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Motines del hambre
acaban de estallar en Egipto, Camerún, Costa de Marfil, Senegal, Burkina Faso,
Etiopía, Indonesia, Madagascar y Haití. Mientras la inflación se generaliza, el
crecimiento económico se frena en los Estados Unidos, lo que implicará
probablemente una recesión mundial. Los
bancos centrales (FED, BCE, BoE...) corren en ayuda
de los bancos privados que sangraron a los proletarios norteamericanos o
británicos y que se han estafado mutuamente. Una fase de expansión económica,
que se apoyaba sobre bajos tipos de interés, sobre los gigantescos gastos
militares norteamericanos (600 mil millones de dólares este año) y sobre la
explotación de centenares de millones de trabajadoras y trabajadores chinos por
las grandes empresas capitalistas del mundo entero, se acaba.
El modo de producción
capitalista ha cumplido hace tiempo a su rol histórico: desaparecer las
relaciones sociales arcaicas, impulsar la ciencia y la técnica, superar los
particularismos locales gracias a los Estados nacionales, desarrollar la
industria y crear un mercado mundial... Luego el capital se concentró y se
internacionalizó de manera irreversible. El capitalismo entró así en su fase de
decadencia, el imperialismo. Los grupos capitalistas surgidos de este proceso
no cesaron por tanto de competir y su lógica es más que nunca
"financiera": personifican por excelencia el capital que no tiene
otra lógica que aumentar en su provecho la plusvalía social en forma de
ganancias.
Con la delegación de la dirección efectiva de las grandes empresas
a directores asalariados, los poseedores de acciones se convierten más y más en
parásitos sociales. El carácter parasitario del capitalismo en declive es
acentuado por la hipertrofia de las finanzas, por la multiplicación de
actividades socialmente superfluas (la publicidad...) o incluso destructivas
(los armamentos...). A pesar del grado elevado de la ciencia y la técnica, una
proporción importante de los productores no dispone de una vivienda decente,
tiene un acceso reducido a la salud, a la instrucción, a la cultura; millones de seres humanos no tienen agua
potable ni alimentos suficientes. La investigación está al servicio de la
guerra y de la especulación, en tanto que el oscurantismo florece. La
informática sirve para espiar a los individuos, para controlar a los
productores y para intensificar el trabajo. Las empresas se convierten en
multinacionales, mientras que los políticos burgueses mantienen el nacionalismo
y la xenofobia. Los capitales y las mercancías circulan libremente, mientras
que los desplazamientos de seres humanos están limitados y a veces prohibidos.
La acumulación del capital y la búsqueda del beneficio ponen en riesgo el
hábitat mismo de la especie humana.
La estrechez
de las fronteras y la propiedad privada de los medios de producción,
obstaculizan el desarrollo de las fuerzas productivas de la humanidad. La
supervivencia del capitalismo genera una sucesión ininterrumpida de guerras y
crisis económicas. En menos de veinte años: bombardeo e invasión de Irak por
Las crisis
económicas, en las que los trabajadores asalariados son las primeras víctimas,
son inevitablemente engendradas por las contradicciones del capitalismo. Sirven
de solución temporal a la sobre-acumulación de capital, mediante la destrucción
de una parte de éste. Las guerras desempeñan el mismo papel. Por otro lado, los
arsenales de armamentos pueden solucionar temporalmente los problemas de
excedente. De hecho, el militarismo es inseparable del imperialismo. La
posición del capitalismo norteamericano se ha debilitado considerablemente
desde la posguerra. El poder estadounidense, sea demócrata o republicano,
intenta siempre utilizar su supremacía militar para ejercer el control de las
materias primas, consolidar su soberanía sobre los países dominados, trabar a
sus competidores imperialistas (Japón, Alemania, Francia…), e impedir que los
países capitalistas “emergentes" (China, Rusia, Brasil...) se conviertan
en rivales, en potencias imperialistas.
El resultado
es siniestro. La prensa norteamericana acaba de revelar que la administración
Bush, que pretende personificar la democracia y extenderla en el mundo,
organizó la tortura hasta en detalle en la primavera de 2002. La
infraestructura de Irak quedó destruida, el país se hundió en la guerra civil
religiosa. Afganistán vive de la cultura de la amapola y a las mujeres se las
somete más que nunca. Su protegido en Medio Oriente, Israel, estrangula Gaza,
lanza incursiones letales en los "territorios" y prosigue la
colonización de Cisjordania y Jerusalén.
Con todo, hace cuarenta
años, la rebelión de la juventud, de los pueblos oprimidos y de los
trabajadores del mundo entero habría podido desembocar en el derrivamiento del capitalismo. El capitalismo en decadencia
estaba amenazado tanto en los centros imperialistas (movimiento antiguerra y luchas negras en los Estados Unidos,
resurgimiento de la lucha irlandesa, rebelión de la juventud en Alemania en
1967, rebelión de la juventud y huelga general en Francia en 1968, huelgas en
Italia en 1969, huelgas en Gran Bretaña en 1973, revolución en Portugal en
1974...) como en los países capitalistas dominados (rebelión de la juventud en
México en 1968, guerra revolucionaria en Vietnam, huelga general en Argentina
en 1969, resistencia palestina, guerra de
independencia en las colonias portuguesas, Asamblea Popular en Bolivia en 1971,
crisis revolucionaria en Chile en 1973, revolución en Irán en 1978, revolución
en Nicaragua en 1979…).
Esta ola revolucionaria
internacional cuestionaba al otro pilar del orden mundial, las burocracias
privilegiadas que usurpaban el poder de los trabajadores en los países donde el
capitalismo había sido expropiado (levantamiento de la juventud en China y
comuna de los trabajadores de Shanghai en 1966, luchas estudiantiles en Polonia
en 1968, crisis política en Checoslovaquia en 1968, levantamiento obrero en
Polonia en 1970...).
Las luchas de los
explotados y oprimidos fueron contenidas por la represión policial y militar,
pero sobre todo fueron descarriladas por sus propios dirigentes, los partidos
nacionalistas burgueses y pequeño-burgueses, las organizaciones reformistas y
estalinistas. Todos esgrimieron contra la revolución proletaria el mito de
"la nación" y de una "etapa democrática", la trampa del
"frente único antiimperialista" con la burguesía nacional o del
"Frente Popular" con la burguesía democrática que protegía la
propiedad privada y el Estado burgués. Por ejemplo en Francia, el PCF, que en
1944-1945 había desarmado la resistencia y había proporcionado Ministros a De
Gaulle, en principio denunció en 1968 el levantamiento de la juventud, luego
negoció como dirigencia de
De Gaulle se benefició
también en 1968 del apoyo de Brezhnev, Mao, Ho, Tito
y Castro, de todos los representantes de las capas privilegiadas y
conservadoras que pretendían haber realizado el socialismo en su país, mientras
reinaban de manera policial sobre países económicamente atrasados. Su origen
común era la degeneración del Estado obrero en el único país donde el
proletariado había tomado el poder,
Ante la ola
revolucionaria de los años 60 que amenazaba sus privilegios y su propia
existencia, la burocracia del Kremlin y de sus satélites de Europa Central
llevaron una campaña antisemita en Polonia en 1967-1968, reprimieron a la
juventud polaca en 1968, reprimieron a la clase obrera y a la juventud en
Checoslovaquia en 1968 (con la aprobación de Castro y Mao), ametrallaron a la
clase obrera de Polonia en 1970 y la reprimieron en 1980 (multiplicando al
mismo tiempo sus empréstitos con los bancos imperialistas). La burocracia de
Gracias a las políticas
nacionales de colaboración de clases y a las alianzas contrarrevolucionarias
Washington-Pekín y Washington-Moscú, las clases dominantes retomaron la
iniciativa bajo la dirección de la principal de entre ellas, la burguesía de
los Estados Unidos: golpe de estado en Chile, invasión de Granada, Contras en
Nicaragua, contrarrevolución de los ayatollahs en Irán, derrota de los mineros
en Gran Bretaña, movimientos islamistas en Afganistán, carrera armamentista,
etc.
La tasa
de ganancia había descendido a partir de los años 60.
Presionada por la crisis capitalista mundial de 1973, la burguesía se propuso
eliminar todos los obstáculos que expresaban la tendencia a la socialización de
las fuerzas productivas. Los Estados burgueses imperialistas llegaron a
desmontar, en ellos, la parte fundamental de las conquistas sociales, y se
adueñaron, en
Clausurando los antiguos bastiones
obreros, reestructurando las empresas, desindexando los salarios, limitando el
derecho de huelga, utilizando la presión del desempleo y la competencia de los
trabajadores de los países dominados, abriendo mercados que se les habían
cerrado y explotando a millones de trabajadores que se le escapaban debido a la
propiedad estatal o cooperativa, y de la planificación y del monopolio del
comercio exterior, el capitalismo mundial pudo corregir a partir de los años
1980 la tasa de ganancia. Las desigualdades aumentan, de Estados Unidos a
China: un polo de la sociedad, el que vive del trabajo del otro, se enriquece y
ostenta; otro, el que produce, se empobrece y sufre la precariedad.
Para tal fin, la burguesía pudo basarse en las burocracias
estatales de origen estalinista y en las direcciones tradicionales de la clase
obrera de los países capitalistas.
Las burocracias
usurpadoras, sujetas a la presión del imperialismo y enfrentadas al callejón
sin salida del "socialismo en un sólo país", empeorado por su gestión
autoritaria de la economía colectivizada, revelaron completamente su naturaleza
de agentes de la burguesía mundial. La burocracia rusa negoció un acuerdo en
Polonia con
En estos
países, los miembros de la burocracia echaron mano de las empresas y formaron
una verdadera clase capitalista con los jefes de las mafias; otros elementos,
relegados del saqueo, se reconvirtieron en partidos políticos que van del
fascismo a la socialdemocracia. Las trabajadoras y los trabajadores de estos
países sufrieron en adelante la explotación y la precariedad. Además el
proletariado recibió un golpe fundamental a escala mundial ya que los hechos
parecieron darle la razón a los capitalistas y a sus agentes (sacerdotes,
universitarios, periodistas, políticos burgueses y reformistas, burócratas
sindicales...): no serviría de nada de tomar el poder, el socialismo estaría
condenado al fracaso, el capitalismo sería el único sistema posible, sería
necesario adaptarse confortándose con el patriotismo o la religión.
Los partidos
"comunistas" de los países capitalistas
perdieron la base material y política que los diferenciaba de los partidos
"socialistas". Su deterioro y su decadencia que son irreversibles,
están destinados a desaparecer o a integrarse a la social-democracia, o incluso
a partidos burgueses (como el PD en Italia). Las antiguas guerrillas
evolucionaron hacia el bandolerismo o depusieron las armas convirtiéndose en
pacifistas, en socialdemócratas o en políticos conservadores.
Los aparatos
corrompidos de los sindicatos sabotearon
sistemáticamente los movimientos de los jóvenes y los proletarios, impidieron
la huelga general y negociaron todas las medidas antiobreras
con el Estado burgués y los patrones.
Los antiguos
partidos estalinistas y los partidos laboristas o
socialdemócratas abandonaron generalmente toda referencia a la lucha de clases
y al socialismo. Los que se atribuían erróneamente, en el período anterior, el
mérito de las concesiones arrancadas a la burguesía, se hicieron cómplices de
la reacción, de los ataques contra los trabajadores. Los partidos reformistas,
cuando accedieron al Gobierno, procedieron a una política de la misma
naturaleza que la de los partidos burgueses: privatizaciones, desmantelamiento
de los regímenes de jubilaciones y asignaciones de desempleo, flexibilidad del
empleo, del tiempo de trabajo y de los salarios, apoyo a la constitución de
grandes grupos capitalistas nacionales, des-fiscalización de las rentas altas,
etc.
Su ala
izquierda los acompañó en su degeneración. Si algunas
sectas izquierdistas huyen de la participación en las luchas de las masas,
abandonan los sindicatos, se abstienen en las elecciones, la mayoría de las
corrientes centristas que sobreviven se hundieron en el oportunismo:
llamamientos a
Las organizaciones
"de extrema izquierda" se integraron generalmente a los aparatos
contrarrevolucionarios de los sindicatos reformistas y a veces crearon
sindicatos vinculados por múltiples vínculos a la patronal y al Estado burgués
(organizaciones de piqueteros en Argentina, sindicatos SUD en Francia...). En
paralelo, los revisionistas del leninismo-trotskismo
liquidan a menudo sus propias organizaciones: creación de partidos que rechazan
los soviets, la insurrección y la dictadura del proletariado (PSOL en Brasil,
Respeto en Gran Bretaña, SA en Australia, PAC y PT-POI en Francia, SSP en
Escocia, BE en Portugal...); ilusiones en los partidos reformistas existentes
(LP en Gran Bretaña, PT en Brasil, DL en Alemania, PRC en Italia, IU en España,
PCL en el Líbano...); adhesión a partidos burgueses (Verdes en Alemania, PRD en
México, MDC en Zimbabwe, PSUV a Venezuela, PPP en Pakistán...).
Ahora bien, la burguesía perdió su carácter progresista,
incluso en los países que no conocieron una revolución democrática. En la época
del imperialismo, ninguna fracción de la burguesía, ningún partido burgués
podría orientar la economía hacia la satisfacción de las necesidades sociales,
en vez de a la búsqueda del beneficio. Ninguna política de los Estados
nacionales, que sea "liberal" o "keynesiana", podría
impedir el deterioro del planeta, el aumento de desigualdades, el desempleo,
las crisis económicas. Ninguna concertación entre Estados burgueses, ningún
organismo internacional resultante de sus compromisos limitará las
intervenciones de las potencias imperialistas en los países dominados, ni las
rivalidades entre ellas.
No obstante, la
burguesía no desaparece por sí misma de la escena de la historia. Clase
explotadora, ella conduce la vida económica: al comprar la fuerza de trabajo de
los proletarios, controla el proceso de la producción y dispone del producto
del trabajo social, lo que le permite apropiarse de la plusvalía, la diferencia
entre el valor del producto y el valor de la fuerza de trabajo. Además es la
clase social hegemónica: en tiempos ordinarios, gobierna y sus ideas son también
las ideas dominantes. Una forma de este poder social, perfeccionada durante la
fase imperialista, es la integración y la corrupción de las organizaciones de
las que se dotan los oprimidos y explotados, en primer lugar los aparatos del
movimiento obrero (partidos reformistas, burocracias sindicales).
Corresponde al
proletariado, la clase cuyos intereses son antagónicos a la burguesía,
expulsarla, y, sobre la base de esta revolución mundial, sentar las bases de un
modo de producción superior, el socialismo. Sólo la clase obrera, cuyas filas
aumentaron considerablemente en América Latina y sobre todo en Asia, puede
abrir una salida a la humanidad, poniéndose a la cabeza de todos los oprimidos
y todos los explotados del campo y la ciudad, constituyendo sus órganos
democráticos de lucha y centralizándolos, derribando al Estado burgués, tomando
el poder, expropiando a los grandes grupos capitalistas, extendiendo la
revolución, colaborando con los otros gobiernos obreros que aparecerán. Así se reunirán las condiciones para el
socialismo: desarrollo de las fuerzas productivas, planificación por los
productores asociados, supresión de las fronteras, desaparición de las clases
sociales y del Estado.
Las valientes
resistencias de los obreros, de los empleados, de los
campesinos, de los estudiantes, de las mujeres, de los pueblos oprimidos, no
faltan en los países imperialistas, incluyendo a los Estados Unidos, así como
en los países dominados, en particular en América Latina, y en los nuevos
países capitalistas, incluida China. A pesar del régimen policial del PCCh, los nuevos batallones del proletariado mundial, las
obreras y los obreros chinos que los apéndices reformistas de las burguesías
imperialistas presentan como enemigos de los trabajadores occidentales y japoneses,
multiplican las huelgas y las manifestaciones.
Para vencer, las
trabajadoras y los trabajadores deben no sólo luchar contra los patrones, los
gobiernos a su servicio, los cuerpos represivos, sino también superar los
obstáculos que siembran los agentes de la burguesía, que los supeditan a la
burguesía, a sus propios explotadores. Necesitan su partido, un partido
distinto del nacionalismo, el reformismo y del centrismo. Basados en la teoría
de la revolución y la emancipación que es el marxismo, los elementos más
conscientes de los trabajadores y de la juventud deben reunirse en tal partido.
¡Evacuación inmediata de todas las tropas imperialistas de Irak,
Afganistán, el Líbano, Haití, Costa de Marfil, Chad, Kosovo...! ¡Cierre de
todas las bases militares norteamericanas, francesas, británicas...! ¡Fin de las amenazas contra Irán y del
bloqueo contra Cuba y Corea del Norte!
¡Respeto por
las lenguas de las minorías nacionales, libertad de separación para las
minorías nacionales! ¡Derecho al regreso de los refugiados al territorio de
Palestina! ¡Destrucción del Estado colonial sionista para una Palestina laica,
socialista, que garantice los mismos derechos a los judíos y a los árabes!
¡Derechos iguales para mujeres y hombres! ¡Separación de las
religiones y el Estado! ¡Libertad de circulación y establecimiento para todos
los trabajadores del mundo! ¡Los mismos
derechos para todos los trabajadores, sin distinción de género, nacionalidad u
orientación sexual!
¡Ajuste de salarios y
pensiones según los precios! ¡Disminución del tiempo de trabajo para suprimir
el desempleo! ¡Control de los trabajadores de las ciudades y del campo sobre la
producción, la distribución y el crédito! ¡Expropiación de los grandes
propietarios de tierras y de los grandes grupos capitalistas, nacionales y
extranjeros!
¡Derogación de todas las leyes contra los trabajadores inmigrantes, las
huelgas, los sindicatos, los partidos obreros!
¡Autodefensa contra las bandas armadas del capital (policía, ejército,
fascistas, vigilantes, islamistas...)!
¡Disolución de los cuerpos represivos!
¡Ruptura de las
organizaciones procedentes de la clase obrera, partidos y sindicatos, con los
patrones, los gobiernos burgueses, el Estado! ¡Autoorganización de las
trabajadoras y los trabajadores (comunas, soviets, consejos, shoras, cordones, asambleas populares...)! ¡Gobierno obrero
y campesino, poder de los trabajadores!
¡República mundial de los consejos obreros!
1 de mayo 2008
COLECTIVO
REVOLUCION PERMANENTE