
el desempleo, los incrementos de los precios de los alimentos, contra la
incapacidad de las burguesas nacionales de desarrollar el país y contra el carácter
despótico de los regímenes existentes, sean resultantes del nacionalismo
panárabe (Túnez, Egipto, Libia, Siria, Cisjordania, Argelia, Yemen...), de las
monarquías establecidas por los antiguos colonizadores franceses o británicos
(Bahrein, Marruecos, Arabia Saudí...) o del nacionalismo clerical (Gaza).
El estalinismo, la socialdemocracia y los liquidadores de la
IV Internacional capitularon durante los años 1960 y 1970 ante la pretendida
"revolución árabe" y sus dictadores burgueses. La burocracia de la
URSS y los partidos sometidos a ella pretendieron impedir la revolución
proletaria (que se habría extendido por el mundo y en consecuencia habría
amenazado a la burocracia oficial de la URSS) defendiendo una supuesta
revolución por etapas y, en la práctica, sometiendo el proletariado a la
burguesía. Espontaneísmo y adaptación a las guerrillas y a las
dictaduras caracterizaron tanto a la corriente pablista de SI-SU-LIT como la
corriente healysta del CI: Pablo fue miembro del gobierno de Ben Bela, Healy
recibió dinero de Hussein y Gadhafi. Todos
los regímenes "socialistas" que pretendieron unificar al "mundo
árabe" y modernizar su país, no solamente oprimieron a las minorías
nacionales, sino que aceptaron las fronteras coloniales y capitularon cada vez
más ante la religión. La historia acaba de dar su veredicto: en Túnez, en
Egipto, en Libia, en Yemen y en Siria, las masas se lanzaron al asalto de las
dictaduras mafiosas. Lo harán más pronto o más tarde en Argelia.
En Túnez, el sucesor de Bourguiba, Ben Ali (miembro de la
pretendida "Internacional Socialista"), estaba vinculado al
imperialismo francés. En Egipto, el
sucesor del coronel Nasser, Moubarak, (igualmente miembro de la Internacional
« socialista ») se sometía al imperialismo norteamericano y en consecuencia
colaboraba con Israel. En Libia, Gadhafi
ha colaborado abiertamente desde hace más de una década con el imperialismo:
privatización de empresas, apertura a grupos capitalistas italianos y
norteamericanos, persecusión a cuenta de la Unión Europea a los trabajadores
negros que quieren emigrar a Europa. A
partir de la instauración de su dictadura, aunque desafiaba al imperialismo, el
coronel Gadhafi prohibió las organizaciones trabajadoras, incluidos los
sindicatos, mantuvo el sistema tribal y suministó un numeroso proletariado
immigrante (1 millón en una población de 6,6 millones) a la explotación salvaje
de la burguesía local. En 1995 expulsó a
10.000 refugiados palestinos.
En Gaza y Cisjordania una parte de la juventud desafió a las
dos caras de la burguesía palestina, Hamas y Fatah, a pesar de la represión,
reclamando la unidad de acción contra la colonización sionista que continúa en
Cisjordania y Jerusalén.
El Ejército burgués y los "gobiernos de
transición" contra el movimiento de masas
Ante los ascensos revolucionarios que combinaban
manifestaciones masivas y huelgas de los asalariados en Túnez y Egipto, el
imperialismo norteamericano dio la señal al Estado Mayor del Ejército para
destituir al déspota odiado y así bloquear la aparición de un gobierno obrero y
campesino por medio de gobiernos de transición constituidos con antiguos
dignatarios del régimen, opositores "democráticos" vinculados al
imperialismo o incluso con islamistas rebautizados "moderados" para
las circunstancias.
En Libia, cuando las masas se inspiraron en las rebeliones vecinas de Túnez
y Egipto y se alzaron en todo el país, hasta en los barrios populares de
Trípoli, los imperialistas franceses y británicos apostaron a un gobierno
análogo. El "Consejo Nacional
Transitorio" llamó en su ayuda a las potencias imperialistas.
En ausencia de organización independiente de las masas, incluso
embrionaria, y en ausencia de un partido proletario arraigado en ellas, sectores
de la burguesía y de la burocracia estatal han conducido el movimiento
resultante de la crisis económica y del odio a la dictadura. Ninguna
organización levantó el programa al que aspiran los trabajadores de las
ciudades y del campo, así como una gran parte de la juventud: Asamblea
Constituyente, separación de la religión y el Estado, derechos sindicales,
entrega de las tierras a los campesinos, confiscación de las grandes empresas,
igualdad de los inmigrantes, emancipación de las mujeres..., que habría
cuestionado no solamente el régimen totalitario, sino las supervivencias
tribales y la propiedad capitalista. La demanda de una Asamblea Constituyente
plantea objetivamente la cuestión de la legitimidad del poder y conduce a
asumir la necesidad imperiosa de una insurrección de masas para tomar el poder.
Todas estas banderas corresponden a la concepción de la revolución como un
proceso ininterrumpido, permanente, que supone el cumplimiento de tareas
democráticas y socialistas desde un gobierno obrero y campesino.
Ante la
intromisión de las principales fuerzas armadas de la OTAN, Gadhafi encontró un
cierto apoyo popular. Tanto más que
Arabia Saudí, monarquía absoluta, régimen islamista y socio de los Estados
Unidos, restableció el orden en Bahrein, sin que los derechos del pueblo
conmuevan a Cameron, Sarkozy y Obama.
Del mismo modo, el Ejército iraquí acaba de destrozar a los refugiados
iraníes del campo de Ashraf.
En Túnez, Egipto, Libia, se ha verificado la teoría de la
revolución permanente: la burguesía es incapaz de desempeñar en nuestro tiempo
un papel revolucionario. Las clases
trabajadoras de las ciudades y el campo, los jóvenes que luchan por un futuro
decente, son traicionados por los charlatanes burgueses y pequeño burgueses que
intentan prohibirles el poder y hacerles abandonar la lucha. El aparato del Estado en general, y el
Ejército en particular, no está situado por encima de las clases, sino que es
siempre una herramienta de la clase dominante.
Los soldados conscriptos, los pequeños campesinos, los pequeños
comerciantes, los artesanos, fluctúan entre las clases principales. Están dispuestos a apoyar al movimiento
obrero si éste es capaz de abrir una perspectiva y de proporcionarle una
dirección revolucionaria.
Contra la intervención imperialista en Libia, Afganistán, Irak, Líbano,
en Haití, en Costa de Marfil, por la revolución proletaria
Cualquier
país oprimido tiene derecho a resistir la intervención militar de las grandes
potencias, incluidos Libia e Irán. Para ayudar a juventud y a los
trabajadores de Libia, los trabajadores de Norteamérica y la Europa Occidental
no pueden darle ninguna confianza a sus propios gobiernos que están al servicio
de los grandes grupos capitalistas, que destruyen todas las conquistas sociales
anteriores y que apoyan a la contrarrevolución en todas partes del mundo, a las
monarquías clericales y a las peores dictaduras. Deben exigir que las organizaciones de masas
de origen obrero, los sindicatos y partidos, se pronuncien a favor de la
apertura de las fronteras a los trabajadores y a los estudiantes de todo el
África, se posicionen contra toda intervención militar en Libia y en los otros
países de la región, por la evacuación inmediata de Irak y Afganistán, por el
cierre de las bases militares norteamericanas, francesas y británicas de toda
la cuenca Mediterránea, por el levantamiento del bloqueo a Irán, por la
destrucción del muro del apartheid sionista y el derecho al retorno de todos
los refugiados palestinos. La lucha
resuelta de los trabajadores contra sus propios gobiernos imperialistas sería
la mejor ayuda para los trabajadores de Libia, para la instauración de
gobiernos obreros y campesinos, para la destrucción del estado colonial
sionista, para la aparición de una Federación Socialista de África del Norte y
Oriente Próximo, donde árabes, berberiscos, turcos, judíos, kurdos, saharauis,
persas, etc, suprimirán juntos las fronteras heredadas del colonialismo.
La
crisis mundial del sistema imperialista, sus guerras, las catástrofes
ecológicas, los regímenes antidemocráticos, ponen de manifiesto que la avidez
del capital ha llevado a la humanidad al borde del abismo. Sólo la clase obrera puede abrir la vía de la revolución
socialista, de una economía planificada por los propios productores, y suprimir
las fronteras anticuadas. Para eso es necesario construir el instrumento para
la victoria: en cada país un partido obrero revolucionario, sección de una
nueva Internacional obrera revolucionaria basada en las experiencias de la
Internacional Comunista y de la IV Internacional hasta 1940. Sólo así, sin las
traiciones reformistas ni las conciliaciones centristas, podremos convertir el programa
revolucionario internacional en movimiento de masas por el fin de la propiedad
privada y del capitalismo, por la socialización de la economía, por la
sutitución de la dictadura de la burguesía por la dictadura del proletariado, por
la sociedad comunista mundial.
1 de mayo de 2011
Colectivo
Revolución Permanente
(Francia,
Austria, Perú)