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El gobierno de Putin y sus cómplices de todos los gobiernos imperialistas son los enemigos de los trabajadores de todas las naciones

¡Solidaridad de todas las organizaciones obreras y campesinas del mundo con el pueblo checheno oprimido!

Es responsabilidad de los sindicatos y partidos obreros convocar manifestaciones ante las embajadas de Rusia para exigir la retirada inmediata de todas las tropas del ejército ruso de Chechenia e Ingushetia, el derecho de autodeterminación de todas la minorías nacionales del estado ruso y la independencia de Chechenia

 

 

 

Masacre de escolares y trabajadores en Osetia: un acto de barbarie cuyas víctimas son niños y trabajadores

 

El pasado 1 de septiembre un comando de una treintena de nacionalistas chechenos e ingushes, adscritos a la corriente clerical islamista, secuestró alrededor de 1.200 alumnos,  familiares y enseñantes, en una escuela de Beslán, ciudad de Osetia del Norte, en el Cáucaso.  Según el testimonio de los supervivientes, a partir del segundo día los secuestradores  negaron el agua a sus rehenes, incluso a los niños, a pesar del calor. En circunstancias mal definidas, el tercer día, las explosiones y disparos dieron como resultado no sólo la liquidación del comando, con la curiosa excepción de uno de sus miembros cuyas declaraciones posteriores a la televisión avalaron la versión oficial del Kremlin, sino sobretodo también una masacre en la que perecieron más de 350 de niños y trabajadores osetios y quedaron heridos unos setecientos, según cifras oficiales cuestionadas por varios testigos de la zona.

 

Esta atrocidad es ante todo la consecuencia de la ocupación militar de Chechenia, con el apoyo de todas las potencias imperialistas, por el ejército del reinstaurado estado burgués granruso. Pero también es el producto del carácter reaccionario del nacionalismo checheno, en particular de las tendencias nacidas y alimentadas al calor de la intervención del imperialismo USA en el Cáucaso después de Afganistán, imperialismo que ha sido el verdadero incentivador y financiador de este terrorismo islamista antiobrero. Estas tendencias reproducen, a su escala, la barbarie del poder granruso al ser, en buena medida también, un subproducto de las fuerzas reaccionarias en que se apoyó el proceso de reinstauración capitalista en la URSS.

 

La Rusia capitalista es una máquina de destrucción de conquistas obreras, una fábrica de pobreza y cárcel de pueblos

 

El caldo de cultivo para la aparición de tales gentes no es necesario buscarlo muy lejos: basta con cruzar la frontera. El origen de tales abominaciones es la opresión nacional del pueblo checheno por la nueva burguesía rusa producto de la restauración del capitalismo, llevada a cabo por la burocracia privilegiada que usurpaba el poder de la clase obrera desde la década de los años 1920. El nuevo Estado capitalista ruso, dirigido sucesivamente por Boris Yeltsin y Vladimir Putin, ha retomado la bandera de los zares y reinstaraudo la Iglesia cristiana ortodoxa como religión de estado. Este estado, por su naturaleza de reinstaurador del capitalismo, ha tenido que reforzar y profundizar la negación stalinista del derecho de autodeterminación y , así, ha vuelto a situar la cuestión nacional en Rusia en el mismo lugar en que la situó el zarismo.

 

En la vecina Ingushetia, desde hace muchos meses, los escuadrones de la muerte del gobierno de Mourat Ziázikov, un próximo a Putin y como él antiguo oficial de los servicios secretos rusos (FSB), multiplican los secuestros de civiles.  Memorial, una organización rusa de derechos humanos, ha registrado 50 secuestros desde enero de 2003 hasta julio de 2004.

 

Algunos días antes del secuestro, la prensa titulaba: “Martirizada durante diez años, abandonada por los más afortunados, Grozni se resigna a sufrir la “elección” presidencial” (Le Monde, 29/09/04). Pero el segundo titular del mismo diario era aún más terrible: “la picana parece haberse convertido en el instrumento central de la caza al “terrorista”.  De 1994 a 1996, y de nuevo a partir de 1999, el ejército federal ruso, sus cipayos locales y los servicios secretos ocupan Chechenia, pisotean todos los derechos de la población, arrestan, violan, torturan y ejecutan. La corrupción y el bandidismo campan a sus anchas, 3.500 millones de dólares que el gobierno ruso destina a la ‘reconstrucción’ de Chechenia desaparecen anualmente en el fango.  El país está exangüe, la capital Grozni en ruinas. Los cuarteles han reemplazado a las fábricas, los traficantes y los escuadrones de la muerte han substituido a los profesores y médicos.

 

Desde el comienzo de la guerra contra Chechenia, se han producido alrededor de 250.000 muertos y 500.000 refugiados y desplazados según diversas fuentes. Oficialmente el 54% de la población activa, registrada, está en paro. En este pequeño territorio de 17.300 kilómetros cuadrados, la población alcanzaba el millón cien mil personas antes de las dos guerras llevadas a cabo por Rusia. Ahora la población se evalúa en medio millón. En un año, 37.000 habitantes han solicitado asilo oficialmente en Europa del oeste o en Estados Unidos.

 

Por su parte, en Rusia las desigualdades sociales son la tarjeta de presentación del capitalismo reinstaurado: el 28% de población cuenta con recursos por debajo del nivel de subsistencia; en el año 2002 el 10% de los rusos más ricos recibían el 30% de la renta frente al 2% de ésta que llegaba al 10% de los más pobres. Si los cheques de privatización, entregados a los obreros en los años noventa, no les convirtió en empresarios, sí que sirvió para convertirlos o en parados o para aumentar su explotación, además de para la compra a precio de saldo de empresas rentables por los nuevos burgueses. Más recientemente, en el campo, y gracias a la Ley de Compraventa de Tierras que entró en vigor el pasado año, se están creando enormes latifundios y los miembros de los koljoses y sovjoses están pasando a engrosar las filas de los jornaleros, del proletariado campesino.

 

Las autoridades rusas mintieron sobre el número de rehenes, ocultaron las reivindicaciones del comando, censuraron la difusión de imágenes del enfrentamiento, impidieron a los periodistas estar presentes en el lugar de los hechos. Dos periodistas, reconocidos por su independencia, intentaron llegar a Beslan: el 2 de septiembre, Andreï Babitsky fue detenido en el aeropuerto y, el mismo día, Anna Politkovslaïa fue víctima de un envenenamiento. El proletariado y la juventud rusa sufren las consecuencias de este conflicto: los gastos militares gravan el presupuesto, los servicios secretos y el ejército están hipertrofiados,  reina la censura. De entre los centenares de miles de conscriptos que han servido en Chechenia, muchos de ellos han acabado como invalidos, alcohólicos, criminales o policías practicando la violencia contra la población.

 

Todos los estados que ejercen el terrorismo contra las masas son complices de la opresión del pueblo checheno

 

Si la nueva burguesía rusa, salida de las filas de los burócratas y mafiosos, tiene ‘sueños’ de gran potencia, estos sueños nacen de la necesidad de mantener el control sobre las materias primas.  Un gran oleoducto pasa por Chechenia. Las reservas petrolíferas chechenas están cifradas, por el Ministerio ruso de Energía, en 800 millones de toneladas. La extracción del crudo checheno sigue en manos de la petrolera estatal Grozneftegaz que tiene previsto llegar este año a 1,9 millones de toneladas. En Rusia el PIB creció, el pasado año y según datos oficiales, un 7,3% y ello empujado sobretodo por el crecimiento de un 14% en la exportación de petróleo. La exportación de hidrocarburos supone el 40% de las divisas que ingresa Rusia. Por ello la nueva burguesía rusa debe intentar mantener su dominación sobre el Este y el Sur del territorio, con menosprecio hacia las numerosas minorías nacionales.

 

Más aún cuando las viejas potencias imperialistas le disputan los despojos de la antigua URSS. Así, los estados imperialistas de Europa han atraído hacia su Unión Europea a los antiguos países del glacis occidental de la URSS. Los Estados Unidos, por su parte, los han acogido en el seno de la OTAN. El ejército estadounidense ocupa, con los imperialismos europeos, Afganistán y ha conseguido implantar una base militar en Georgia. El gobierno de Putin aprovecha la masacre de Beslán para avanzar en su intento de reaccionar ante esta situación. El presidente Putin ha propagado a los cuatro vientos, tras los sucesos de Beslán, que Rusia se reserva el derecho a la guerra preventiva preparándose para lanzar ataques, “respetando el derecho internacional”. Estas declaraciones, presentadas en la prensa como novedosas, no lo son tanto: el año pasado el Ministerio de Defensa ruso presentó el documento Tareas actuales del desarrollo de las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa sobre el que el diario madrileño El País decía “En él, por primera vez, Rusia formula conceptualmente la idea del ataque preventivo de carácter no nuclear.” (4/10/03)

 

Todos aprueban la opresión de la nación chechena por el estado ruso. El presidente Chirac, y el canciller socialdemócrata Schröder, se desplazaron para felicitar a Putin tras la parodia de elecciones presidenciales en Chechenia el 29 de septiembre. Igual que el laborista Blair, aseguraron a Putin su apoyo tras la masacre. Bush, el verdugo de los pueblos de Irak y su aliado Sharon, el mismo verdugo del pueblo árabe de Palestina, han manifestado también abiertamente su apoyo a Putin, el perseguidor del pueblo chechenio. Tras la masacre, el estado sionista, especializado desde su misma fundación en el terrorismo a gran escala contra los palestinos, ha propuesto al estado ruso que aterroriza al pueblo checheno el refuerzo de su cooperación... “contra el terrorismo”.

 

Para abrir una salida, el proletariado debe defender los derechos de las minorías nacionales y encabezar la lucha del pueblo checheno

 

La resistencia chechena está actualmente dirigida por nacionalistas cuyo objetivo es constituir un estado capitalista independiente, xenófobo y clerical, que garantice la propiedad privada, los privilegios del clero musulmán, la explotación de los trabajadores de las ciudades y del campo, la opresión de las mujeres y de la juventud. Pero la independencia de tal estado sería profundamente ilusoria : una pequeña Chechenia capitalista, atrasada, sería una semicolonia bajo el dominio de un país vecino o de una potencia imperialista.

 

Desde ahora, la política de los nacionalistas pequeñoburgueses es una catástrofe, sobretodo para los mismos chechenos. Se muestran incapaces de luchar eficazmente contra Putin pues rechazan el llamamiento a la movilización de la fuerza social más preparada para debilitar el estado ruso y para destruirlo, a saber: los trabajadores, ya sean rusos o chechenos, osetios o ingushes. Todo lo contrario, esta dirección procapitalista de la resistencia ataca hospitales (junio de 1995, enero de 1996), bloques de viviendas populares (septiembre de 1999), teatros y conciertos (octubre de 2002 y julio de 2003), el Metro (diciembre de 2003, febrero de 2004), aviones civiles (agosto de 2004) y, para acabar, escuelas (septiembre de 2004). Estos actos archirreaccionarios, antiobreros, dividen a los trabajadores, debilitan la causa del pueblo checheno, refuerzan a la burguesía explotadora del proletariado de toda Rusia y su estado, pilar del orden mundial y opresora de numerosos pueblos en sus fronteras. Por otra parte, Putin ha usado el secuestro como pretexto para reforzar las fuerzas de represión y disminuir la autonomía de las regiones.

 

Para que los pueblos del Cáucaso y de toda Rusia puedan coexistir y colaborar es necesario volver a la laicidad, separando el estado de la Iglesia Ortodoxa; es necesario reconocer a todos los pueblos la igualdad más total, incluida la del derecho de las minorías nacionales a separarse de Rusia. En el caso de Chechenia, tras dos guerras llevadas a cabo por el ejército ruso y tras años de terrible ocupación militar y opresión nacional, la independencia es el único medio de reconciliar al pueblo ruso con el pueblo chechenio. La lucha por la independencia política de Chechenia debe ser asumida también por los trabajadores de nacionalidad rusa. En el caso de todos los pueblos sojuzgados por el estado ruso, el proletariado sólo podrá unir sus filas y retomar el camino de Octubre de  1917 abanderando, entre otras, la lucha por el reconocimiento del derecho de autodeterminación, que incluye el derecho de las minorías nacionales a la separación.

 

Para una revolución proletaria en el Cáucaso y en toda Rusia es necesario volver al bolchevismo

 

En toda la República de Rusia es indispensable que los trabajadores avanzados se reagrupen, reconstituyen su propio partido, liquidado antaño por Stalin. Tal partido sólo puede construirse en unión con los verdaderos comunistas del mundo entero, bajo el programa de Marx y Engels, Lenin y Trotsky. Sólo la clase obrera, expropiando al gran capital y ejerciendo el poder político mediante un gobierno obrero, reunirá las condiciones económicas, sociales y políticas suficientes para resolver la ‘cuestión nacional’ a favor de las necesidades y derechos de las más amplias masas. Sólo un partido bolchevique, un partido obrero revolucionario e internacionalista, será capaz de garantizar la plena realización de las tareas a que se enfrentan la clase obrera y la juventud de Rusia y Chechenia abriendo la vía del socialismo en el mundo entero.

 

¡Independencia incondicional de Chechenia! ¡Abajo Putin y la burguesía rusa!

 

 

¡Gobierno obrero y campesino en Chechenia! ¡Federación de Repúblicas obreras y campesinas del Cáucaso!

¡Por un partido obrero revolucionario de toda Rusia!

¡Expropiación de la nueva burguesía en Rusia! ¡Gobierno obrero en Rusia!

 

 

6 de noviembre de 2004

Colectivo Revolución Permanente